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El mandato presidencial de Zelenski expiró formalmente en 2024 y tras más de cuatro años de guerra, existe un cansancio palpable en la sociedad ucraniana.
Por Joan Balfegó | 21/08/2026
El 18 de agosto, Mykhailo Fedorov, destituido apenas un mes antes como ministro de Defensa de Ucrania, lanzó un vídeo de nueve minutos en el que reclamó encontrar un “mecanismo legal, seguro y realista” para celebrar elecciones incluso en plena guerra. “La democracia no puede ser rehén de Rusia. Estamos luchando precisamente porque queremos seguir siendo un Estado europeo libre”, afirmó. “No debemos dejar que Putin decida cuándo los ucranianos pueden elegir de nuevo a su gobierno”.
Fedorov, de 35 años, había sido nombrado ministro de Defensa en enero de 2026 tras años como ministro de Transformación Digital y artífice de la digitalización estatal y del impulso a los drones. Su destitución el 15 de julio, en el marco de una remodelación de gobierno, generó protestas en varias ciudades ucranianas. Se le atribuía haber impulsado innovaciones tecnológicas y reformas en las adquisiciones militares que, según él mismo, generaron resistencias por tocar intereses creados. Zelenski justificó el cese por conflictos con el alto mando militar. Desde entonces, Fedorov ha emergido como una de las voces más críticas y populares frente al presidente.
La posición oficial: la ley marcial prohíbe las elecciones
El presidente Volodimir Zelenski y amplios sectores políticos recuerdan que, desde el 24 de febrero de 2022, Ucrania vive bajo ley marcial, que prohíbe expresamente las elecciones presidenciales, parlamentarias y locales. La Constitución y la legislación de excepción mantienen a los cargos electos en funciones hasta que termine el estado de guerra. Zelenski ha sostenido reiteradamente que no es posible organizar comicios seguros mientras continúe el conflicto.
La respuesta inmediata a Fedorov fue mayoritariamente negativa entre diputados de distintos partidos. Muchos calificaron la propuesta de irrealista, inconstitucional y potencialmente divisiva en un momento en que la unidad nacional sigue siendo prioritaria.
Hartazgo social, concentración de poder y corrupción
Tras más de cuatro años de guerra, existe un cansancio palpable en la sociedad ucraniana. El mandato presidencial de Zelenski expiró formalmente en mayo de 2024 y el Parlamento lleva años sin renovarse. Fedorov aludió a una “crisis sistémica de gobernanza”, a decisiones opacas, a la primacía de la lealtad personal sobre el profesionalismo y a la corrupción.
Estas críticas resonaron porque Ucrania ha sufrido escándalos de corrupción recurrentes en el ámbito de las compras militares y la administración, incluso durante la guerra. La percepción de que el poder se concentra cada vez más en el entorno presidencial y de que falta transparencia alimenta la frustración de parte de la ciudadanía y de sectores reformistas. Encuestas recientes sitúan a Fedorov y a figuras como el excomandante en jefe Valerii Zaluzhnyi como posibles competidores fuertes en un hipotético escenario electoral.
¿Hasta qué punto interesa alargar la guerra para no rendir cuentas?
Cada vez más ciudadanos ucranianos interpretan que el presidente busca alargar la guerra deliberadamente para evitar rendir cuentas. El mantenimiento prolongado de la ley marcial sin un horizonte claro de retorno a la normalidad genera inquietud entre la población. La falta de elecciones está impidiendo una renovación periódica del mandato popular y reforzando dinámicas de poder desproporcionado.
El llamamiento de Fedorov ha roto un tabú. Ha convertido en debate público lo que hasta hace poco se consideraba casi intocable. Ucrania necesita decidir a quién quiere al mando del país. Cómo se resuelva esa tensión —mediante reformas bajo la ley marcial, un mecanismo excepcional seguro o la espera a un cese de hostilidades— marcará no solo el futuro político de Zelenski y de Fedorov, sino el devenir de la guerra.
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