Die Linke gana en Berlín con una campaña centrada en la vivienda y no en cuestiones identitarias

Ese anclaje en lo material contrasta de forma evidente con otros comicios recientes en los que Die Linke había pagado un precio alto por diluir su mensaje en debates identitarios.

Por David Hurtado | 21/09/2026

Die Linke ha logrado este domingo en Berlín un resultado histórico al situarse como primera fuerza en las elecciones al Abgeordnetenhaus, con un 25,7 por ciento de los votos, más del doble de lo obtenido en 2023. El giro no se explica por un cambio coyuntural del electorado berlinés, sino por una decisión estratégica clara: recentrar el discurso en las condiciones materiales de la clase trabajadora y, de forma muy concreta, en la falta de acceso a una vivienda asequible.

Elif Eralp convirtió la crisis del alquiler en el eje de toda la campaña. Repitió una y otra vez que ese era el mayor problema social de la capital, que familias enteras quedaban atrapadas en pisos diminutos y que las grandes inmobiliarias habían convertido el derecho a techo en un activo especulativo.

La propuesta estrella —avanzar en la socialización de unas 220.000 viviendas de grandes empresas, en línea con el referéndum de 2021— no era un adorno ideológico, sino la respuesta directa a una ciudad donde el metro cuadrado de un nuevo contrato de alquiler se ha disparado y donde casi la mitad de los berlineses identifica la vivienda como su principal preocupación.

Ese anclaje en lo material contrasta de forma evidente con otros comicios recientes en los que Die Linke había pagado un precio alto por diluir su mensaje en debates identitarios, incluida la cuestión de género. En aquellos ciclos el partido se alejó de una parte de su base tradicional y de sectores populares que esperaban respuestas sobre salarios, alquileres y coste de vida. En Berlín, en cambio, la candidata evitó que esas discusiones monopolizaran la agenda. El resultado ha sido el mejor de la historia de la formación en la capital y la primera vez que se sitúa por delante de la CDU en unas elecciones regionales berlinesas.

El voto joven ha sido decisivo para sellar esa victoria. Por primera vez podían votar los de 16 y 17 años, y entre los menores de 25 años Die Linke se ha disparado hasta cifras cercanas al 43-47 por ciento, con resultados todavía más altos en la franja de 25 a 34.

Esa generación, que entra al mercado de la vivienda en las peores condiciones de las últimas décadas, ha respondido a un discurso que no les hablaba de abstracciones culturales, sino de si podrán o no seguir viviendo en su ciudad.

La participación general también ha subido con fuerza, hasta el entorno del 74 por ciento, lo que indica que el mensaje no solo movilizó a los ya convencidos, sino a un electorado más amplio harto de ver cómo el salario se queda corto frente al recibo del alquiler.

Ahora Eralp deberá traducir esa mayoría relativa en una coalición, muy probablemente con Verdes y SPD, y demostrar que el giro material no se queda en la campaña. Pero el dato político ya está sobre la mesa: cuando Die Linke habla de vivienda, de salarios y de quién se queda la ciudad, recupera terreno; cuando se pierde en otras batallas, retrocede. Berlín acaba de confirmarlo con claridad.

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