Fascismo y confusión

El fascismo ya no es el de la década de los 30. Es un fascismo que ya no necesita de la fuerza de las armas o la represión para imponerse.

Por Lucio Martínez Pereda | 26/02/2025

Pues claro que hay un avance del fascismo.

Lo imprescindible para luchar contra ese avance es ponerle su nombre y no blanquearlo con conceptos como “populismo” o “ i-liberalismo”. El avance se hace desde dentro de la propia democracia, sirviéndose de sus oportunidades y debilidades, como ya se hizo en 1933. La derrota de los fascismos en 1945 parecía haber vacunado definitivamente a Europa y protegerla de su vuelta. Pero ahora sabemos que esa vacuna tenía su fecha de caducidad ante un virus que ha mutado y ahora no se presenta con desfiles de milicias en las calles y grandes concentraciones de masas.

El fascismo ya no es el de la década de los 30. Es un fascismo que ya no necesita de la fuerza de las armas o la represión para imponerse. Esta vez quiere llegar al poder con las urnas, aprovechando los derechos de la democracia.

Los fascismos no avisan, niegan su condición y se camuflan bajo el discurso del respeto a la ley. Saben que cuando lleguen al poder la pueden cambiar. El nuevo fascismo habla una neolengua alejada del tradicional lenguaje del totalitarismo, una neolengua diseñada con los conceptos políticos del viejo liberalismo: enfatizan la palabra libertad.

Se han encontrado una democracia debilitada, llena de contradicciones, un poder corrupto y una ciudadanía desesperanzada: si les dejamos sabrán terminar con ella.

Este fascismo no viene con correajes y desfiles. Saben lo que hay que hacer: han aprendido a disfrazarse y a confundir. Y ahí está el problema. Al votante, ahora, le cuesta mucho concebir que quienes están participando en el juego democrático, en realidad lo hagan para acabar con él.

2 Comments

  1. Tienen puesto un velo que impiden que se les vea realmente lo que son.
    Al mismo tiempo, ponen otro velo a las masas qu les impiden ver la realidad social.
    Su intención siempre será desprestigiar a los contrarios, descabezar la dirección de los partidos contrarios de forma machacona y persistente.
    Harán alianzas con sus homólogos para cambiar las leyes y todo por un bien mayor.
    Espurias mentiras y viles mentes están acechando las brechas de la democracia.

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