El ministerio de la mujer (y el hombre): desmontando bulos para hablar de desigualdad real

La realidad es que las políticas de igualdad son de las más infradotadas del Estado, y aun así se les exige que solucionen problemas que atraviesan todo el sistema: violencia sexual, brecha salarial, precarización feminizada, trata, prostitución, pornografía, explotación reproductiva.

Por Isabel Durán Baez | 9/01/2026

Cada vez que se menciona el llamado Ministerio de la Mujer —nombre que nunca ha sido oficial, pero sí recurrente en la propaganda reaccionaria— aparece el mismo coro de burlas, mentiras y bulos. “¿Y cuándo el Ministerio del Hombre?”, preguntan con sorna quienes nunca se han molestado en entender qué es la desigualdad estructural ni a quién beneficia negar su existencia.

Conviene empezar por lo básico: no existe un Ministerio de la Mujer, ni un ministerio creado para privilegiar a las mujeres por capricho ideológico. Existe —cuando existe— un Ministerio de Igualdad, cuya razón de ser es corregir una desigualdad histórica, material y persistente entre sexos. No es simbólica. No es anecdótica. Es estructural.

El bulo del ‘Ministerio del Hombre’

La pregunta tramposa “¿y el Ministerio del Hombre para cuándo?” parte de una falacia deliberada: asumir que hombres y mujeres parten del mismo punto y sufren las mismas opresiones. No es así.

Los hombres no han sido históricamente excluidos del poder político, no han sido considerados incapaces legales, no han sido vendidos en matrimonios forzados, ni convertidos en mercancía sexual normalizada, ni socializados para la sumisión, el cuidado gratuito y la complacencia. No existe una violencia estructural contra los hombres por el hecho de ser hombres. Existe, en cambio, una violencia estructural contra las mujeres por el hecho de ser mujeres.

Pedir un “Ministerio del Hombre” en este contexto no es ignorancia inocente: es una estrategia política para deslegitimar las políticas de igualdad y mantener intactos los privilegios masculinos.

El mito del chiringuito ideológico

Otro bulo habitual es que estos ministerios son “chiringuitos” inútiles, caros y sectarios. Curiosamente, nunca se cuestionan con la misma saña otros ministerios cuyos presupuestos multiplican por diez o por cien los destinados a igualdad.

La realidad es que las políticas de igualdad son de las más infradotadas del Estado, y aun así se les exige que solucionen problemas que atraviesan todo el sistema: violencia sexual, brecha salarial, precarización feminizada, trata, prostitución, pornografía, explotación reproductiva.

Cuando el Ministerio de Igualdad falla —porque a menudo falla— no es por existir, sino por su falta de ambición, su captura por discursos neoliberales y su renuncia a una perspectiva feminista materialista. Criticar eso es legítimo. Negar la necesidad del ministerio, no.

Igualdad no es inversión de privilegios

Uno de los bulos más persistentes es que las políticas feministas “discriminan a los hombres”. La igualdad no consiste en quitar derechos a unos para dárselos a otras. Consiste en desmantelar un sistema que reparte poder de forma desigual.

Que se invierta en proteger a mujeres frente a la violencia masculina no discrimina a los hombres: nombra una realidad estadística y política. Que se legisle contra la explotación sexual de mujeres no ataca la libertad: cuestiona un mercado que se sostiene sobre la desigualdad económica y sexual.

El problema no es que exista un ministerio: es qué feminismo lo dirige

La crítica feminista no debe alinearse con la reacción. El problema no es que haya un ministerio dedicado a la igualdad, sino qué modelo de feminismo se institucionaliza.

Un feminismo que sustituye a las mujeres por identidades difusas, que llama “trabajo” a la prostitución, que romantiza los vientres de alquiler o que banaliza la pornografía, no combate el patriarcado: lo gestiona con lenguaje progresista.

Por eso necesitamos políticas públicas feministas centradas en las mujeres como sujeto político, no en ficciones que diluyen la opresión sexual.

Menos bulos, más política feminista

El ataque constante al llamado “Ministerio de la Mujer” no busca mejorar las políticas públicas. Busca silenciar el conflicto, negar la desigualdad y devolvernos al lugar de siempre: el de no molestar.

Frente a los bulos, datos. Frente a la burla, análisis. Frente al negacionismo, feminismo sin pedir permiso.

La igualdad no es una concesión. Es una deuda histórica. Y mientras exista el patriarcado, no sobra ningún instrumento para combatirlo. Lo que sobra es la mentira organizada para impedirlo.

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