Despierta, gallo rojo

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Por Daniel Seixo

«Hay un punto en este túnel, el punto al que acabamos de llegar, donde dobla y no se ve la luz del final ni tampoco la ves si miras atrás. Un par de pasos hacia el frente y brilla la luz y un par de pasos atrás y un vistazo por encima del hombro y es la misma historia. Pero aquí, justo en este punto: esto es el limbo. Da la sensación de que si te quedas demasiado tiempo en este punto, si te detienes en este punto del olvido durante cierto tiempo, sencillamente dejarás de existir.»

«Reflexionando, pensó que era mejor hacer historia que estudiarla.»

Irvine Welsh

«No hay teoría revolucionaria sin práctica revolucionaria y viceversa.»

Lenin

Nueve, quizás diez o incluso once horas de jornada laboral, porque los convenios y los pactos en ministerio están muy bien, pero no quitan el hambre. Sudor frío en la espalda y manos dormidas, cansancio corporal general, las piernas adormecidas y la cabeza activa. Y es que en realidad la cabeza lleva demasiado tiempo sin dejar de estar activa, pero como en otra parte, en otra realidad muy distante a la que ahora pisan tus pies. Quizás esa sea la única forma de sobrevivir un día tras otro en tu pellejo. Quizás sea la única forma de seguir remando. Cuando uno termina su tarea, tan solo queda dirigirse a vestuarios, cambiarse la ropa y si queda ánimo dirigirse a casa o en su defecto al bar. Para muchos un nido del vicio y la perdición, para muchos otros simplemente lo más parecido a un refugio social. Tras el trabajo a pocos nos espera una familia modélica en casa, una buena cena y charlas sobre la política nacional o los cotilleos de la jet set. Nuestra vida no se trata del reflejo de una familia moderna y acomodada, ni tampoco de alguna otra serie de Netflix o HBO. Se trata de cansancio, hastió, se trata demasiados días de un derrotismo que nos arrastra sin tregua a la apatía y la indiferencia. Lo sé, no soy estúpido, la indiferencia es gasolina para el avance reaccionario, sé que no es el camino, ni la solución… Pero, ¿acaso a vosotros os quedan fuerzas?

Durante demasiado tiempo soñamos algo distinto a lo que habían vivido nuestros padres. Deseosos de escapar de la rutina diaria, los hijos, el barrio, la monotonía… Y quizás también de la seguridad. Cuando el riesgo parecía sinónimo de éxito asegurado en el resurgir del capitalismo, la estabilidad laboral tan solo suponía una condena en vida. La realidad de nuestros padres nos parecía una jodida cárcel anclada en un mundo con fecha de caducidad. Pero hoy, cuando todo aquello ha quedado demasiado lejos e inalcanzable en un futuro cercano, las alternativas ya no parecen tan apetecibles como en aquellos malditos anuncios. Nadie sonríe cuando solo puede permitirse comer en un McDonald’s.

A la mierda la falsa izquierda, a la mierda vuestro arriba y abajo, vuestras castas y toda la palabrería barata con la que queréis soterrar para siempre la lucha de clases y nuestra conciencia obrera

La reconversión industrial, unos sindicatos vendidos a la patronal y todos esos políticos nos dejaron tirados, las bocinas de las fábricas se apagaron al ritmo que las ETTs y una batería de anglicismos lograron transformar el entorno laboral en un jodido experimento social en el que sus sonrisas ocultaban nuestro fracaso. Un ejército de niñatos universitarios con un sueldo de mierda y un ego por las nubes ocuparon sus puestos para disminuir los nuestros, todos pasamos a ser dispensables, explotables, invisibles. Reestruturación de plantilla. Ya no importaba el trabajo bien hecho, ni la clase social, ni la solidaridad. En las negociaciones tu culo es lo único que importa. Un día más con sueldo, un mes sin números rojos, toda una vida sometida por ello. Por un salario de miseria y la espada de Damocles eternamente suspendida sobre tu cabeza. Nos dispersamos, nos vendimos, lo supieron aprovechar y ahora la mierda nos llega al cuello.

Disculpen ustedes si el lenguaje no es el adecuado, pero al carajo, saben, eso es parte intrínseca de lo que no soporto de todo esto, su maldita corrección política, la necesidad de no levantar la voz aunque te estén pisando el cuello, sus buenos modales para joderte vivo y la sonrisa complaciente que esperan como única respuesta. La corrección política es un privilegio de clase y nada me hace pensar que nosotros, curritos, estemos en disposición de poder permitírnosla. Es fácil sonreír cuando no es tu culo el que se queda en el paro, es fácil ser amable cuando no es tu casa la que están desahuciando, es fácil ser pacífico cuando no es tu familia la que pasa hambre. Pero cuando es tu pellejo el que está en juego, cuando es tu desesperación la que hace arder tus venas, las palabras bonitas, los discursos ordenados, son tan solo un burdo complemento. No me entiendan mal, a todos nos encanta una buena y ordenada oratoria, pero cuando desde sus púlpitos academicistas o partidistas, ajenos totalmente a nuestro barrio, todas las palabras suenan a engaños, cuando su nueva clase social se dibuja en la cara y las mentiras suenan a escupitajo sobre nuestra realidad, un buen golpe de racionalidad y rabia nunca debe ser desdeñado. No contéis con mi apoyo cuando criminalizáis a los piquetes, cuando protegéis al esquirol o santificáis a los ministros que pactan con el diablo migajas para el pueblo. No contéis con mi boba sonrisa cuando la policía cargue y los medios lo justifiquen, no miraré para otro lado frente a las colas del hambre, la pobreza que avanza como una plaga por nuestros barrios o ese maldito columnismo pijo que solo busca subir un escalón en esta carrera de servilismo demencial a la que llamáis prensa generalista. Escalar, cueste lo que cueste, caiga quién caiga. Son la misma escoria clasista y oportunista de siempre, pero hoy ya no logran engañarnos.

Mientras toda esa panda de desclasados celebran y se congratulan por ver nuestros barrios convertidos en una copia barata de algo que un día quisieron ser, tú no puedes parar de preguntarte qué narices ha pasado. Da igual donde mires, tu bar de referencia hace tiempo que ha cerrado por la poca clientela, las deudas y la presión de la casera, ocupando ahora su lugar una cafetería sin alma, sin clientela fija y con unos precios prohibitivos. Incluso un Gin tonic o una birra parecen en la actualidad un examen de de clase, un complemento de tu propia marca personal con la que presentarse en sociedad ante el mundo. Porque realmente ni siquiera el tono de las charlas con los compañeros de trabajo importan demasiado, solapadas por el último éxito de C Tangana sonando en el hilo musical que caracteriza el ambiente, similar a cualquier otro bar en cualquier punto de la ciudad. Incluso una panadería o una de esas lavanderías minúsculas podrían pasar en nuestros días por un bar si te bebieses una cerveza al ritmo de “El madrileño”. La soledad parece reinar entre la multitud, completando el panorama de un espacio sin alma que realmente parece absorber a la corriente inerte que un día llamamos pueblo. Si es viernes, quizás intentes echar un polvo con el que aliviar un rato de soledad, regresar a casa y subir las escaleras de ese lugar en el que almacenas tu cuerpo y al que llamas hogar. Pared con pared con un tipo igual que tú, pero al que no conoces, con el que apenas intercambias un saludo rutinario mientras sacas a pasear al perro o te diriges al trabajo. Esa es tu vida, ¿o quizás la suya?

No se trata de nostalgia por el pasado, no se trata de extrañar en tu cuerpo las costuras rotas del trabajo de sol a sol de tus padres, ni tampoco de querer regresar a una España gris, católica y fascista. No se trata de nada de eso, solo un auténtico imbécil puede hablar de nostalgia cuando lo que urgentemente echas en falta es aire, simplemente poder respirar un día sin temer por tu próximo paso, sin jugarte el futuro en cada movimiento. Sin tener que demostrarte que vale la pena seguir vivo. Desde la comodidad de sus despachos, sus ordenadores y su oratoria sin sentido, nos hablan de las miserias de una modernidad ya pasada, como si nuestros cuerpos, nuestros barrios o nuestras familias no supiesen lo que supuso aquello. Pretenden narrarnos nuestra historia abstrayéndose de nuestro propio protagonismo, marcado a fuego en nuestra clase social. No nos vengan con la mierda del obrero blanco, el machismo o la homofobia como algo intrinseco a nuestra experiencia y nuestra lucha. En nuestros barrios siempre hemos remado por los derechos de todos y todas, en comunidad pese a los imbéciles a los que ustedes quieren convertir en norma. En nuestros barrios siempre hemos mirado al frente y al futuro sin importar otra cosa que la solidaridad y el trabajo, pero hoy vuestra lucha es un concurso entre privilegiados, un circo de la diversidad en la que el obrero blanco, negro, asiático o mestizo, sigue bajo vuestra suela, en la que la libertad carece de base material y vuestro discurso penetra nocivamente para envenenar nuestros odios. No se trata de que las palabras cambien el mundo, se trata que tras arrebatarnos todo, tras alienarnos incesantemente con vuestro dominio de la imprenta y las televisiones, ahora también pretendéis cambiar nuestra forma de pensar, nuestra forma de luchar y comunicarnos. Nuestra derrota material es previa a vuestra ofensiva propagandística. Nuestra miseria ha sido el abono del germen de la prestidigitación que fomenta vuestros sueños de alcanzar un ascensor social que ya no existe. Si es que realmente alguna vez lo ha hecho en este sistema.

Por eso a la mierda esos medios independientes plagados de niños bien que solo buscan ser los nuevos yuppies de la progresía. A la mierda vuestros talleres inclusivos a 500 euros la videollamada. A la mierda esos políticos aburguesados que pretenden convertir en un asunto nacional los problemas de convivencia con la vecindad que han elegido, pasando por alto los problemas de nuestros propios barrios. A la mierda porque aunque obviamente no apoyamos a esos malditos fascistas que os acosan, estamos seguros de que no habrían puesto un pie en Vallecas. A la mierda vuestro “camarada” otanista que bombardeó Liba y a la mierda Monedero y Echenique. No se puede ser tan jodidamente ridículo y pretender ser salvación del movimiento obrero. A la mierda el PSOE, porque con Sánchez o González seguirán siendo casta, tal y como nos dijeron los mismos que hoy pactan con ellos. A la mierda La Sexta, tu cadena progre con accionistas de marcada ascendencia fascista. A la mierda Ferreras y Ana Pastor, una muestra de periodismo basura inclusivo, lo mismo sucede con Claver e Inda, ambos fijos en vuestra parrilla informativa de «la cadena de izquierda». A la mierda quienes privatizaron Bankia de nuevo y a la mierda el ataque a lo público disfrazado de libre competencia contra nuestra red ferroviaria. A la mierda la UE. Sí, a la mierda la UE porque lejos de ser una unión entre pueblos, supone una cárcel que día a día se torna pesadilla, una institución genocida que se cobra vidas en el Mediterráneo, en Siria o en Libia. A la mierda la UE porque realmente vosotros tampoco creéis ya en ella, aunque la seguís protegiendo pese a sus crímenes solo por lograr sentiros parte de Europa, por vuestra inculta vergüenza de provincianos que tema la mirada del explotador alemán o el represor francés. A la mierda la eterna busqueda de aprobación del poder económico. A la mierda Trump, a la mierda Biden y a la mierda cualquier moda identitaria o activista que provenga de Washington. A la mierda vuestro falso cinismo, los porteros fascistas y mal pagados que no nos dejan entrar en ese pub de moda por nuestras pintas, el clasismo que avanza por nuestros barrios y tu último novio machista y trapero. A la mierda también la que se va de feminista y habla de sororidad mientras te tilda de TERF por no compartir sus ideas o el discurso oficial de un ministerio con más presencia en Vogue que en la Rosario de Acuña. A la mierda el gusanero cubano o venezolano que habla de libertad, pero solo sueña con unos calzoncillos de marca y asemejarse a Bad Bunny. A la mierda la trampa de la democracia burguesa en la que gane quién gane, gobierna Endesa, Florentino, Amancio o la princesa. A la mierda todos ellos porque por su ostentación muchos vivimos hoy con un pie directamente en la miseria.

La corrección política es un privilegio de clase y nada me hace pensar que nosotros, curritos, estemos en disposición de poder permitírnosla

A la mierda todos esos académicos frustrados que pagan su mediocridad con sus alumnos y con el mundo, codificando la nada y el inmovilismo en un rebuscado lenguaje que pretende circunscribir a su propio mundo perdido entre despachos el acceso al conocimiento. A la mierda ellos y los fracasados que sueñen ser como ellos. A la mierda el rey, la monarquía y los jueces que atentamente juran protegerla mientras exculpan a un violador cuando la víctima no ejerció demasiada resistencia. A la mierda el régimen del 78. A la mierda, sí, a la mierda. Especialmente dedicado para todos aquellos que nos quieren atar a su herencia pactista con un peso el cuello dibujado en todos esos que ayer traicionaron a quienes levantaron la voz contra la estafa y hoy lo hacen contra quienes abren los ojos para luchar por una verdadera democracia. A la mierda quienes especulan con el precio de la vivienda mientras mueren de frío personas en nuestras calles. A la mierda los pisos turísticos y los jeques que viven en nuestras costas la vida que niegan a sus súbditos. A la mierda un país dividido entre camareros y niños de alta cuna que viven de la renta de sus apellidos, aunque lo maquillen con un master en alguna universidad privada que funciona como agencia de colocación. A la mierda la banca y su estafa continuada, a la mierda la tauromaquia como vergüenza y gran chiringuito de España. A la mierda Vox, Abascal y quienes le siguen la jugada para ganar un par de votos. A la mierda los intermediarios en el campo, en la ciudad y en la bolsa, a la mierda vuestro sistema económico, vuestro sueño americano y la mierda Rallo y todos esos niñatos que se creen Leonardo DiCaprio esnifando polvos de talco y dominando el mundo. A la mierda los Youtubers y por supuesto a la mierda El Rubius. A la mierda la progresía siempre reaccionaria en Venezuela, Siria, Cuba, Bielorrusia, China o cualquier país que sea considerado enemigo por Estados Unidos. A la mierda los lamebotas del imperio. A la mierda los racistas en el metro, en el trabajo y quienes explotan a los temporeros. A la mierda quienes en Altsasu le dieron la espalda al pueblo. A la mierda el putero, el explotador reproductivo y el que ve en sus deseos una prioridad frente a los derechos de todas las mujeres. A la mierda Alaska y Mario, Pedroche y David y vuestra nueva movida madrileña. A la mierda mercantilizar los cuerpos, el sexo e incluso el amor. A la mierda los que condenan a Stalin y reniegan de la URSS, pero dicen combatir el fascismo.

A la mierda la falsa izquierda, a la mierda vuestro arriba y abajo, vuestras castas y toda la palabrería barata con la que queréis soterrar para siempre la lucha de clases y nuestra conciencia obrera. A la mierda el fin de las ideologías y vuestros disfraces. A la mierda seguir aguantando a cualquier jodido pijo dando lecciones en el seno de la izquierda. A la mierda tu mono pintado por 500 euros y tu sujeto revolucionario entrelazando los brazos con Greta Thunberg para ocultar tras esa inmesa pantomima los verdaderos problemas del obrero. A la mierda tanto vende obreros en Prime Time. A la mierda porque cuando los focos no iluminan, no hay diferencia entre ellos y la bancada de la derecha. A la mierda pedir perdón por ser comunista, a la mierda vuestra corrección política. Y a la mierda vuestras críticas a este artículo. A la mierda vosotros, los indiferentes y a la mierda todo aquel que aquí no he incluido, pero se lo merezca. Estamos cansados de vosotros y alguien tenía que decirlo.


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11 Comments

  1. A la mierda quienes creen que un estado mal llamado obrero, ya que fue de clase, como la URSS es modelo de bienestar. A la mierda el aplastamiento de todo movimiento libertario ajeno al partido que hubo en su seno. A la mierda toda la corrupción que un estado por sí mismo genera.

    Hala, a la mierda 😉

  2. «… traicionaron a quienes levantaron la voz contra la estafa y hoy lo hacen contra quienes abren los ojos para luchar por una verdadera democracia. »
    Mientras no cambiemos la oligocracia de partidos por la democracia de verdad poco futuro hay.
    El pueblo español no tiene libertad política, en las elecciones no elegimos sólo refrendamos lo que otros han elegido; ahí está el engaño del sistema.

  3. … la palabrería de siempre, además de obsoleta, cargada de odio y rencor que solo conduce al desastre… callaros de una vez y demos paso al Hombre de Buena Volundad…

  4. Demasiada mierda, para no hacer nada, hoy todo el mundo escribe, pero sólo los pensionistas siguen dando el cayo todos los días, esto ya demostraron lo que es trabajar, y siguen luchando, ¿Donde están los parados? y futuros pensionistas, donde están los sindicatos luchando contra esas ETTs , del sevillano,se hace camino al andar, estaré en la pza. s. Marcelo el Lunes.

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