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La resistencia armada ha dejado de ser una opción entre otras para convertirse en una necesidad existencial. La única alternativa real a la misma sería la lenta desintegración del pueblo saharaui como sujeto político, reducido a una mera identidad cultural folclórica, desprovista de proyecto nacional.
Por Héctor Bujari Santorum | 19/11/2025
La reciente resolución del Consejo de Seguridad de la ONU marca un punto de inflexión en el conflicto del Sahara Occidental. Por primera vez, el órgano insta explícitamente a negociar “tomando como base” la propuesta marroquí. Sin embargo, el verdadero avance para Marruecos no reside solo en esa mención, sino en que el Consejo reconozca que “la genuina autonomía podría representar el resultado más viable”.
La verdadera victoria de Marruecos en la ONU no es territorial, sino jurídica: socavar los pilares del derecho internacional que han sustentado el proceso durante décadas. Esta declaración sienta un grave precedente.
Es importante señalar que la resolución no recoge explícitamente la Propuesta Ampliada enviada por el Frente Polisario, lo cual es un síntoma del desequilibrio frente al que nos encontramos.
Un resultado ambiguo: una derrota gestionada
El punto clave aquí es que Estados Unidos y Francia no han podido imponer plenamente su borrador inicial. La necesidad de negociar y suavizar el lenguaje para evitar un veto, particularmente de China y Rusia, tensionó el Consejo de Seguridad hasta el extremo y puso en riesgo real la continuidad de la MINURSO. Al final, los patrocinadores de la postura marroquí avanzaron algo, sí, pero no consiguieron la victoria rotunda que buscaban. La resolución es, por tanto, frágil.
Esta fragilidad fue confirmada por el Enviado Personal del Secretario General,
Staffan de Mistura, en su rueda de prensa del 7 de noviembre. Si bien calificó la Resolución 2797 como “significativa” por demostrar una “energía internacional renovada”, sus declaraciones contenían un mensaje explosivo. De Mistura confirmó de facto que la propuesta marroquí de autonomía de 2007 carece de credibilidad y está obsoleta, al revelar que se ha solicitado oficialmente a Marruecos una nueva versión «actualizada y ampliada».
Sus palabras fueron: “Esperamos con interés conocer el contenido de un plan de autonomía ampliado y actualizado por parte de Marruecos, tal como se ha solicitado”. Esto supone un revés para la diplomacia marroquí, que siempre ha presentado su plan de 2007 como inmejorable.
La geopolítica del voto: abstenciones significativas y victoria pírrica
El proceso que condujo a esta resolución revela las tensiones geopolíticas subyacentes. Según información que publiqué el 25 de octubre, tanto Rusia como China mantuvieron la posición de vetar el primer borrador que fue filtrado a la prensa. Sus dos abstenciones finales confirman esa información.
La postura rusa no es novedosa. De no haberse admitido cambios en el borrador filtrado a prensa, este hubiese sido vetado. Rusia advierte a Estados Unidos que esta resolución en lugar de «solucionar» el conflicto puede llevar a su agravamiento.
La china, sin embargo, sí lo es: es la primera vez que se abstienen desde 2018. Esta postura es sumamente interesante y, como señala Carlos Ruiz Miguel, una posibilidad es que China no quisiera darle una victoria diplomática a Trump.
Así mismo se ha expresado tanto en el caso ruso como el chino una crítica al “desbalance del texto”.
En este punto sigo explícitamente el análisis de Carlos Ruiz Miguel, con el cual coincido. Según su lectura, el triángulo de disidencia lo completa Pakistán, que previsiblemente evita apoyar una resolución que pudiera sentar un precedente aplicable a Cachemira.
Asimismo —y de nuevo siguiendo la interpretación de Ruiz Miguel, que comparto— resulta llamativo que los tres países que optaron por la abstención sean potencias nucleares. Esto podría reflejar el mayor margen de maniobra que su estatus estratégico les otorga frente a presiones externas.
Por otro lado, la contradicción llega al extremo en el bando de los que votaron a favor. Grecia, Panamá, Dinamarca y Eslovenia dieron explicaciones de voto incompatibles con un apoyo a la resolución.
Sáhara Occidental – Consejo de Seguridad, 10030ª sesión
Eslovenia
“Agradecemos a Estados Unidos y a los miembros del Consejo su constructiva participación durante las negociaciones. Eslovenia votó a favor de la resolución presentada hoy; lo hicimos gracias a nuestro firme apoyo a la MINURSO y al papel de las Naciones Unidas. Creemos que la MINURSO es una presencia fundamental para la estabilización y celebramos que su mandato haya sido renovado por un año más.
También hemos apoyado el texto porque, como hemos visto, existe la necesidad y la oportunidad de avanzar hacia progresos tangibles ahora que nos acercamos rápidamente al 50.º aniversario del conflicto. Celebramos todos los esfuerzos por reunir a las partes y por dar el pistoletazo de salida a este proceso, en el que todas participan en pie de igualdad, y por tener en cuenta las propuestas y contribuciones de todas ellas.
De cara al futuro, ofrecemos nuestro apoyo al Enviado Especial De Mistura y al Representante Especial Ivanko, así como a todos los agentes clave que tienen previsto sacar adelante este proceso para lograr la paz, la estabilidad y la prosperidad para la región y su población.
Señor Presidente, en lo que respecta al Sáhara Occidental, la posición de Eslovenia sigue siendo la misma: apoyo a una solución justa, duradera y mutuamente aceptable, que contemple la libre determinación del pueblo saharaui. El derecho a la libre determinación, o en pocas palabras, la libertad de elegir por sí mismo —que está reconocido en la Carta de las Naciones Unidas—, es un derecho que no se le puede quitar a ningún pueblo, ni al Consejo de Seguridad ni a los Estados Miembros. Celebramos que este derecho quede garantizado en la resolución aprobada hoy.
También tenemos claro que no interpretamos el texto aprobado como una decisión sobre la soberanía. El Sáhara Occidental sigue siendo considerado un territorio no autónomo. Esperábamos que esta resolución pudiera lograr consenso para organizar conversaciones de cara al mayor éxito posible.
Agradecemos que, a lo largo de las negociaciones, el texto haya ido evolucionando y mejorando, y que se hayan tenido en cuenta algunas preocupaciones, si bien al final no fuera en la medida en que reflejara la totalidad de las posiciones de los miembros.
Aunque no ha sido posible lograr una adopción consensuada, esperamos sinceramente que aún se puedan llevar a cabo avances en la vía política. Animamos a las partes a que participen de buena fe y con una mentalidad abierta, y que presenten todas las ideas y sugerencias que puedan apoyar una solución definitiva y mutuamente aceptable.”
República de Corea
“Gracias, señor Presidente. Gracias a Estados Unidos, como redactor de esta resolución, en su empeño en la preparación de esta resolución y por las consultas previas. La República de Corea ha votado a favor de esta misión, que renueva el mandato de la MINURSO. Como país contribuyente de tropas a la MINURSO desde 2009, nuestro apoyo a esta resolución principalmente se desprende de nuestra creencia en la importancia de mantener esta operación, que mantiene un papel vital en la promoción de la paz y la seguridad en la región.
Al mismo tiempo, reconocemos que ha habido visiones divergentes en los diferentes aspectos políticos de la cuestión del Sáhara Occidental. La posición de la República de Corea sigue invariable y es que la cuestión debe resolverse a través de una solución duradera y de aceptación mutua a través del diálogo con las partes y dentro del marco de las Naciones Unidas.
Esperamos que esta resolución inste a las partes a implicarse de buena fe en las negociaciones. Tal y como indicaron los miembros del Consejo durante las consultas, esta resolución no debe interpretarse como que se anticipa el resultado de las negociaciones. Queremos conseguir una paz y prosperidad para el pueblo del Sáhara Occidental.”
Dinamarca
“Dinamarca ha votado a favor de prorrogar el mandato de la MINURSO. Lo hemos hecho reconociendo el importante papel de la MINURSO y la prórroga de 12 meses. El Secretario General ha hecho hincapié en cómo han pasado ya 5 años desde la reanudación de las hostilidades, lo cual sigue exponiendo un mayor riesgo de escalada en toda la región.
Sobre la supervisión y la investigación, los informes independientes que tanto hacen falta en este contexto, a tal fin, la MINURSO ha desempeñado un papel esencial. Mientras intentamos revitalizar el proceso político congelado desde hace ya demasiado tiempo, la presencia de la MINURSO sobre el terreno es también un habilitador y capacitador en apoyo a los esfuerzos de mediación del Representante Especial.
Quiero reafirmar, señor Presidente, nuestro pleno apoyo al proceso de Naciones Unidas y al Enviado Especial, el señor De Mistura, en su empeño por lograr una solución aceptable al conflicto. De conformidad con las resoluciones del Consejo, Dinamarca, en este sentido, considera que el plan de autonomía presentado por Marruecos en 2007 es una contribución fidedigna y verosímil al proceso y una buena contribución a la solución prevista por las partes.
Nuestra votación a favor hoy no constituye un reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, y cualquier solución tendrá que acordarse entre las partes y de conformidad con la Carta de Naciones Unidas y sus principios, incluido el derecho a la libre determinación.
Queremos dar las gracias al redactor de la resolución por la flexibilidad mostrada en el proceso de negociación, si bien la presentación de los parámetros del proceso político podría haber estado algo más equilibrada. También queremos dar las gracias a todos los que se han implicado para resolver este conflicto; gracias por su empeño.
Instamos a las partes en el conflicto a que participen de manera constructiva y de buena fe en las negociaciones, con vistas a lograr una solución mutuamente aceptable. Y ahora no podemos escatimar esfuerzos en nuestra búsqueda de una resolución pacífica al conflicto, y es que, después de 50 años de división y sufrimiento, ya no solo es necesario, sino que ya se espera desde hace largo tiempo.”
Guyana
Gracias, señor Presidente. Guyana ve con buenos ojos la renovación del mandato de la
MINURSO por otro año. La presencia de la MINURSO es vital para mantener la paz y la estabilidad en la región del Sáhara Occidental y para impedir que se recrudezcan aún más las hostilidades. La supervisión, investigación y enlace con las partes también hace que sea la principal fuente de información imparcial para las Naciones Unidas, el Secretario General y el Consejo de Seguridad.
En cuanto a la evolución de la situación en este territorio, su presencia estabilizadora es necesaria en este momento crucial del proceso político. Guyana, asimismo, hace hincapié en cuán importante es que las partes respeten el alto el fuego, tal y como se afirma en la resolución que se acaba de aprobar.
Damos las gracias a los Estados Unidos por la realización transparente de las negociaciones y por sus esfuerzos por mejorar el texto y, efectivamente, por hacer avanzar el proceso político. Guyana alberga la esperanza de que, tras la aprobación de esta resolución, las dos partes den muestras de la buena fe necesaria para las negociaciones y cooperen plenamente con el Secretario General, su Enviada Personal y la MINURSO mutuamente. Y que demuestren la voluntad política necesaria para lograr una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable, que contemple la libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental.
El Secretario General y su Enviado Especial cuentan con todo nuestro apoyo en la facilitación de los contactos entre las partes, y alentamos a los países vecinos y otros países interesados a que aporten un apoyo constructivo.
Panamá
“Presidente, agradecemos a los Estados Unidos, como redactores de esta resolución, por sus esfuerzos en avanzar el proceso político, así como su disposición flexible en el proceso de redacción del proyecto de resolución al intentar, en la medida de lo factible, reconciliar posiciones para mejorarlo.
Panamá ha votado a favor de esta resolución al considerar que representa un paso equilibrado y constructivo hacia el fortalecimiento de los esfuerzos por alcanzar una solución política, pacífica, duradera y mutuamente aceptable a la cuestión del Sáhara Occidental. Panamá reafirma su compromiso con los principios fundamentales de la Carta de Naciones Unidas, el derecho internacional y el multilateralismo. Estos principios guían nuestra acción diplomática y reflejan nuestros valores: la defensa de la soberanía, el respeto mutuo a los Estados y, especialmente, el derecho de los pueblos a la libre determinación.
Como país que ha vivido su propia historia de lucha por ejercer ese derecho, Panamá comprende profundamente lo que representa para un pueblo poder decidir su destino. Panamá reconoce los esfuerzos de Marruecos y considera que el plan de autonomía presentado en 2007 constituye una solución apta para avanzar hacia una solución duradera. Reafirmamos que toda solución debe partir del diálogo, el compromiso y el respeto a los principios del derecho internacional.
Panamá hace un llamado a todas las partes —Marruecos, el Frente Polisario y los Estados que comparten fronteras— a reanudar las negociaciones de buena fe bajo los auspicios del Enviado Personal y el Secretario General de las Naciones Unidas. Valoramos el trabajo de la Misión de las Naciones Unidas para el REFERÉNDUM (hace énfasis al pronunciar esta palabra) en el Sáhara Occidental, como presencia estabilizadora y mecanismo neutral de monitoreo del alto el fuego. Su trabajo sigue siendo esencial para mantener condiciones estables sobre el terreno y generar las condiciones necesarias para el avance del diálogo político.
En ese sentido, saludamos que esta resolución renueve el mandato de la MINURSO por un año, término que hemos apoyado conforme a las recomendaciones del Secretario General y del Enviado Personal. Presidente, consideramos que este plazo ofrece un mayor marco de tiempo para consolidar avances, consolidar la presencia de la misión y favorecer el proceso político sostenido que debemos seguir monitoreando desde este Consejo.
Finalmente, Panamá reitera su respaldo a la misión, así como su compromiso de seguir trabajando constructivamente con los miembros de este Consejo y con las partes interesadas en favor de una paz justa, duradera y mutuamente aceptable, basada en el diálogo, la cooperación y el respeto al principio de la libre determinación.
Muchas gracias.”
Mientras estos países intentaban limitar el daño con matices jurídicos vía discurso, el rey Mohamed VI pronunciaba un discurso al pueblo marroquí presentando la resolución como una victoria final.
Es cierto que la resolución deja abierta la puerta a presentar otras propuestas —un aspecto positivo— y que menciona el derecho a la autodeterminación. No obstante, esta mención se realiza en un contexto que la vacía de contenido. El derecho a la autodeterminación emana de la jurisprudencia previa, entre esta jurisprudencia se encuentra el dictamen consultivo de la Corte Internacional de Justicia de 1975.
Ignorarlo supone desmantelar el orden jurídico internacional. Ello tendría consecuencias más allá del Sáhara Occidental, riego que no están dispuestos a asumir por el momento.
Lo que persiguen Francia y Estados Unidos es avalar la anexión, no pueden hacerlo de manera directa sin violar abiertamente el derecho internacional.
Surgen aquí contradicciones insalvables: se pide negociar un plan, el marroquí, que niega explícitamente la autodeterminación, mientras se afirma defenderla.
Otro punto contradictorio e insalvable. Hablan de una solución política mutuamente aceptable, algo político. Luego añaden la autodeterminación, que es por la elección del pueblo.
Introducen la frase “negociaciones sin condiciones previas” un error del pasado. Porque no es posible negociar sin condiciones previas, porque el proceso esta condicionado. Mientras dicen eso, añaden “tomen como base la propuesta marroquí”. Eso en sí mismo es una condición previa.
A esto se suma la renovación de la MINURSO, una misión creada específicamente para implementar el Plan de Arreglo y el referéndum, en un momento en que se impulsan negociaciones que nada tienen que ver con dicho Plan.
La resolución es un despropósito, que no conduce a ningún sitio.
Un punto a destacar es la actitud de Panamá, lo que una vez más nos muestra las malas prácticas de la diplomacia saharaui. No hemos sido capaces de mantener este apoyo vital; han roto relaciones diplomáticas con la RASD y todavía no nos han soltado totalmente la mano. Resulta curioso, como en el caso palestino, que se apela al reconocimiento del Estado palestino para equilibrar la balanza negociadora; en el caso saharaui es lo contrario: retirar las relaciones diplomáticas y reducir la vía saharaui. Esperar la resolución para reconocer un hipotético Estado saharaui, que ya existe, es un error, porque es darle las llaves al ocupante.
La guerra psicológica: el pánico como arma y la resistencia moral
Paralelamente a las tensas negociaciones en el Consejo de Seguridad, se libró una batalla más sutil pero igual de intensa en el terreno de la percepción. Durante las semanas previas a la votación, se orquestó una eficaz campaña de guerra psicológica destinada a generar en el pueblo saharaui la sensación de que se avecinaba un golpe mortal, un «tiro de gracia» definitivo a la causa.
Los medios internacionales, con su inmenso poder amplificador, sembraron el pánico al dar por hecha la aprobación del primer borrador –el más favorable a Marruecos– como si fuera un hecho consumado. El efecto en la población fue devastador y tangible. Esta operación buscaba desmoralizar y dañar; su objetivo último era quebrar la voluntad de resistencia.
El impacto de esta campaña tuvo una consecuencia directa y personal: la necesidad de ejercer de dique contra la desinformación.
Tuve que explicar lo sucedido a mucha gente, desmontar pieza a pieza el relato catastrofista y traducir la fría letra pequeña de la diplomacia a un lenguaje de esperanza y resistencia. La demanda era abrumadora porque el pánico lo había sido aún más.
La gente lloraba, no por una derrota real, sino porque creían que les estaban arrancando su vida, su lucha, su moral. Lo que se estaba planteando era que los sacrificios de 3 vidas, las de los abuelos, los padres y los hijos, habían caído en un saco vacío de intereses foráneos. Maltrato psicológico.
Lo que los patrocinadores de esta guerra psicológica no alcanzaron a comprender es que, una afrenta tan flagrante no genera sumisión, sino resistencia.
El vacío diplomático y la paradoja de las victorias jurídicas
El estancamiento diplomático de la RASD es palpable. El último reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) por un estado miembro de la ONU se remonta a Sudán del Sur en 2011, lo que evidencia una grave sequía en la expansión del apoyo diplomático.
Paralelamente, se vive una paradoja frustrante en el plano jurídico. Se han obtenido victorias significativas, como las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), que han dejado claro que los acuerdos entre la UE y Marruecos no son aplicables al Sahara Occidental sin el consentimiento del pueblo saharaui.
Sin embargo, estas victorias se diluyen en la práctica. La Comisión Europea, ha armado nuevos acuerdos con Marruecos que incluyen al territorio, buscando vaciar de contenido las propias sentencias. De poco sirve ganar en los tribunales si no existe la voluntad política y la capacidad para aplicar y defender esas sentencias. El derecho se convierte en letra muerta si no está respaldado por una estrategia de fuerza que obligue a su cumplimiento.
Rusia, en su explicación oficial de voto, ha advertido ya del riesgo de que el conflicto se agrave, señalando que, de no haberse introducido cambios sustanciales en la resolución, habría ejercido su veto. El próximo año, Argelia dejará de formar parte del Consejo de Seguridad, y si la situación continúa deteriorándose, existe una posibilidad real de que la MINURSO se vea comprometida o incluso colapse.
Por ello, debemos actuar con la convicción de que el colapso de la MINURSO constituye un escenario plausible y, en consecuencia, asegurarnos de que exista un plan de acción claro y definido para afrontarlo en caso de que se materialice.
En este escenario, el desafío no es solo resistir, sino transformar la resistencia en victoria. Llevar décadas con este asunto en el Consejo de Seguridad no ha dado los frutos esperados. Tal vez sería más beneficioso sacarlo de allí y devolverlo a la Asamblea General, donde el equilibrio de fuerzas podría ser diferente.
La MINURSO nunca tuvo mandato para velar por los derechos humanos, aunque la misión podría haber sido modificada para ello; solo supervisa un alto el fuego que Marruecos rompió en 2020. Su colapso devolvería la cuestión a la Asamblea General, lejos del Consejo de Seguridad secuestrado por vetos.
Allí el derecho al referéndum permanece intacto y el estatus del territorio no sufriría alteración. Es cierto que las votaciones de la Asamblea General no son vinculantes, pero pueden favorecer a un mayor movimiento diplomático en la cuestión saharaui.
No conviene minimizar lo ocurrido. El principal problema de esta resolución es que agrava el conflicto. De poco sirve afirmar que “Marruecos no puede vencernos” si está venciendo en el único campo al que le damos valor en este momento: el diplomático.
La MINURSO, creada específicamente para implementar el Plan de Arreglo y el referéndum, fue saboteada desde su infancia.
Como reveló el Embajador Frank Ruddy, Vicepresidente de la Comisión Electoral de MINURSO, ante el Congreso de los Estados Unidos en 1995:
‘En agosto de 1994, la MINURSO dejó de ser una operación dirigida por la ONU y se convirtió en el instrumento para la dominación marroquí del proceso de identificación… Los marroquíes dictaban incluso nuestros horarios de trabajo y de vuelo. Cuando los observadores marroquíes elegían estar en el Sáhara Occidental, trabajábamos… Nos obligaban a volar aviones vacíos, a un coste enorme, para demostrar su control del proceso.’
Ruddy detalló un catálogo de obstrucciones que nunca fueron reportadas a Nueva York: saharauis obligados a entregar sus recibos de identificación a las autoridades marroquíes en las furgonetas, periodistas-fantasma de la seguridad del Estado filmando e intimidando a los votantes, escuchas telefónicas en la sede de la MINURSO y la retirada forzosa de la bandera de la ONU por orden del enlace marroquí.
El Consejo de Seguridad, y en particular sus miembros occidentales, fueron cómplices por omisión. Sabían, a través de informes como el de Ruddy, que Marruecos estaba dinamitando el proceso, pero priorizaron la relación con un aliado sobre la aplicación del derecho internacional. La MINURSO no fracasó; fue diseñada para fracasar. La falta de voluntad para enfrentar a Marruecos convirtió a la misión en un costoso mecanismo de validación de la ocupación, no en un instrumento para la autodeterminación.
“Los expertos en Marruecos me dicen que el país no quiere el referéndum porque los riesgos superan cualquier posible ganancia. El statu quo no le resulta tan malo. Sin embargo, Marruecos no puede permitirse aparecer como el villano, y busca ralentizar el proceso hasta que todos se cansen.
Por ejemplo, en diciembre pasado Marruecos detuvo la identificación durante más de una semana, a un costo de 100.000 dólares diarios, por una disputa sobre un adverbio en un calendario propuesto por la MINURSO.
Ese mismo mes, el oficial de enlace marroquí presumió públicamente ante personal de la MINURSO en un bar de que él decidía si la identificación continuaría al día siguiente. Para demostrarlo, canceló por teléfono las sesiones de la semana siguiente. Ninguno de estos actos fue informado a Nueva York.” dicho por Frank Ruddy.
La guerra como herramienta estratégica: entre la necesidad y la mala gestión
A raíz de la resolución, las declaraciones de algunos dirigentes en la prensa occidental sobre la guerra reflejan la intención de mantener sin cambios la estrategia actual. Esta postura podría considerarse comprensible e incluso positiva en un contexto favorable; sin embargo, cuando los resultados obtenidos son negativos, provoca el efecto contrario: resulta incomprensible y difícil de celebrar.
En esta línea, desde mi criterio personal, solo dos líderes han pronunciado discursos a la altura de las circunstancias. Brahim Ghali y Bachir Mustafa Sayed.
Bachir Mustafa Sayed: “Tenemos que alzar la voz, trazando la raya de lo que se prohíbe transgredir. No será de ningún recibo acudir a cualquier encuentro o diálogo cuya agenda desconocemos, omite o no prioriza el derecho de nuestro pueblo a decidir su destino. Al adoptarse la resolución 2797, nos negamos a participar en negociaciones cuyo orden del día no toma el derecho a la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental como primer punto de debate.”
Frente a este panorama, la guerra se ha erigido como una necesidad estratégica.
La resistencia armada ha dejado de ser una opción entre otras para convertirse en una necesidad existencial. La única alternativa real a la misma sería la lenta desintegración del pueblo saharaui como sujeto político, reducido a una mera identidad cultural folclórica, desprovista de proyecto nacional.
Abandonarla significaría renunciar a la principal herramienta de presión sobre Marruecos, más allá de la vía diplomática y jurídica. La guerra se reinició en 2020 sin preparación ni planificación, y cinco años después la situación persiste: sin una estrategia clara, sin equipamiento adecuado y sin una gestión eficiente.
Surgen dos preguntas cruciales: ¿con el armamento actual se puede hacer más de lo que se está haciendo? Y, en segundo lugar, ¿sería posible adquirir un armamento más eficaz? La respuesta de la primera es incierta, pero parece afirmativa, la segunda sin duda es afirmativa. Basta observar que movimientos de la región, a priori con menor capacidad, como el de Azawad, disponen de drones kamikaze, lo que demuestra que existen alternativas. Todo depende, en última instancia, de la voluntad política y de la postura que adopte el Frente Polisario respecto a la guerra.
Nuestra capacidad ofensiva actual es limitada precisamente porque no hemos afrontado la necesidad de un rearme urgente y masivo.
Debemos asumir que no podemos evitar la represión marroquí sobre civiles saharauis en los territorios ocupados; los organismos internacionales llevan cinco décadas demostrando su fracaso estruendoso en protegernos. Y frente a la acusación previsible: el compromiso debe ser no atacar civiles.
La etiqueta de ‘terrorismo’ es un constructo colonial diseñado para criminalizar la resistencia legítima de los pueblos que Occidente se niega a reconocer.
Es imperativo transformar la estrategia militar en una campaña de desgaste económico que haga insostenible el coste de la ocupación para el régimen marroquí. Esto significa evolucionar de los enfrentamientos simbólicos en el muro a una doctrina de objetivos económicos prioritarios.
La crisis interna: la necesidad de ordenar la casa
Una guerra seria requiere una retaguardia sólida, y aquí es donde surgen los problemas más graves. La situación en los campamentos de refugiados es insostenible: la droga campa a sus anchas, las escuelas y la sanidad están en un estado precario, y la seguridad brilla por su ausencia. Incidentes como el reciente en Auserd, son síntoma de una descomposición que no puede seguir ignorándose.
No se puede pretender la liberación nacional cuando las bases de la sociedad están corroídas. La gente tiene derecho a vivir con dignidad, y muchos se ven obligados a emigrar para poder mantener a sus familias. Si a estas personas se les ofrecieran incentivos y garantías, contribuirían a la causa. Pero para ello es necesario un cambio profundo en la gestión, centrada en la búsqueda de mecanismos para la soberanía económica.
El problema de fondo es doble: el abandono del proyecto nacional por parte de quienes deberían liderarlo, y la impunidad con la que actúa una parte del liderazgo desconectado de la realidad. Salta a la vista, incluso desde la distancia. Hay quienes, aprovechándose de la causa, han obtenido carta blanca para el “todo vale”.
Conviene precisar: no está deslegitimado el instrumento del Polisario en su conjunto, ni toda su dirigencia. Lo que yace en entredicho es un segmento del liderazgo que, desde 1991, ha operado bajo la lógica tóxica de contrarrestar amenazas dañinas mediante concesiones graduales.
Este mecanismo de autodegradación, que se agrava progresivamente, resulta hoy casi irreversible e ineludible.
Por si alguien se sorprende, el Frente POLISARIO es eso. Un instrumento para la liberación de un pueblo, el pueblo saharaui. Es un instrumento político. Conviene cuidarlo.
Hacia un replanteamiento integral
El próximo congreso del Frente Polisario, ya de por sí retrasado erróneamente, plantea una pregunta crucial: ¿será otro trámite vacío, o servirá para algo? Es necesario un congreso de crisis que aborde los problemas de frente sin medias tintas.
La liberación no se construye sobre cimientos podridos. O arreglamos nuestra casa, o no tendremos nada que defender.
La dependencia total de la ayuda exterior es falsa. La ayuda alimentaria no cubre ni una semana; la verdadera economía saharaui gravita alrededor de la diáspora.
La soberanía se construye con mecanismos reales de participación económica.
Marruecos no quiere negociar; quiere la rendición. En este contexto una derrota honrosa por acción consecuente es preferible a una derrota vergonzante por omisión cobarde.
Sentarse a discutir el plan de autonomía de 2007 —un documento de tres páginas que no especifica quién debe refrendarlo— sería un error mayúsculo. La autonomía ni siquiera es posible bajo la actual constitución marroquí, y una hipotética votación —que Marruecos nunca permitiría si no le fuera favorable— no sería más que una trampa diplomática.
Un punto que ya mencioné en otros artículos: el plan de autonomía marroquí de 2007 establece explícitamente que dicho plan debe ser refrendado.
¿La pregunta clave es: por quién?
Marruecos rechaza el censo elaborado por la MINURSO, alegando que no le resulta favorable. Conviene recordar que ese censo fue elaborado conforme a unas condiciones acordadas tanto por Marruecos como por el Frente POLISARIO, y ejecutado por la propia MINURSO en base a dichos criterios.
En otras palabras, el censo ya existe. Lo único que sería necesario es actualizarlo, incorporando a los descendientes y eliminando a las personas fallecidas.
Todo esto nos lleva al punto anterior, la guerra es una necesidad estratégica, pero no de cualquier manera. Se necesita una guerra con un plan, con gestión seria, con incentivos y con una voluntad política real para presionar a Marruecos y a los actores internacionales.
La resistencia debe dar paso a una estrategia integral que combine la firmeza en el frente diplomático, la explotación efectiva de las victorias jurídicas y la reconstrucción interna.
He visto cierta celebración en torno al punto de “no pueden solucionar el dossier sin nosotros”. Es cierto: no pueden hacerlo sin socavar de manera definitiva el derecho internacional, o sin inventarse un “representante” que no sea el Frente Polisario, uno dócil, para negociar —lo cual no es algo sencillo, porque si fuera así, ya lo habrían hecho en estos 50 años.
Me surge una pregunta: ¿vale la pena celebrar que, en el mejor de los casos, seguimos igual, mientras vemos cómo la situación en los campamentos se deteriora?
Tenemos esta última ventaja. No la malgastemos en autocomplacencia. Usémosla para cambiar todo lo que no funciona antes de que sea demasiado tarde.
La unidad no significa uniformidad. Hay opiniones diferentes, dentro del Frente POLISARIO hacia la liberación nacional y la independencia, escuchemos.
¿Cómo de entrelazados están la existencia y la libertad? ¿Hasta qué punto se hacen posibles la una a la otra?
El liderazgo se creó a sí mismo gracias a la realización social. Los liderazgos tradicionales y el pensamiento saharaui se están quebrando. Sin comprender el liderazgo, sin invertir en la realidad, no se podrá caminar y mucho menos liderar una sociedad.
El Frente POLISARIO ha conseguido sobreponerse a la negación de quien negaba la existencia del pueblo saharaui. Como pueblo, hemos sido expertos en denunciar la negación externa de nuestra existencia, pero hemos sido cobardes para enfrentar la negación interna de nuestra realidad.
Hay una pregunta incómoda que cada saharaui debe hacerse: ¿hasta cuándo voy a seguir huyendo de mi propia realidad? ¿Hasta cuándo voy a ser espectador de mi propia decadencia?
La huida es una forma de complicidad. Huir de la realidad de los campamentos, de la corrupción, de la falta de proyecto, es ser cómplice.
Solo los que luchan pueden hacer la paz
Es necesaria, y no sé si estamos a tiempo dada la urgencia de la situación actual, un impulso a la construcción de vida y sociedad. Una acción por la preservación de la historia, la lengua y lo más importante, la formación de cuadros no solo en lo técnico sino en lo ideológico. Un periódo de autoconstrucción, para sobreponerse a la crisis ideológica.
La pervivencia del Frente POLISARIO ha sido gracias a que la caída del panarabismo del que bebía, no lo sacó de circulación. Porque sus bases eran jóvenes y su desarrollo lo mantuvo vivo. Es más necesaria que nunca una crítica-autocrítica, y debe llevarse a cabo.
Cualquier propuesta de «renovación de estructuras» que no aborde el cambio de las personas que las ocupan y las reglas no escritas por las que se rigen, está condenada al fracaso. Podemos nombrar nuevos dirigentes, pero si alguien se queda con las llaves, el sistema queda atrapado en el pasado.
La renovación es imposible sin una lucha interna por el alma del movimiento. Una lucha entre: La vieja guardia que se aferra a un sistema de privilegios. Y una nueva generación y una parte de la vieja que exige pasar de la resistencia a la construcción, de la retórica a los resultados, y del culto a la personalidad a la meritocracia.
Esta desconexión entre la base y la dirección no es un fenómeno único del Polisario. De hecho, la sociología política tiene un nombre para ello: la ‘Ley de hierro de las oligarquías’, formulada por Robert Michels.
Esta ley postula que toda organización, incluso aquellas fundadas en los principios democráticos más puros, tiende inevitablemente a desarrollar una élite dirigente que termina perpetuándose en el poder y priorizando sus intereses particulares sobre los de la base a la que dice representar.
¿Suena familiar?
El Frente Polisario no es inmune a esta ley de hierro. Lo que comenzó como un movimiento de liberación popular puede, con el tiempo, generar su propia oligarquía: una clase de líderes y funcionarios que se han desconectado de la realidad de los campamentos. Han convertido la causa en una carrera, donde la lealtad al grupo en el poder a menudo pesa más que la competencia o el compromiso con las bases. Operan con impunidad, protegidos por un sistema que ellos mismos controlan o influyen.
Por tanto, no se trata de que «la gente» en general sea el problema. Se trata de que la dinámica oligárquica ha transformado a una parte de «la gente» en el núcleo del problema. La estructura existente no es más que el cascarón que esta oligarquía utiliza y defiende para mantener su posición.
La renovación de las estructuras es imposible sin desafiar esta ley de hierro.
Esta revolución interna no necesita aliados externos; es una cuestión estrictamente interna.
Sin un esfuerzo consciente, deliberado y tremendamente difícil por revertir la concentración de poder y reinstaurar mecanismos genuinos de control desde la base, cualquier «reforma» será solo un maquillaje que la oligarquía absorberá para perpetuarse.
No se trata de crear un nuevo movimiento, sino de trabajar con autenticidad, no con retórica. De estar con el pueblo, no de proclamar que se está. El relevo generacional es inevitable por ley biológica, pero solo desde el trabajo popular constante quien recoja el testigo tendrá la capacidad real de avanzar. Requiere educar cuadros, emprender acciones genuinas y demostrar con hechos, no con discursos, que tenemos la capacidad de hacer inevitable una transición desde la base.
La verdadera lucha no es solo contra Marruecos. Es una lucha interna contra la inercia burocrática y la corrupción del poder.
¿Por qué persistir tras un diagnóstico tan desolador?
Porque los diagnósticos, por crudos que sean, no dictan sentencias; revelan realidades que podemos transformar. Persistimos porque en la moral de esta lucha, la desesperación es un lujo que no nos podemos permitir.
Persistimos porque mientras un solo saharaui respire libertad, la causa vivirá. Porque en la arena donde hoy se levanta el muro de la vergüenza, hay huellas de combatientes que eligieron la dignidad sobre la comodidad. Porque por cada líder que traiciona su responsabilidad histórica, surge un centenar de anónimos que, desde el exilio o los campamentos, tratan de reconstruir con sus manos lo que otros han corroído.
Conozco a jóvenes formados en Europa renunciar a carreras prometedoras para luchar por su pueblo. Conozco a madres que enseñan a sus hijos la geografía de un territorio que nunca han pisado, pero que reconocen como propio en cada pliegue de su memoria.
Este pueblo no merece solo un futuro. Merece el futuro que le fue robado. Un futuro donde la bandera blanca, verde, negra y roja no ondee en el exilio, sino sobre escuelas y hospitales en El Aaiún, Dajla y Smara. Donde nuestros hijos no sean «refugiados» en su propia tierra.
La lucha continúa, no por inercia, sino porque el deseo de libertad es más tenaz que cualquier ejército de ocupación. Porque, en última instancia, nuestra persistencia no es una respuesta al colonialismo marroquí; es la afirmación irrevocable de que existimos, resistimos y venceremos.
Somos el pueblo saharaui. La derrota sólo será posible el día que dejemos de nombrarnos a nosotros mismos.
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