El macroevento evangélico en el Metropolitano: una señal de alarma sobre el poder religioso en España

Es urgente que se tomen medidas concretas para controlar y reducir el poder religioso, no solo del evangelismo, sino en general.

Por Gabriela Rojas | 4/05/2026

El pasado fin de semana, el Estadio Metropolitano de Madrid se llenó de decenas de miles de personas convocadas por un macroevento evangélico. No fue un concierto ni un partido de fútbol: fue una concentración religiosa que transformó el templo del Atlético en un altar colectivo. Imágenes de fieles alzando las manos, coros de alabanza y predicadores prometiendo salvación resonaron en las gradas. Lo que a primera vista podría parecer un acto de fe inofensivo es, en realidad, una señal de alarma roja para la sociedad española. Este tipo de eventos masivos no son anécdotas; son el síntoma visible de una deriva reaccionaria que avanza a pasos agigantados en nuestro país y de un crecimiento alarmante de la influencia religiosa en la esfera pública.

Con la caída del campo socialista en Europa, hemos presenciado durante las últimas décadas una desaparición casi total de fuerzas transformadoras. Los partidos socialdemócratas y de izquierda han perdido peso y han abrazado el liberalismo o han sido desplazados por opciones populistas. En ese vacío ideológico, la religión —en todas sus formas— ha avanzado de manera notable. La ciudadanía, desorientada ante las crisis económicas del capitalismo, la precariedad laboral y la gradual desaparición del tejido asociativo, se ha refugiado en ella buscando una brújula ideológica y moral que la política secular ya no le ofrece.

El evangelismo, en particular, resulta especialmente eficaz porque combina un conservadurismo moral estricto con un liberalismo económico profundo. Predica el esfuerzo individual, el éxito material como bendición divina, la caridad privada en lugar de derechos sociales y la mínima intervención del Estado. Esta combinación lo convierte en una herramienta perfecta del capitalismo. El “evangelio de la prosperidad” es el núcleo de su atractivo para una clase trabajadora que sueña con salir de la precariedad sin cuestionar el sistema que la genera.

No se trata de un fenómeno aislado. En América Latina y Estados Unidos, el evangelismo ha demostrado una capacidad política extraordinaria. Ha sido capaz de movilizar masas, influir en campañas electorales y, en algunos casos, colocar presidentes en el poder. Figuras como Jair Bolsonaro en Brasil o el peso decisivo de los votantes evangélicos en la elección de Donald Trump son ejemplos claros de cómo una minoría organizada puede condicionar el rumbo de naciones enteras. España no está inmunizada contra esa dinámica. Lo que hoy es un estadio lleno mañana puede ser una parroquia que decide votos, una escuela que impone currículos o un lobby que presiona para cambiar leyes.

Frente a esto, la sociedad española tiene la obligación histórica de defender la razón y la ciencia como motores reales del progreso. Fueron la Ilustración, el método científico y el pensamiento crítico los que sacaron a Europa de la oscuridad dogmática y construyeron el Estado del bienestar, la sanidad universal y los derechos civiles. La fe individual merece respeto, pero cuando se convierte en poder colectivo y movilizador, deja de ser un asunto privado y se transforma en un riesgo para la cohesión democrática.

Es urgente que en España se tomen medidas concretas para controlar y reducir el poder religioso, no solo del evangelismo, sino en general. Hay que cortar las vías de financiación que permiten a estas iglesias crecer como empresas. Hay que revisar los acuerdos con la Santa Sede y los privilegios fiscales de todo tipo de confesiones. Hay que regular con rigor la educación religiosa y evitar que se utilice como herramienta de captación. Y, sobre todo, hay que impedir que miles de personas sean manipuladas por líderes religiosos que convierten la desesperanza social en obediencia espiritual.

España debe garantizar, por supuesto, la libertad de culto individual. Nadie debe ser perseguido por sus creencias personales. Pero la libertad de culto no incluye el derecho a colonizar el espacio público, a condicionar la política ni a convertir estadios en templos de masas. La manipulación colectiva no es libertad; es poder. Y el poder religioso, cuando crece sin contrapesos, siempre ha terminado por chocar con la democracia y los derechos conquistados.

El evento del Metropolitano no fue una celebración inocente. Fue un aviso. Si no actuamos con firmeza y con urgencia, la deriva reaccionaria que ya se respira en parte de Europa terminará por instalarse también en España. La razón y la ciencia, o el dogma y la sumisión. Esa es, hoy más que nunca, la verdadera disyuntiva.

5 Comments

  1. En Bizkaia se llena de magrebies,senegaleses…el pabellon de la feria de muestras y hay quienes se quwdan fuera.¿ Acaso eso no es alarmante? El conservadurismo,proselitismo y chaladuras evangélicas son preocupantes pero las majaderías islámicas hay qur callar y si acaso como mucho incluirlas en un «todas…». Los evángelicos son unos chalados peligrosos y los musulmanes también. Ya sea que quieran una sociedad trumpiana o islámica. Ponzoña fascistoide..islam y evangelismo.

    • Pues vaya con los comentarios… Las «enseñanzas» evangélicas, y de cualquier culto o secta, deberían ser privadas y no regladas y metidas con calzador (y afán de control y chupar del bote) en colegios, institutos y universidades. No se habla de perseguir la fe de nadie ni de evitar que los que quieran se reúnan a hablar de sus fantasías, sino de que no ocupen el espacio público y coaccionen al resto con sus ideas reaccionarias (no sé si os suenan las procesiones o las «manifestaciones» en clínicas abortivas, por poner dos ejemplos). Y, en cuanto a la chaladura de traer a colación la dictadura franquista, igual habría que empezar recordando que la religión organizada española apoyó el golpe de estado y colaboró en la represión y en los ideales del régimen, y una deriva parecida es la que se insinúa que pudiera ocurrir con estos grupos actuales. Lo de «con Mahoma no te atreves» ya provoca hasta ternura… Sí, los musulmanes también tienen lo suyo, pero no son lo preocupante ahora mismo en occidente.

      En fin, muy buen artículo y ojalá que se tomen medidas en el sentido que expone.

  2. ¿En serio?
    «Es urgente que en España se tomen medidas concretas para controlar y reducir el poder religioso» esta frase parece broma para cualquiera que revise la historia reciente, y no tan reciente, de España.
    Y suena cuando menos ‘curioso’ que se planteen estos temas cuando son otros distintos de los de siempre los que se movilizan.
    De acuerdo en que se debe garantizar la libertad de culto, pero la expresión de la fe individual es algo que se refleja en comunidad y, por tanto, sugerir que no se pueden hacer actos públicos nos trae reminiscencias de cuando los protestantes debían reunirse clandestinamente en domicilios particulares y llegar como mucho de dos en dos puesto que una pareja de la secreta (o los grises) los estaba siguiendo. ¿En serio queremos volver a esas situaciones? Parte de los derechos conquistados a los que se refiere el artículo son los que evitan esas situaciones actualmente.
    Debemos ser cuidadosas con los falsos maestros (pero en todos los ámbitos, incluyendo aquellos que reúnen a miles en un polideportivo para sacarles el dinero para que ‘apuesten’ en criptomonedas, o los que proponen curas milagrosas a través de la meditación), pero de ahí a estigmatizar y demonizar un acto multitudinario de expresión de fe (que no sea la Católico Romana) nos transporta a tiempos pasados a los que no quisiéramos volver.

    • Me cuelgo del comentario de Jonatan. De acuerdo con él

      ¿De verdad dice lo que dice el artículo?
      Las iglesias evangélicas se autofinancian para sus actividades religiosas. La enseñanza religiosa evangélica está tasada por Ley (y publicada en BOE como el resto de las materias).

      La santa sede no tiene nada que ver en la vida de las iglesias evangélicas.

      Lo que estoy de acuerdo es en que hay que vigilar para evitar que se conviertan en sectas, pero para eso debería dotarse a la FEREDE de ese papel fiscalizador.

      Lo que sí veo es que a la autora le ha escocido mucho el artículo y lo publica en el periódico que trabaja, que habría que ver si su financiación es pública, o privada, habría que ver su consejo de redacción (que no pone que haya en su estructura), etc….

      Ya sabéis. Aquello de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio…. Actitud muy humana que ya denunció en su momento un tal Jesús, al que llamaban el Cristo.

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