El consumo de noticias y publicidad

Por Manuel López Arrabal

Desde hace siglos, han existido expertos al servicio de los poderes ocultos, cuya función primordial ha sido y sigue siendo crear cortinas de humo capaces de atraer la atención hacia determinados sucesos poco relevantes e incluso falsos, y sustraerla respecto de otros que paralelamente están ocurriendo, no porque carezcan de importancia, sino exactamente por lo contrario, que por ser de tanta importancia atraerían la atención de la gran mayoría de la población mundial interesada fundamentalmente en la libertad y bienestar del ser humano.

¿Por qué no son noticia los más de 1.500 terremotos anuales y el aumento paulatino de otras catástrofes naturales que desde hace más de veinte años vienen ocurriendo en el planeta? ¿No es noticia el descongelamiento acelerado de los polos y los glaciares o el detenimiento paulatino de la corriente del Golfo de México, con sus previsibles y nefastas consecuencias para todos nosotros? ¿No es noticia que las personas más poderosas del planeta están consiguiendo poco a poco que se vaya cumpliendo su agenda global con planes eugenésicos para ellos y disgenésicos para la gran mayoría? Pero lo más importante, a mi modo de ver, está en los millones de noticias positivas que no interesan a los mass media y que, sin embargo, ocurren diariamente en el mundo gracias a millones de valientes héroes anónimos que por su fuerza, bondad y humildad no buscan ningún tipo de protagonismo.

También hay grandes revoluciones silenciosas y movimientos sociales de gran envergadura y de enorme calado que, con paso firme y poco a poco, siguen avanzando por todo el planeta y que, sin embargo, no interesa darles cobertura mediática como podrían ser, por ejemplo, el movimiento de los consumidores veganos (quienes dejan de consumir alimentos y productos de origen animal) o el creciente movimiento mundial de las ecoaldeas y las comunidades autosuficientes, con formas de vida más dignas para las personas y respetuosas con la vida y el planeta. La gran virtud del movimiento global ecoaldeano (y el gran problema para la élite dominante) es que se trata de un movimiento natural migratorio hacia la naturaleza, no jerarquizado, muy repartido por todo el mundo, silencioso, respetuoso y, hasta cierto modo, “independentista” aunque muy abierto, siendo lo más relevante de todo, que apenas participa de la sociedad de consumo por su alto grado de autosuficiencia.

En cambio, las noticias sobre terrorismo, crímenes y violencia de género acaparan las primeras planas y los titulares, junto con las guerras pre-fabricadas bajo cualquier pretexto. Y para mitigar un poco el impacto de tan terribles tragedias, se combinan con las banalidades de la prensa rosa, las opiniones intranscendentes de muchos políticos sobre asuntos no cruciales y, por supuesto, no puede faltar el gran espectáculo de las grandes ligas de cualquier deporte.

Todo esto forma parte de un tinglado bien estructurado, que para nada es nuevo, y que se trata de mantener dentro de la estrategia de dominación que interesa a la élite más poderosa del planeta, para lo cual solo basta con mantener la mente de los humanos abstraída y distraída en lo que sea, menos en enfocarse en lo que le interesa de veras, en lo que es natural y consustancial en el ser humano: Vivir en Paz, Libertad y Unidad con Todo y con Todos. No interesa a dichos poderes que el ser humano cumpla el propósito de su vida, tanto propio como colectivo, dentro del plan de evolución-aprendizaje que nos impele hacia un mundo mejor y más justo. ¿Y a quién le importa esto cuando tenemos la amenaza terrorista, o la guerra con el país vecino, o el conflicto interno independentista, o la inminencia de las facturas y préstamos por pagar, o incluso la importancia de que gane o pierda nuestro equipo el próximo partido? Mientras tanto, estamos adquiriendo una gran insensibilidad hacia los verdaderos valores de la vida. ¿No es esto lo más parecido a un estado de amnesia colectiva?

El reconocido y siempre crítico, Noam Chomsky, de 90 años de edad, una de las voces clásicas de la disidencia intelectual durante las últimas décadas, ha compilado una lista con las diez estrategias más comunes y efectivas a las que recurren las “agendas ocultas” para conseguir una manipulación de la población a través de los medios de comunicación. Históricamente los medios masivos han probado ser altamente eficientes para moldear la opinión pública. Gracias a la parafernalia mediática y a la propaganda, se han creado o destruido movimientos sociales, justificado guerras, favorecido crisis económicas, incentivado unas corrientes ideológicas sobre otras, e incluso se da el fenómeno de los medios como productores de realidad dentro de la psique colectiva, a través de una ficción muy bien diseñada y programada conforme a los intereses de las citadas agendas ocultas.

¿Pero cómo detectar las estrategias más comunes para entender estas herramientas psicosociales de las cuales, seguramente, somos partícipes? Afortunadamente Chomsky se ha dado a la tarea de sintetizar y poner en evidencia estas prácticas, algunas más obvias y otras más sofisticadas, pero aparentemente todas igual de efectivas. Incentivar la estupidez, promover el sentimiento de culpa, fomentar la distracción, o construir problemáticas artificiales para luego, mágicamente, resolverlas, son sólo algunas de estas tácticas.

Las diez estrategias mediáticas, según Chomsky, para la desinformación, manipulación, distorsión y ocultación de lo que a todos nos interesa saber, son:

1- La estrategia de la distracción.

El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción, que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los descubrimientos y conocimientos esenciales de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología, la cibernética, etc. “Mantener la atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar, siempre dentro de la granja como los otros animales” (cita extraída del texto Armas silenciosas para guerras tranquilas, al parecer, un documento secreto de la US Navy fechado en mayo de 1979, que salió a la luz pública por negligencia o fuga intencional en julio de 1986).

2- Crear problemas, después ofrecer soluciones.

Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una situación prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el demandante de las medidas que realmente se deseaban imponer. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público demande más leyes de seguridad en perjuicio de la libertad. O también: provocar una gran crisis económica para que se acepte como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3- La estrategia de la gradualidad.

Para lograr que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años o lustros consecutivos. Es de esta manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: mayor poder y autonomía de la banca y de las empresas transnacionales, control mínimo del Estado, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, etc. Todos estos cambios si se hubieran aplicado de una sola vez, hubieran provocado una revolución social (Y lo mismo ha ocurrido y sigue ocurriendo con la perversa agenda global de la ideología de género, o con la creciente obligación para los ciudadanos de usar las nuevas tecnologías para acceder a la mayoría de los servicios públicos a la vez que disminuyen los puestos de trabajo en el sector público, etc, etc, etc.).

4- La estrategia de diferir.

Otra manera de lograr que se acepte una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es realizado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente a que “todo irá a mejor en el futuro” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5- Dirigirse al público como criaturas de poca edad.

La mayoría de la publicidad se dirige al gran público mediante argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intenta buscar engañar al espectador, más tiende éste, generalmente de forma inconsciente, a adoptar un tono infantil en su respuesta. ¿Por qué?  Si uno se dirige a una persona como si tuviese la edad de 12 años o menos, entonces tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción, más bien emocional, desprovista de un sentido crítico, al igual que haría un niño o un adolescente.

6- Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión.

Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos, compulsiones, e incluso inducir cierto tipo de comportamientos.

7- Mantener al público en la ignorancia.

Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores” (cita del texto Armas silenciosas para guerras tranquilas).

8- Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.

Hacer creer al público que está de moda el hecho de ser vulgar e inculto, mal hablado, admirador de gentes sin talento alguno, despreciar lo intelectual, exagerar el valor del culto al cuerpo y el desprecio por el espíritu…

9- Reforzar la autoculpabilidad.

Hacer creer al individuo que solamente él es el culpable de su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema, el individuo se autodevalúa y se culpa, lo que le genera un estado depresivo, siendo su principal efecto la inhibición de su acción. Y sin acción, no hay revolución.

10- Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.

En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y los de las élites dominantes (quienes los controlan y usan egoístamente para sus propios fines). Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, un selecto “grupo de poder” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto en su vertiente física como psicológica. Esta “poderosa élite” ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, ejerce un gran poder sobre los individuos, y un gran control, mayor que el de los propios individuos sobre sí mismos.

Y una última cita para la reflexión, extraída del texto Armas silenciosas para guerras tranquilas: “El mundo se divide en tres categorías de gentes: un muy pequeño número que produce acontecimientos, un grupo un poco más grande que asegura su ejecución y mira como acontecen y, por último, una amplia mayoría que no sabe nunca lo que ha ocurrido en realidad”.

Para finalizar, he rescatado del libro “La Huelga Tranquila” unos sencillos y prácticos consejos a tener en cuenta para evitar, o al menos minimizar, el impacto negativo de la publicidad y la desinformación sobre nosotros y nuestras familias. Asimismo, propongo algunas alternativas a tener en cuenta a la hora de buscar la información que de verdad nos interesa:

La huelga de publicidad: Cuando vemos televisión y cada vez que salga publicidad, cortaremos el sonido o cambiaremos de canal. Con este simple acto, impediremos que los mensajes publicitarios no logren su objetivo sobre nosotros ni sobre nuestra familia. Aunque no prestemos atención a los anuncios, éstos de forma inconsciente, ocupan un espacio en nuestro cerebro, y en la mayoría de las ocasiones terminan condicionándonos inconscientemente en muchas de las elecciones de consumo que hacemos. Por otra parte, privaremos a las grandes empresas de su poder de incitación al consumo y pondremos fin a su capacidad de manipulación de nuestros deseos y necesidades.

Paralelamente, intentaremos no dar audiencia a los programas de TV basura ni a los noticiarios que difundan principalmente calamidades, atentados y crímenes. Tampoco nos ayuda ver películas cuya trama se desarrolla junto a escenas violentas y sangrientas o las que transmitan antivalores. En la mayoría de los casos, el exceso de noticias sobre violencia, robos, asesinatos, tragedias y destrucción que nos muestran los programas informativos, y sobre todo la forma en que los presentan, nos producen desasosiego, indignación e impotencia, pues generalmente nada podemos hacer y de poco nos sirve conocerlos; más bien, nos suelen generar miedos y preocupaciones. Evidentemente, no podemos ni debemos huir o rechazar tales noticias, pues nos muestran el lado oscuro de la naturaleza humana que no queremos conocer.

Podemos buscar otras vías para informarnos de las noticias de actualidad, que nos presenten la realidad que sí nos interesa conocer y que además nos estimulen a actuar, como, por ejemplo, haciéndonos ver la raíz de los graves problemas que aquejan a la humanidad, para así poder tomar decisiones eficaces. Veamos únicamente, emisiones televisivas que nos den conocimientos útiles, que nos hagan más despiertos y nos estimulen interna y espiritualmente. Demos audiencia a las emisiones y publicaciones que nos transmitan confianza, y a las que nos aporten conocimientos que nos sirvan para entender y solucionar los problemas de actualidad. Prestemos atención a la información verdaderamente importante para nosotros, a través de la TV y radio cultural, magazines científicos, reuniones, cursos, conferencias, libros, charlas entre amigos, Internet, etc.”. Pero también, es importante que cada día dejemos espacios para la introspección a través del silencio, la meditación, la contemplación serena, la oración, paseando o ejercitándonos solos en un parque o entorno natural, …

A modo de corolario dejo la siguiente reflexión personal: “En la Tierra, unos pocos ejercen el poder sobre todo el planeta porque acaparan la casi totalidad del conocimiento, pretendiendo mantenernos a la gran mayoría en la casi total ignorancia. Pero no es menos cierto (y a esto ayuda mucho internet) que cuando otros pocos de esa gran mayoría accedemos a los conocimientos más relevantes, y estos son compartidos, entonces se democratiza el poder, que tarde o temprano perderán esos pocos”. Por tanto, puedo afirmar, sin riesgo a equivocarme que: El poder de “los de arriba” depende fundamentalmente del conocimiento de cuán ignorantes son “los de abajo”.

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