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Entrevistamos a Ximena Borrazás, quien concibe la fotografía ‘como una herramienta para que ocurran cambios reales en las sociedades’.
Por Isabel Ginés | 8/09/2025
La fotógrafa documental Ximena Borrazás ha recorrido escenarios de guerra en Ucrania, Siria o Etiopía para visibilizar a quienes quedan silenciados por la violencia. Con un estilo que combina periodismo y narración, defiende que la fotografía es más que una imagen: es un puente entre el dolor y la conciencia colectiva, una herramienta para interpelar y transformar.
Ximena, ¿cuál fue el momento exacto en el que entendiste que la fotografía podía ser tu camino vital y no solo un pasatiempo?
Diría que fueron 3 momentos; los 2 primeros enseguida de acabar cada uno de los cursos de fotografía que hice y el último fue mientras estaba desarrollando mi primer proyecto documental, “Los fantasmas del Gótico”.
Siempre utilicé las redes sociales como mi principal plataforma para contar historias de manera frecuente. Cada fin de semana iba al barrio Gótico de Barcelona a entrevistar personas sin hogar y luego publicaba su foto con su biografía en mi Instagram.
Un día una persona a la que yo no conocía me habló por mensaje privado diciendo que por las historias que publicaba le había cambiado la percepción de los sin techo y que ese día (era invierno) había conversado con el chico sin hogar que vivía en la esquina de su casa, que le había comprado un café caliente y le había preguntado su nombre. Ahí entendí que quería hacer eso para siempre.
Has definido tu estilo como periodístico/documental. ¿Dónde trazas el límite entre informar y narrar?
Creo que no hay un límite entre informar y narrar, las 2 cosas se acompañan una de la otra.
Sin información que de contexto de lo que sucede en el lugar es muy complicado narrar algo y sin la narración de una historia que humanice y genere empatía la información es fría y no llega a nadie.
¿Qué responsabilidades éticas sientes al estar detrás de la cámara en medio de conflictos tan duros?
La de nunca generar expectativa. Para mi esto es fundamental y siempre antes de empezar a entrevistar aclaro quién soy y en esa aclaración viene lo de que yo no puedo ni les voy a cambiar la vida porque por desgracia no tengo el poder para hacerlo.
Alguna vez sentiste que no podías apretar el obturador, que había una línea que no podías cruzar?
Alguna que otra vez sí, en algunos momentos de funerales sobre todo.
En contextos de violencia extrema, muchas veces el silencio es cómplice. ¿Sientes que tu cámara es una forma de romper ese silencio? ¿Qué poder real crees que tienen tus fotos frente a la maquinaria del poder y la propaganda?
Una foto siempre es una forma de romper el silencio, si eso no fuera así no existiría ningún fotoperiodista freelance. El poder, hablando del impacto dependerá de qué nos cuente esa imagen y de cómo interpele al que está detrás del papel o de la pantalla.

Te fuiste por tu cuenta a Ucrania cuando estalló la guerra. ¿Qué te llevó a tomar esa decisión tan arriesgada? Cuéntanos cómo fuiste, tu experiencia y aprendizaje.
No puedo explicar con palabras qué me llevó a estar allí, simplemente sentí la necesidad de ir. Primero estuve en la frontera entre Polonia y Ucrania, unos 6 días con los refugiados y después entré varias veces al país a diferentes zonas.
¿Cuál fue la escena más difícil de registrar en Ucrania, Siria o Etiopía?
Muchas, no podría elegir sinceramente.
¿Cómo se procesa emocionalmente volver a casa después de convivir con tanto dolor y violencia?
Es muy difícil porque cada vez que vuelves a casa eres una versión diferente de ti mismo y eso hace que, por lo menos en mi caso, choques con el entorno. Es muy complicado porque eres consciente de que tú te tienes que adaptar al mundo y no al revés pero cuesta mucho.
Alguna historia en particular se te quedó grabada de manera imborrable?
Todas pero diría que las de las mujeres de Tigray o la de Mohammad en Ghouta, Siria.
Tigray empezó como un interés periodístico y se convirtió en un proyecto personal. ¿Qué significa eso en tu trayectoria? Mucha gente no sabe que ocurre podrías desde tu mirada contar un poco.
Tigray es una región ubicada en el norte de Etiopía en donde se libró entre el 2020 y el 2022 lo que se considera como la guerra más sangrienta del Siglo XXI.
Más de 600.000 personas fueron asesinadas, más de 1 millón de personas tuvieron que abandonar sus hogares de manera forzosa y se estima que al rededor de 120.000 personas fueron sometidas a violencia sexual.
Se convirtió en un proyecto personal porque las mujeres y niñas supervivientes de violencia sexual viven un sufrimiento indescriptible a las sombras de la agenda internacional y siento la obligación de mover todo lo que esté en mis manos para que ese dolor se alivie un poco.
Sería mucho más sencillo pensar “ok mi trabajo es solo hacer fotos y publicarlas”, pero sinceramente no puedo hacer eso.
En muchos de tus proyectos, las mujeres y las víctimas de violencia sexual ocupan un lugar central. ¿Por qué es tan importante visibilizar esas voces en particular y qué has aprendido de ellas?
La pregunta es ¿por qué no sería importante hablar de ello? La violencia sexual es una de las armas de guerra más antiguas. Las personas no solo sufren brutales heridas físicas, sino también heridas psicológicas. Nuestro deber como periodistas o fotoperiodistas en mi caso es informar y destapar injusticias, pero, también tender puentes entre el sufrimiento de personas y aquellas que tal vez pueden hacer algo para ayudar.
En un mundo saturado de imágenes, ¿qué hace que una foto tuya sea distinta y pueda interpelar a la gente?
Eso lo tiene que valorar la audiencia, yo puedo decir el concepto de que lo sería una imagen que impacte. Básicamente es aquella que cuenta algo y remueve conciencias.
Las guerras siempre se cuentan en cifras: muertos, desplazados, desaparecidos. Pero tu lente busca a las personas detrás de esos números. ¿Cómo encuentras esos rostros y esas historias en medio del caos?
Dentro del caos todo sucede muy rápido y para encontrar esas historias hay que detenerse, hay que tomarse tiempo y observar.
Tus trabajos se publicaron en medios de enorme prestigio, pero también creaste The Speaker para narrar historias fuera de la agenda. ¿Qué te aporta esa doble experiencia?
Hace tiempo no estoy vinculada a The Speaker.

Qué pueden aportar las redes sociales al periodismo de investigación y a la fotografía documental?
Muchísimo. Tengo background de Marketing y supongo que por eso me siento más cercana a las redes.
En mi caso siempre las he utilizado como aliadas para humanizar no solo el trabajo sino también mostrar lo que sucede detrás de escenas. Las redes sociales son muy buenas y muy malas dependiendo de cómo las uses.
Cuando miras hacia atrás, ¿hay una imagen que hayas tomado que sientas que te cambió para siempre la manera de mirar la guerra y la condición humana?
Sí, las radiografías de Tigray. Me cambió no solamente el concepto de lo que es o no es una fotografía sino también me ayudó a comprender cómo impactar e interpelar a las audiencias que al fin y al cabo, es lo más importante.
A lo largo de la historia, hubo fotografías que lograron detener guerras o despertar conciencias. ¿Sueñas con que alguna de tus imágenes tenga ese impacto, o crees que hoy la fotografía cumple otra función más íntima, más silenciosa?
Sí, sueño con eso, por eso sigo apostando a sitios como Tigray que según muchos editores “no vende”. A mi no me importa que venda o no venda, a mi me importa que se apueste por historias que el deber moral como seres humanos debería marcar que hay que hablar de ellas.
No quiero ser una fotógrafa, quiero ser más que eso, quiero usar la fotografía como una herramienta para que ocurran cambios reales en las sociedades que documento. Hay muchas personas, dentro del entorno, que critican esto y hablan de que solo se hace por el ego, yo creo que más que ego es por valores y por humanidad. Si yo fuera una mujer violada en masa de Tigray muriéndome de hambre en un campamento de refugiados me gustaría que exista gente que se preocupe, de verdad, de que mi historia trascienda y que intente, a través de todos los medios, de que la gente que sí tiene el poder de cambiar mi situación tenga la información frente a sus ojos para que luego no diga que no lo sabía.
¿Qué sueños o metas te quedan por cumplir como fotógrafa documental?
Muchos, esto recién comienza.
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