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El bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba se remonta a 1960, tras el triunfo de la Revolución Cubana liderada por Fidel Castro.
Por Javier Guijarro | 2/02/2026
Tras más de 60 años de bloqueo criminal por parte de Estados Unidos, la administración Trump ha intensificado sus medidas contra Cuba. El 29 de enero, el presidente estadounidense firmó una orden ejecutiva que declara una emergencia nacional y establece un mecanismo para imponer aranceles a las importaciones de bienes provenientes de países que suministren petróleo crudo o productos derivados a la isla caribeña. Esta acción, que el gobierno estadounidense justifica como una respuesta a las «acciones y políticas malignas» del gobierno cubano, representa una nueva fase en la estrategia de presión imperialista, afectando directamente el bienestar de la población cubana al agravar una crisis energética ya profunda.
El bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba se remonta a 1960, tras el triunfo de la Revolución Cubana liderada por Fidel Castro. Durante décadas, esta política ha restringido el comercio, las inversiones y los viajes, con el objetivo declarado de forzar un cambio de poder e instalar un gobierno títere en el país. Sin embargo, organizaciones internacionales como las Naciones Unidas, lo han denunciado como una violación del derecho internacional y una forma de chantaje que ha causado sufrimiento humano innecesario. En los últimos años, Cuba ha dependido en gran medida de importaciones de petróleo de aliados como Venezuela y, más recientemente, México, para cubrir sus necesidades energéticas de aproximadamente 140.000 barriles por día. La interrupción de suministros venezolanos tras la agresión estadounidense ha exacerbado los apagones frecuentes, dejando a la isla en una situación precaria.
La orden ejecutiva de Trump autoriza a los secretarios de Estado y Comercio a implementar aranceles adicionales sobre bienes de cualquier nación que «directa o indirectamente» provea petróleo a Cuba, citando amenazas a la seguridad nacional estadounidense, aunque sin evidencia pública presentada. Esta medida se enmarca en una serie de acciones agresivas, incluyendo tarifas similares sobre importadores de petróleo venezolano, ruso e iraní.
Cuba ya enfrenta una crisis energética severa, con apagones que superan las 12 horas diarias en muchas regiones, afectando hospitales, el suministro de alimentos y la vida cotidiana. La imposición de estos aranceles podría cortar las líneas de suministro restantes, como las de México, que representaron el 44% de las importaciones cubanas de petróleo en 2025. Expertos advierten que esto podría desencadenar una crisis humanitaria, con impactos en la salud pública y la economía, exacerbando la escasez de combustible y electricidad. El presidente Trump ha declarado públicamente que «Cuba fallará pronto» sin estos suministros, sugiriendo que la medida busca forzar un cambio de poder.
El gobierno cubano ha reaccionado con vehemencia. El presidente Miguel Díaz-Canel calificó la medida como un intento de «asfixiar» la economía cubana bajo un pretexto «falso y sin fundamento», describiéndola como «fascista, criminal y genocida». El ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, la denunció como «chantaje y coerción», declarando una «emergencia internacional» y acusando a Estados Unidos de buscar un bloqueo total al combustible.
México, el principal proveedor actual, se encuentra en una posición delicada. La presidenta Claudia Sheinbaum ha advertido que los aranceles podrían provocar una «crisis humanitaria de gran alcance» en Cuba, afectando hospitales y suministros básicos. Aunque México ha pausado temporalmente envíos de petróleo, Sheinbaum enfatizó que las decisiones son «soberanas» y que su gobierno buscará canales diplomáticos con el Departamento de Estado estadounidense para aclarar el alcance de la orden y explorar formas de ayuda humanitaria. Sheinbaum reiteró la solidaridad con el pueblo cubano, pero priorizando la estabilidad económica mexicana, altamente dependiente del comercio con Estados Unidos.
Esta política de Trump no solo intensifica el aislamiento de Cuba, sino que también presiona a naciones soberanas como México, arriesgando relaciones bilaterales y posibles retaliaciones comerciales. Si bien la medida podría forzar concesiones de La Habana, también resalta las críticas a las políticas unilaterales de Estados Unidos, que han sido condenadas por la comunidad internacional durante décadas.
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