¿Continuaremos siendo la España sometida?

Por Víctor Chamizo

En cualquier democracia SERIA del mundo, lo acontecido en España con el caso de espionaje a un líder político, con objeto de utilizar dicha información para tomar ventajismo político, habría provocado tal terremoto político que habría desencadenado un rosario de dimisiones y otro tanto de detenciones policiales.

Aquí, no. Ningún partido se ha dignado siquiera a solicitar la comparecencia de los implicados en tales desmanes.

La razón estriba en que en las democracias serias, la ciudadanía tiene la suficiente cultura democrática y la dignidad suficiente como para no soportar que la engañen. Por ello, una simple multa de tráfico puede dar lugar a que un ministro dimita.

Pero aquí, no. En nuestro país, raramente la ciudadanía se lee los programas electorales y suele votar por cierto tipo de afinidades hacia el candidato, que no suelen tener demasiado que ver con las cuestiones programáticas. Es eso que en tantas ocasiones se suele definir como “el carisma”.

Parece ser que una gran parte de los ciudadanos no ha entendido que no se hace política con “el carisma”, por eso luego llegan las decepciones y los desencantos, porque el tan cacareado carisma no es sino un globo que se desinfla cuando no hay una base programática sólida detrás.

Si nuestro país adoleciera de la cultura democrática necesaria, castigaría duramente a los partidos que han consentido y que han participado en el espionaje hacia miembros de otros partidos políticos utilizando el aparato del Estado. A Nixon y a su gabinete les costó su carrera política.

No sé qué sucederá el día 28 de abril, entre otras cosas porque, después de lo acaecido, ¿quién no puede sospechar que las elecciones no sean limpias? Pero si los ciudadanos no responden con contundencia ante la suciedad incrustada en las instituciones y a la manipulación del poder, estaremos perdidos, como país y como sociedad. Y estaremos aceptando implícitamente el sometimiento a una élite que controla el poder en todas sus facetas. Volveremos a ser un pueblo consentidamente sometido.


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