Elecciones performance en Portugal

Sin un candidato con un programa popular, no había nada que discutir. La burguesía acudió a las elecciones con la victoria asegurada y facilitada.

Por António Barata / Bandeira Vermelha

Más de 6,6 millones de portugueses, no reconociéndose en los candidatos, no encontraron razones para votar o desplazarse a una mesa electoral para votar blanco o nulo. Este es el principal hecho político de estas elecciones –el descrédito y el vacío político e ideológico de la llamada “clase política” y de su sistema.

Como se esperaba, Marcelo ganó holgadamente y sin brillo, consiguiendo la reelección en la primera vuelta. Más por demérito de sus adversarios que por mérito propio. En unas elecciones, que fueron más una performance que otra cosa, en que la falta de ideas y propuestas políticas de los candidatos se refugiaban en la demagogia o hablaban de nada, y el combate a la extrema derecha se dejó por los juicios morales y el respeto por la legalidad constitucional, ninguno de ellos, ni los partidos que los apoyaban, tuvieron razones para festejar (a excepción de la extrema derecha).

En las elecciones presidenciales con menos interés después del 25 de Abril, ganó la abstención –más del 60% (6.601.655) de los electores ignoraron el acto-. Lo que pasó con el voto real –relativo al número de elecc¡tores inscritos– en cada uno de los candidatos, en porcentaje, sea menos de la mitad de lo divulgado, más del 60% de los votos recogidos por Marcelo, en realidad, corresponden al 30% de los votantes inscritos –o sea, solo 3 de cada 10 electores lo eligieron.

Por tercera vez desde el 25 de Abril, más de la mitad de los votantes no votaron (un 4,6% más que en las elecciones presidenciales de 2016). Fueron más de 6,6 millones de portugueses con derecho a voto que, sin reconocerse en ninguno de los candidatos ni sentirse movilizados por esta disputa electoral, no encontraron motivo para votar o acudir a una mesa electoral a votar en blanco o anular su papeleta. Este es el primer y más importante hecho político de estas elecciones: el descrédito y el vacío político e ideológico de la llamada «clase política». Y no es porque sea ignorado por la mayoría de partidos, comentaristas y medios de comunicación, que la crisis y el descrédito que vive el sistema político-partidario y parlamentario deja de existir.

Igualmente previsible, la derrota de los candidatos de la izquierda socialdemócrata (ala izquierda del PS, BE y PCP), que vieron esfumarse 825.666 votos de 2016 a 2021 (Ana Gomes – 520.028 menos Sampaio da Nóvoa; Marisa Matias / BE – menos 303.683; João Ferreira / PCP – menos 1.949 en comparación con Edgar Silva). Una derrota fácil de entender para quienes no tienen su discernimiento empañado por el oportunismo – qué crédito tienen los candidatos que a veces apoyan al gobierno, a veces quieren ser oposición (ya decía Lenín, respecto a la Internacional dos y medio, que quien quiera sentarse en dos sillas al mismo tiempo, corre el riesgo de caer al suelo).

Sin un candidato con un programa popular, no había nada que discutir. La burguesía acudió a las elecciones con la victoria asegurada y facilitada. La mediocridad de los candidatos era tal que no era posible ver un rasgo, una idea, más allá de la retórica suave y generalizada sobre nada. En lugar de ideas y alternativas políticas para combatir la crisis económica y pandémica, el desempleo, el aumento de la miseria, la impunidad de los racistas y de las fuerzas del orden, el machismo imperante en los tribunales, que se evidencia en varios fallos sobre violación y violencia contra la mujer, lo mejor que tuvimos fue la locura del candidato BE sobre el Servicio Nacional de Salud, y la promesa del candidato del PCP de que haría cumplir la constitución, elevada a la categoría de panacea para todos los males.

Luego nada, entre sonrisas y sin ninguna voluntad de disputar o demarcar lo que fuera entre ellos y Marcelo. Solo Chega discrepó, canalizando así los votos del CDS y parte del PSD hacia la extrema derecha, y la simpatía de algún electorado pobre y desilusionado que, con razón, mira al sistema democrático como un lugar que utilizan los ricos y poderosos, para su propio beneficio y de los intereses a los que sirven, los dineros públicos distribuyen “potes” e intercambian favores, sin dejar nada para los de abajo.

¿QUE DEBERÍA DEFENDER UN CANDIDATO DE IZQUIERDA?

Al contrario de lo que defiende mucho de comentarista y analista político, Chega no se alimenta solo de los anhelantes alborotadores y trogloditas de Salazar que crecieron en el CDS y PSD, por falta de un lugar mejor para acogerse, y que ahora encontraran un partido a la medida de sus ideales. La extrema derecha, que ahora empieza a organizarse de nuevas formas, distintas a las de las bandas de clubbers y hooligans de skins y aficionados al fútbol, ​​cosecha principalmente la simpatía y el voto de una parte de los marginados por el régimen actual, que se sienten ignorados, abandonados y tratados como personas que no cuentan, que sobreviven con pensiones de miseria y se sienten humilladas por tener que recurrir a la caridad institucionalizada para comer, vestirse, tener atención médica (cuando la tienen), y no encuentran en las propuestas desde la izquierda cualquier solución a sus problemas. En otras palabras, crece donde está ausente la izquierda revolucionaria y anticapitalista.

Ciertamente, algo sería diferente si en estas elecciones hubiera aparecido una candidatura de ruptura con el sistema, por la izquierda. No porque tal candidato tuviera alguna posibilidad de ser elegido, sino porque daría a conocer una propuesta disruptiva antisistema y anticapitalista, tanto con los partidos del bloque central y del reformismo socialdemócrata y liberal, como con la extrema derecha.  Un candidato presidencial que, por ejemplo, dijera que tomaría como primer paso la disolución de la Asamblea de la República, comprometiéndose a no dar paso a un gobierno que no echara a la basura las imposiciones europeas en materia de presupuesto, gasto y déficit del Estado,  y que en su sustitución  presentase un programa de gobierno que dictase el juicio de los responsables de la crisis de 2007, las quiebras y fraudes bancarios, el continuo drenaje de capitales a los paraísos fiscales, la lucha contra la economía sumergida y el uso de puestos del Estado como trampolín para ocupar altos cargos en empresas públicas y privadas, o para los altos y rentables puestos en la Unión Europea; la reposición de derechos y salarios, el aumento de las pensiones, reformas y subsidios por valores que no condenan a los trabajadores a la pobreza; la creación de un techo máximo para el valor de las reformas y la prohibición de la acumulación de varias; la imposición de un sistema tributario progresivo, para que los ricos contribuyan más que los trabajadores y los pobres; la creación de mecanismos que garanticen una distribución más equilibrada de la riqueza y la reducción de la obscena brecha que separa a los más ricos de los más pobres; la defensa de la salida de Portugal de la OTAN y el regreso de los contingentes militares portugueses que luchan al servicio de los intereses de potencias extranjeras, como Francia, al servicio de la ONU o no.

Articulo original en portugués:

Eleição pró-forma

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