“Turquía siempre apoyó a los mercenarios yihadistas, como Daesh, desde el comienzo de la revolución del pueblo sirio -explica Muslim-. Turquía tiene su propio plan y su ambición es ampliar la frontera del Estado turco a Aleppo y Mosul, y cambiar la demografía en Kurdistán y Rojava”.
Los partidos políticos kurdos en Irán se encuentran dentro del arco opositor al régimen de Teherán. Pero sospechan que hoy en día no existe gobierno en el mundo que les asegure un apoyo real y concreto que permita resolver alguno de sus reclamos históricos.
Lo que separa Occidente de los BRICS no es una estrategia económica, no es la multipolaridad. Es quién no quiere el belicismo, quién no quiere paz, quién no quiere guerra comercial o el proteccionismo. Hay un bloque que quiere la guerra y el otro quiere defenderse de la guerra.
la propuesta ideológica del Movimiento de Liberación de Kurdistán, donde el PJAK participa, nunca fue visto con buenos ojos por la Casa Blanca, la Unión Europea (UE), Rusia, China y mucho menos por Turquía.
El caso kurdo no es distinto del de los genocidios armenio o asirio. 20 millones de ciudadanos turcos son kurdos, y tienen que soportar los efectos de una política que niega su existencia y que se está aplicando desde hace más de 100 años.
Las instituciones estatales también establecerán su presencia en Rojava, pero las administraciones locales existentes se mantendrán intactas, incluido el sistema de copresidencias (una mujer y un hombre) que caracteriza a la Aadnes.
El régimen de Al Sharaa -pese a sus promesas de respeto a los derechos de las minorías- y sus promotores en Ankara ahora tienen vía libre para destruir Rojava y deja caer toda la fuerza del Estado contra los pobladores kurdos.