El Pueblo boliviano derribó el Golpe de Estado. ¿Y ahora qué?

Salvar Al Garito IOSIF

Por Aníbal Garzón

Construir un nuevo modelo de Estado mediante la estrategia de un lento proceso de extinción de las estructuras antiguas no es nada fácil. Ya nos avisó Gramsci, “La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer”. Y ese es el fenómeno en América Latina que se inició con la victoria electoral de Hugo Chávez en 1998. Después de Venezuela, llegó Bolivia, Argentina, Brasil, Nicaragua, Ecuador, Paraguay, Honduras, cada país con su idiosincrasia. Al no morir lo viejo, es decir, un poder político y económico vinculado con el imperialismo norteamericano, se encarceló a Lula y se hizo un impeachment en contra de Dilma Rousseff en Brasil, se dio un Golpe de Estado en Honduras y un Golpe Parlamentario en Paraguay, o se atacó a líderes como Correa y Fernández en Ecuador y Argentina. Y nunca sin olvidar los intentos golpistas y de desestabilización en Venezuela y Nicaragua.

A pesar de todas estas historias recientes, Bolivia parecía que era el país que había conseguido hegemonizar su naciente Estado con su Nueva Constitución Política del Estado (CPE) y el liderazgo nacional, e internacional, de Evo Morales. Pero bajar la guardia tuvo sus consecuencias. No solo Bolivia estaba en el punto de mira de Estados Unidos, siendo un país objetivo por las corporaciones internacionales dada su riqueza del litio en el Salar de Uyuni, entre otras opulencias, sino que también estructuras antiguas seguían estando presentes. Una oligarquía en defensa del modelo neoliberal y controlando gran parte de los aparatos productivos y mediáticos, las tendencia secesionista racista de la Media Luna con un alto poder político, y sobre todo el poder militar con estructuras persistentes de la dictadura de Hugo Banzer. Evo ganaba desde 2005 las presidenciales en primera vuelta con facilidad como su proyecto de Estado Plurinacional, pero los poderes ocultos del viejo Estado seguían existiendo en la batalla para eliminar la hegemonía del Movimiento al Socialismo.

Un momento clave llegó para las viejas estructuras del Estado poder enfrentarse al gobierno de Evo Morales, un gobierno con amplias simpatías nacionales e internacionales dados sus excelentes datos macroeconómicos y su notable implementación de políticas sociales contra la pobreza y la exclusión, el Referéndum Constitucional de 2016. Un referéndum para dar a Evo Morales y García Linera la posibilidad de presentarse una vez más, en 2019, como candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia. Este momento fue excepcional para la derecha política mover sus recursos económicos y políticos para vencer ese referéndum y deslegitimar el liderazgo hegemónico desde 2005 del binomio Morales-Linera. El Caso Zapata fue una de las estrategias contra Evo, generando los medios de la oposición la mentira (Fake News) sobre que Evo tuvo un hijo con Gabriela Zapata y que abandonó. Este ataque dejó al “Jefazo” desprestigiado y finalmente fue imposible desenmascarar la mentira durante la campaña del referéndum. Era la primera derrota electoral de Evo con un NO a su posible reelección con el 51,3% de los votos. Era el momento de preparar nuevos líderes en el MAS, o gente joven o ministros que habían sido parte de esta Bolivia soberana, que pasó de ser olvidada en el mundo a ser muchas veces portada en los medios internacionales con aplausos. Pero el gran error llegó. La derecha, con sus estructuras de poder del antiguo Estado, se aprovecharía.

Evo y Linera hicieron caso omiso al referéndum y, buscando cierta legalidad dudosa, se presentaron a las elecciones de 2019. Evo perdió prestigio y pasó de obtener el 61,36% de los votos en 2014 a 47,08% en 2019. A pesar de demostrarse que fueron elecciones legítimas, la diferencia con el candidato centroderechista Carlos Mesa fue de 10,56%, es decir, solo un 0,56% para salir victorioso Evo en la primera vuelta (10% de diferencia si no consigue el 50% de los votos), potenciándose con este dato  que había dudas de si ganaría Evo en la segunda. Era el momento oportuno para desestabilizar la derecha el gobierno de Evo con un Golpe de Estado diciendo que hizo “fraude”, un golpe que se vestiría de democracia. Los medios, poderes económicos, y militares, del antiguo Estado oligárquico que no murió del todo, y con apoyo del imperio norteamericano y sus organismos de injerencia diplomática como la OEA; hicieron los ataques contra Evo acusándole de fraude. El Golpe estaba dado, y una gran parte del pueblo boliviano a pesar de sus movilizaciones masivas no pudo hacer frente a los poderes fácticos. Las piedras no podían contra las armas. 36 persones fueron asesinadas en ese Golpe. Líderes políticos, como Evo, al exilio mexicano, argentino, en países o embajadas. Y 14 años de hegemonía del Proceso de Cambio con el primer presidente indígena boliviano, con indicadores económicos y sociales espectaculares, cayeron un 10 de noviembre de 2019. Bolivia cambiaba sus colores de aguayos en las instituciones por las biblias y gente con rasgos indígenas diciendo que eran blancos de sangre española y europea.

11 meses padeció el pueblo boliviano, indígenas y campesinos, vejaciones, represiones, discriminaciones, y sobre todo ver con lamento como 14 años de esfuerzo se esfumaban en un santiamén. Construir un edificio pueden ser meses o años, pero destruirlo lleva solo unos minutos. Eso se sentía en Bolivia.

Finalmente, a pesar de la situación del Coronavirus y el aplazamiento de nuevas elecciones varias veces, elecciones que la derecha buscaba para legitimar el Golpe y poder destruir todo lo nuevo (entre ello, la Constitución del Estado aprobada en 2009) que se quería nacer y hacer crecer, el 18 de octubre de 2020 se daba una histórica jornada electoral en Bolivia. No solo era si Mesa o Camacho, derecha y ultraderecha, se convertirían en Presidentes, o por el otro lado el nuevo binomio del MAS, Arce-Choquehuanca, sino que era un referéndum sobre si lo nuevo podía seguir construyéndose (Proceso de Cambio), generando democracia popular, o lo viejo podría finalmente acabar de destruir lo nuevo, y posiblemente volviendo al neoliberalismo secesionista neocolonial.

Y seguir construyendo lo nuevo venció. Con el 89,93%[1] escrutado, el MAS-IPSP consigue el 54,53% de los votos, superando a Mesa con el 29,27% y Camacho con el 14,1%. Una victoria arrolladora. Una victoria que ha dado para reflexionar sobre los errores propios del Proceso de Cambio.

En Bolivia, con una mezcla de idiosincrasia colonizada y originaria, el liderazgo es de suma importancia para unificar a las grandes masas, pero un liderazgo humano puede perder su hegemonía por errores cometidos, errores aprovechados por la derecha que sabe que en la cultura boliviana solo hay algo sagrado para siempre, la Pachamama, no las personas. Evo sigue siendo un gran líder (El Jefazo), y debe seguir en la vanguardia del Proceso de Cambio, pero la personalización del Proceso de Cambio con su imagen daba oportunidad a la derecha para atacarle mediáticamente tanto con mentiras (Caso Zapata) como con verdades (error del referéndum). En un proceso de Cambio el gran actor al que nunca podrá atacar la derecha es el pueblo. Un pueblo que con esta victoria exigirá a Arce y Choquehuanca que lo nuevo nazca firmemente para morir lo viejo. Que el poder económico vaya a manos de las mayorías con inversiones públicas, crecimiento de cooperativas, y el desarrollo de espacios productivos de las comunidades indígenas y campesinas, para hacer frente a las secuelas el neoliberalismo. Que el poder  político mediático no quede en la oligarquía y en la derecha generando nuevos medios de comunicación públicos y comunitarios. Y, cómo no, no olvidarse, y más en este momento histórico, que el poder militar tenga sus reformas para ser un ente a favor de la democracia y la soberanía de Bolivia. ¡Jalla Bolivia por el retorno del Proceso de Cambio!


[1] Para ver las actualizaciones hasta el 100% escrutado. https://computo.oep.org.bo/


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