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Entrevistamos a Bachir Edkhil, poeta, politólogo y Presidente del Instituto Alter Forum de Estudios Saharianos.
Por Héctor Bujari Santorum 14/10/2026
Bachir Edkhil fue uno de los fundadores del Frente Polisario y responsable del sistema educativo en los campamentos de Tinduf. Poeta y presidente del Instituto Alter Forum de Estudios Saharianos, fue uno de los «retornados» a Marruecos hace más de tres décadas.
Hoy sostiene posiciones polémicas en el campo saharaui: rechaza el término «saharaui», critica a la dirección del Polisario y apuesta por una autonomía dentro de Marruecos. Esta entrevista recorre su ruptura con el Frente POLISARIO, su lectura de la ley de nacionalidad, los informes del Congreso de Dajla y el debate sobre la autonomía.
Aviso a los lectores: como viene siendo habitual, el buen periodismo es independiente, no neutral. Es evidente que no comulgo con el invitado, pero estamos generando un precedente: es la primera vez que alguien con su trayectoria se sienta a responder sin filtros sobre las partes más incómodas de su propio relato. Esta entrevista no busca validar sus tesis, sino escucharlas, tensionarlas con rigor y desde el respeto, y dejar que el lector juzgue.
¿Qué es para usted ser saharaui?
Primero tenemos que diferenciar el término «saharaui» de «sahariano». Este término es un término nuevo para nosotros que ha sido desarrollado por el POLISARIO para diferenciar a una población del resto; por ejemplo, de los marroquíes, mauritanos o argelinos. En mi época, el Sahara se llamaba Saguia el Hamra y Río de Oro.
El término «saharaui» se refiere a la persona que procede del gentilicio «Sáhara». El Sáhara, como bien sabes, tiene unos 6,6 millones de kilómetros cuadrados, de aquí hasta Marruecos. Es decir: este saharaui podría ser un mauritano, podría ser un maliense también, podría ser un tío de Guelmim o podría ser, por ejemplo, de Tamanrasset.
Han ido siempre enarbolando la palabra «saharaui», con la que no me identifico realmente. Creo que el coronel que dirigió el censo del 74 lo definió correctamente en su libro para diferenciarlo: ¿qué diferencia hay entre los tíos que están, por ejemplo, viviendo en La Güera y otros que están viviendo en Nuadibú? Son de la misma tribu.
Entonces, pues, «sahariano» vale para todos. El «saharaui» realmente debían de ser las personas que estaban en la Provincia 53.
Claro, aquí estoy hablando de la historia. El problema no se limitó precisamente al saharaui este: se expandió a muchas más personas de todos lados y se convirtió, pues, en eso, en lo que conoces: una definición que nadie cuestiona y que se utiliza por todos lados.
Es un término impreciso. No es lo mismo que decir «un gallego», por ejemplo, o decir «un catalán». Los catalanes saben lo que son, están determinados; lo mismo ocurre con los gallegos, los vascos o los canarios: están determinados. El «saharaui» aquí es «el puro saharaui» por todas partes, y este es el tipo de problema. El tipo de problema es este, ¿entiendes? O sea, que cualquiera, por ejemplo, puede ser saharaui sin tener ningún papel y cualquiera puede empezar a hablar. Pues este es el problema.
Entonces, digamos, ¿usted cómo definiría a los autóctonos del territorio del Sahara Occidental?
Autóctonos… En España les llamaban autóctonos, es decir, «naturales», ¿entiendes? Saharianos, cosas así, ¿entiendes?
El tema de «saharaui» aparece a partir del 73, cuando se crea el POLISARIO. Y no solo eso, sino lo de «Sahara Occidental»: en la terminología del POLISARIO aparecía ya en el 75. Porque el propio Frente POLISARIO es el «Frente Popular para la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro», y aquí no hay «saharauis», no lo hay.
Simplemente, gracias a los maestros argelinos, se empezó a poner, pues: la República Arabe Saharaui Democrática, Sahara Occidental, Sahara Occidental… Se dice «Sahara Occidental» porque, en el tiempo de la colonización española y francesa, existía el África Occidental Española y el África Occidental Francesa; es decir, esa era la terminología que había.
Luego, ya le digo, pues apareció esto de «saharaui». Alguien te diría: «Yo soy saharaui». Bien, pero cuando empiezas a diferenciar ya entre este y el otro —un tío, por ejemplo, de Es Smara o de Guelta, con un tío que está en Mudraiga, que está solo a setenta kilómetros—, pues no hay diferencia: ni física, ni tribal, ni nada.
Entonces, esta confusión quizás sea una confusión intencionada, ¿no? Porque no se ha dejado a los autóctonos… Estos mismos autóctonos fueron los principales en la creación del POLISARIO. Había un movimiento antifranquista inicialmente que tenía la influencia de la izquierda española en aquel tiempo, porque los chavales que estudiaban en los institutos en El Aaiún y Dajla… los profesores eran represaliados, castigados, y casi todos eran de izquierdas.
Entonces, este movimiento, como la juventud de cualquiera en España, era un movimiento que se juntó con otros que venían de los países limítrofes. Y se creó el POLISARIO, inicialmente muy joven: eran chavales, el mayor de ellos tendría unos 28 años, algo así.
Desde el año 73 o más bien el 74, empezaron los conflictos. Si vas al Archivo Español en el año 75 (página número 58) vas a encontrar que hablan de este conflicto entre nosotros y ellos. ¿Quiénes somos «nosotros» y «ellos»? Pues los oriundos del territorio que había ahí, «nosotros», y los que venían de otro lado.
Entonces, ya por cuestión de no entendernos. Ganó la balanza de ellos metiéndonos a nosotros en la cárcel y matando a dos personas, ¿entiendes? Y ahi empezaron a insultarnos con «hijos del joder macho, hijos del español e hijos de tal»… Siempre hemos sido denigrados con este término, nos llamaban franquistas por el hecho de hablar español.
Nosotros no eramos franquistas ¿entiendes? Por venir de esta región, pues no nos querían; ellos eran los jefes y se nos han subido encima gracias al apoyo argelino.
Esto sigue hasta ahora en el interior del conflicto. La gente oriunda, incluso los que están en el POLISARIO, están en una segunda posición, no en la primera.
¿Por qué se afilió inicialmente, digamos, a la idea del Frente por la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro? ¿Por qué se afilió?
Yo soy uno de los fundadores; no me afilié a nadie. Este es otro de los errores también que he escuchado por ahí. Nosotros éramos un grupo que veníamos de El Aaiún, Dajla y Es Smara, y salimos del territorio en el año 73, en enero.
Teníamos un amigo —que era un amigo mío de la Legión Española, un oficial que desertó con nosotros— para prepararnos para la guerrilla. Teníamos intención de hacer una guerrilla. Ya sabes lo que había en aquel tiempo: las movilizaciones del 68 y el auge internacional que había en aquellos tiempos… y nosotros no nos sentíamos aislados de esas ideas.
Cuando nos reunimos en Mauritania, en Zouérat, con los otros que venían de Marruecos y los otros dos que venían de Argelia, pues, primero, nosotros creamos ese movimiento que era para echar al colonialismo, «entre comillas». Luego nos dimos cuenta de que éramos un engaño: ellos no querían echar al colonialismo ni nada, era otra historia.
Yo entonces tenía 18 años y pico de meses; era totalmente ingenuo, con ese aspecto juvenil y tal. No quiere decir que me arrepienta; no me arrepiento. Al contrario, yo jugué un papel y no me arrepiento de él tampoco, ¿verdad?
Entonces, la idea era una idea, como te digo, siguiendo esa línea. Acuérdate de que en 1970 había habido una sentada que fue dispersada con armas por la Legión y mataron a dos personas. Y eso inculcó en la mentalidad de nosotros, los estudiantes sobre todo en aquel tiempo, la repulsa de que efectivamente el franquismo no es paz, sino violencia.
Y ante eso, pues precisamente, caímos al POLISARIO porque ahí [en el territorio] no podíamos hacer nada, gobernados por militares también. Porque no había civiles que gobernaran: todo era el general Gómez de Salazar y otros, y todos eran militares.
Entonces, pues, surgió esa idea, cada uno también según su propia formación. En mi caso, por ejemplo, yo leí a Frantz Fanon en francés con un diccionario, una copia que me trajo un catalán, por ejemplo.
Entonces, pues eso, la idea nuestra era esta. Luego, a partir de eso, por mi familia… Por ejemplo, en la familia somos gente culta, pero también de guerrilla; tenemos una historia muy grande, no empezó con el POLISARIO.
Mi tío, que era el gran chej de la tribu nuestra, fue uno de los encarcelados en Fuerteventura durante dos años, y en aquellos años tenía 82 años. Mi hermano, que fue conmigo y era mayor que yo, participó en la Guerra de las Arenas y fue también fundador del POLISARIO. Tuvo un papel muy importante en la formación de ese primer grupo que primero se fue a Mauritania.
Entonces, pertenecemos a un sector, a una estirpe que tiene su historia jalonada con historias de estas. Y bueno, a lo mejor es la genética también…
Muchas de las cosas que hemos vivido allá, yo personalmente ni las creía; no creía que podían ocurrir esas cosas que hemos vivido allá.
También otra cosa que te quería preguntar, al principio hablamos sobre cuándo se fundó el Frente POLISARIO y demás: ¿en qué momento te saliste? O sea, ¿por qué se produjo esa salida?
Yo he sido el primer preso del Frente POLISARIO, tienes que saberlo. Yo era presidente del Comité Militar en los años 74 y 75. Después del Segundo Congreso salió El Uali Mustafa Sayed como Secretario General. Le han hecho un Golpe de Estado, lo han quitado; los del Comité Ejecutivo lo han quitado injustamente.
Nosotros, como militantes, lo que hemos sugerido al Comité Ejecutivo es que no tenían derecho a desbancar al Secretario General legítimo y que, si querían hacerlo, hicieran un Congreso (cosa que no hicieron). Entonces fue por defender la legalidad por lo que luego vinieron los argelinos, metieron a los militares, les apoyaron a ellos y a nosotros nos metieron en la cárcel.
El resultado de eso, fue en el año 75. Yo pasé toda esa época como te dije y, después del 75, El Uali muere en el 76. ¡Qué casualidad, ¿no?! Primero lo quitaron; luego nosotros lo devolvimos, no con violencia ni con nada, lo hemos devuelto nosotros como base (y eso está también en el archivo español que te dije). Luego lo enviaron y murió en Mauritania con un grupo de chavales.
Entonces, yo ya me sentía siempre entre la espada y la pared, porque vinieron mis familiares y no había otra alternativa: yo me quedaba ahí, pero me consideraban siempre un enemigo de la patria. No sé de qué patria hablan, porque algunos de ellos son marroquíes, y otros son mauritanos o argelinos… A los hijos de la Patria nos llamaban “hijos del joder…” como te dije…
Y he estado hasta el año 92, en el que dijeron: «Vamos a hacer un congreso de reconciliación». Me llevaron desde Barcelona para el congreso de reconciliación, que no fue reconciliación ni nada, Abdelaziz se presentó ante nosotros para decir que los 56 eran «mártires». Y yo dije: «Bueno, esto es un crimen y yo no voy a seguir más con esto».
Para mí la solución es la solución dentro de Marruecos, no fuera de Marruecos. Cuando Marruecos dice que el POLISARIO es separatista, se refiere a la dirección, que son todos nacidos e hijos de militares marroquíes, que no es mi caso. Yo no soy hijo de militar, mi padre es un chej; yo no vengo de fuera, no vengo de ningún sitio que no sea el Sahara original.
Entonces, esta guerra, apoyada por los señores argelinos, nos ha impuesto ahí un sistema, y ese sistema no funciona. Yo lucho por la libertad de las personas: primero la persona, la familia… Yo no creo en las sectas, soy anti secta. Todo aquello de «servir a un jefe porque lo dice el jefe»… yo no estoy de acuerdo con eso ni me presto a eso. Y este ha sido mi problema siempre con el POLISARIO: no les gusta que alguien tenga opinión propia. A pesar del esfuerzo que hemos hecho por ellos, pensábamos que podrían reconsiderar su trato a la gente, y no: nos han esclavizado en parte y ahora mismo nos siguen denigrando en internet llamándonos «traidores».
Nosotros no hemos traicionado a nadie; son ellos los que han traicionado a sus países de origen, son ellos los que han traicionado lo que hicimos nosotros y son ellos los que han traicionado a la gente donante de ayuda humanitaria, a la que le roban para comprarse casas. Yo no tengo casa en ningún sitio. Los que tienen casa en Tinduf, en España o en algún país americano son ellos. Ellos se han convertido esto en un chollo, en un fondo de comercio y a toda persona que ven con criterio propio le echan los perros.
A mí me han echado los perros siempre, a pesar de que «Frente POLISARIO» es un término, un acrónimo que escribí yo en español. Porque de los 23 tíos que había ahí, los únicos que hablaban español eran 3 y el único que tenía titulación española era yo.
Yo tuve que hacer eso desde el arabe y buscar un acrónimo. Imagínate tú: un fundador y de repente considerado el «traidor a la patria» por Abdelaziz, porque Abdelaziz es marroquí, hijo de un militar marroquí y por el otro que viene de sargento primero de Argelia, y el otro…
Aquí también tienes que entender que somos tribus y familias, y hay una lucha implícita. A los que tienen familia en todo este territorio, o los han matado o los han dejado en segunda posición. Encuéntrame a uno solo del Comité Ejecutivo, de los 7 mosqueteros, que sea originario totalmente del territorio, excepto Ayyub (que en paz descanse, era un tío fantástico y fueron obligados a ponerlo en el Comité Ejecutivo). Todos los demás vienen de otros países. Bien es verdad que son saharauis de la misma tribu que nosotros, pero en mi tribu también hay gente en Siria y gente en Arabia Saudita, en Mauritania; hay gente en todas partes. Esto no es una cuestión tribal, es una cuestión del derecho de una población determinada, y esa población está en el censo español. Esa es la población que tiene que opinar primero.
¿Qué piensas sobre la ley de nacionalidad?
Mira, se está armando mucho lío por lo de la nacionalidad. En primer lugar, la ley de nacionalidad no debe ser tratada como un trofeo político. No es un trofeo político. Esta concesión de nacionalidad lleva ya mucho tiempo en España; lo que están haciendo es renovar lo que ya estaba.
Hay muchos saharauis que tienen la nacionalidad. Ahora frente a la situación en la que están España y en este momento, y precisamente para mí eso es sospechoso, ¿sabes? ¿Por qué? Porque es un problema jurídico que ya estaba funcionando, estaba funcionando. O sea, ¿cuántas personas han sacado su nacionalidad en estos años? Muchos. Cuando traes la prueba —«Oye, mi carnet es este» o «El carnet de mi padre es este»— nadie te dice que no; la mayoría de las 30.000 personas que tenían carnet español ya tienen nacionalidad.
Pero ahora han convertido esto en un trofeo político diciendo: «Aquí estamos haciendo algo por el pueblo» y tal. ¿Pueblo? No. Eso no es «el pueblo» ni es el POLISARIO.
El gran perdedor, ¿sabes cuál es? Es el propio POLISARIO. A la mayoría de la cúpula no le concierne esta ley.
¿Cuánto tiempo hace que las Naciones Unidas piden que se haga un recuento de la población en los campamentos de Tinduf? Ahora ya se disipa automáticamente: «¿Tú de dónde vienes? ¿Y tú de dónde vienes? ¿Y tú de dónde vienes?». Porque el chollo de los campamentos, que están sufriendo, se ha convertido en un comercio, en un medio para conseguir mucho dinero en ayuda humanitaria, ahora ya no hay ayuda humanitaria… y la población de esos campamentos a veces es de otros países que se han ido metiendo ahí también.
O sea, imagínate tú mañana un grupo de guerrilleros con la nacionalidad española atacando a Marruecos… Eso ya es más grave, ¿no? Imagínate un grupo de estos con la nacionalidad española que diga: «Nosotros somos refugiados» Se les diría:«Tú ya no eres un refugiado, hijo. Tu ya tienes un país, y tienes que aplicar la ley en ese país, ¿o no?».
Entonces, lo que están haciendo ahora es un politiqueo, perdona la expresión, presentándose como si hubieran sacado algo totalmente nuevo. Eso ya lleva mucho tiempo y se ha aplicado en muchos tribunales: presentas el justificante y te dan tu nacionalidad. No es para 180.000, ni 200.000, ni 300.000 personas, eso es una mentira también; no es así.
No hay que alarmarse ni convertir esto en un acto heroico: son personas que nacieron en la provincia española número 53, las que nacieron en esa provincia. No los primos hermanos, ni las tías, ni las suegras, ¿eh? Son las personas que tienen un derecho natural porque nacieron bajo la bandera española y tienen derecho a recuperar ese pasaporte o ese carnet, nada más. Tampoco hay que publicar eso y convertirlo en una campaña diciendo que va a resolver el problema político o que va a sacar esto de las Naciones Unidas; eso es una mentira.
Para que vayan a hacer fiestas ahí diciendo: «Oye, hemos hecho esto…», ya estaba funcionando. Fíjate cuántas personas tienen nacionalidad española ahí, que están ahora mismo viviendo en el País Vasco o en otros lados, y hay otros que todavía no la han recuperado.
Lo más importante de esto es si progresa, porque todavía queda el Senado y se van a introducir modificaciones y todo eso… Eso al menos va a aligerar un poco que las personas que hayan depositado sus dossiers podrán recuperar su nacionalidad, porque muchos tardan años.
Sobre el Congreso de Dajla, ustedes han elaborado unos informes bastante detallados, según he podido saber, sobre la situación de derechos humanos y pesca ¿Cuál es su valoración de dichos informes y de la situación?
En esos informes está todo, nuestra opinión al menos. Habría que arreglar ciertas cosas y eso no depende tampoco del Gobernador, depende de la élite política. Hay una élite política en el Sáhara que debe de asumir su responsabilidad, porque tiene su parte de responsabilidad; eso es lo que queremos nosotros. Mientras no haya una élite que asuma su responsabilidad, siempre habrá estas cosas.
Cuando alguien se presenta a las elecciones, lógicamente debe traer su programa y a esta persona se la debe criticar o valorar según su propio programa y el cumplimiento de este. Mientras esto no se hace y las elecciones se convierten simplemente en una fase que no quiero mencionar precisamente, pues yo creo que es un problema de gestión, más que nada. O sea, el problema que tenemos hoy en El Aaiún o Dajla es un problema de gestión —lo he dicho en la prensa marroquí, ¿eh?—.
Hay un problema de gestión. Mientras que hay una planificación y hay dinero que viene del Estado Central, luego te encuentras con que tu propio hijo o hija no trabaja, el otro tampoco y el otro tampoco… pues dices: «Oye, aquí hay un problema que se tiene que resolver». Para mí esto no es nada del otro mundo, no es normal, pero es algo que surge cuando alguien es deficitario en su gestión, o porque al presentarse a las elecciones se presenta más por él que por la ciudadanía.
Lo que llaman democracia no es algo que cae con la lluvia, es un estado mental. Y este estado mental se aprende; uno tiene que aprenderlo en su propia esencia, en su propia vida, en su familia… No es decir: «Somos un país democrático». Bien, claro, ¿qué quiere decir un país democrático hoy en día? ¿Y cómo podría ser un país democrático, por ejemplo? Pues mira, si no se aplica la ley y cuando se aplica te dicen «no eres democrático»… Mira los países, por ejemplo, del Sahel: ¿qué es lo que está pasando ahí? ¿Es un país democrático o no democrático? ¿Un país independiente o no independiente? ¿Por qué están así?
Entonces, es muy fácil formular cosas y plantearlas cuando uno está en una casa bien ventilada, «Ven tú, a ver, enséñame tú». Hay unas cosas que son productos, ¿me entiendes? Date cuenta de que ha ocurrido una transformación impresionante, e incontable. No tenemos que estar siempre mirando el vaso medio vacío, hay que mirar también la otra mitad.
Cuando hablas de los derechos humanos: ¿qué es un derecho humano para ti? Cuando me hablas de derechos humanos en el Sahara, ¿por qué miras solo un lado y el otro no lo miras? Cuando hablas de derechos humanos y encuentras que algunos que están con sus manos ensangrentadas siguen pidiendo algo en nombre de los derechos humanos saharauis en pleno Madrid… ¿Qué es un derecho humano? Mientras prime la ideología sobre la aplicación de las leyes y sobre la normativa normal donde todas las personas deben vivir con decencia, aquí hay algo que falla en grande. Cuando alguien mata a alguien, por lo menos al juzgado o a la cárcel, ¿no? cuando alguien roba, también.
Pero aquí se necesita también otra cosa: se necesita una sociedad consciente y capacitada para obligar a estos cambios. Esta es una pregunta que hay que hacerse: «Oye, ¿dónde está esta sociedad que cuando alguien roba una gallina dice: ‘Oye, tú has robado una gallina y ahora la tienes que pagar’»?
¿A dónde va una sociedad por ejemplo, cuando Abdelaziz se ha puesto delante de nosotros en el octavo congreso del año 91 y dijo que murieron 56 personas en las cárceles y que de aquí en adelante ya son mártires, y le han aplaudido? ¿Dónde está la libertad de los derechos humanos? Para mí es un cachondeo.
Lo que yo le digo: estamos en una fase —y no es una fase terminal, sino un camino—, y en este camino se necesita una élite capacitada para cambiar. ¿Tenemos esta élite o no? Necesitamos una élite que pueda solucionar el problema. Tú ya tienes la experiencia de España, por ejemplo, cuando se hizo una Constitución, se votó en el 78 y ya estaba; hay infinidad de problemas, pero al menos la gente discute, habla y aparece alguien nuevo. Pero si son siempre los mismos, y más que personas son una clonación —el hijo, el hijo del hijo…—, esto ya es una cosa para mi, que no quiero decir que sea desesperante, pero creo que no avanza mucho hacia lo que nosotros pensamos que podría ser una libertad.
Y aquí aquí te hablo de hablo de todo el mundo, estoy hablando de todos lados. Tampoco la cosa es tan negativa como para decir que la gente duerme en la calle; no duermen en la calle. Lo bueno para mi es pasar de la mentalidad beduina a ciudadanía, es el camino más importante. Una persona con mentalidad beduina, trashumante, se traslada para ser un ciudadano con derechos y deberes. Eso no lo puedes hacer con una vacuna. Eso necesita un camino también.
Y bueno, si sigues las elecciones que hay ahora —seguramente las estás viendo en la televisión o en internet— verás que hay gente corriendo: estos con este, este con el otro, y cada uno va corriendo. Porque esto, si lo comparas con Marruecos adentro —por ejemplo en Rabat o en Casablanca, dirías que no hay elecciones, allá no dejan ni dormir: todos corriendo de un lado a otro. En fin, hay un gran interés; pero, tras ese viaje, ¿acaso estas elecciones darán a algunas personas que puedan modificar la situación? Sí o no… eso ya no te lo puedo decir.
Digamos, sobre estos informes, ¿Marruecos ha valorado dichos informes? ¿Los ha tenido en cuenta, digamos? Porque dicen cosas bastante importantes. ¿Marruecos ha tenido en cuenta dichos informes? ¿Los ha valorado?
Bueno, mira, esto es muy reciente. Lo que sí es importante es que hay un gran interés en este movimiento a nivel de los saharauis. O sea, inclusive de algunos que están todavía en España o en otros sitios, en los campamentos.
Pero parece que nosotros no tenemos ni ejército, ni policía, ni nada; solo somos un grupo de personas que queremos que cambie la situación. Y queremos también tener voz, tenemos voz. O sea, si tú hablas del Sahara, tiene que haber pluralidad de voces, no tiene que haber una sola voz. No es que si tú sales de este partido, te quedas fuera: «No, este tiene que estar en este». ¡No, no, no! Yo quiero otro, y mañana voy a trabajar en la Asamblea, u otro día voy a ver a otro partido. ¿Es que no tengo derecho a eso?
Entonces, claro, uno de los problemas que tenemos nosotros, que hace que la situación sea inamovible, es precisamente porque no hay voces. No hay voces oficiales a las que se les reconozca. No es un poder a distancia: nosotros estamos en la tierra, no estamos fuera. Y lo que dijimos, lo dijimos abiertamente: en la televisión y en la radio. Y tenemos seguidores, esto lo sabe todo el mundo, me parece.
Nosotros también tenemos nuestro punto de vista. ¿Por qué no se escucha nuestro punto de vista? Porque nadie pregunta.
Inventan siempre que tenemos mucho dinero, o somos traidores, o las dos cosas. No, pues no. Como dije, la democracia es multiplicidad de voces, es una polifonía, es plural, voces, muchas voces. Estarás de acuerdo conmigo con esto y en otras cosas no estás de acuerdo, es normal. Pero, no me obligues tú a tener tu punto de vista. Tú quieres la independencia, pues yo no quiero la independencia; ¿por qué no puedo existir yo ahora? Y ustedes en España seguramente tienen mucha experiencia en esto.
Alguien que pida la independencia para “o pobo galego”, alguien dirá que no esta de acuerdo con eso, pero convivís y nadie te denigra si tienes un punto de vista diferente al suyo. Es lo que necesitamos nosotros, los que nos llaman saharauis… ya le dije que no estoy de acuerdo con este término. Es una polifonía, en el sentido de que haya muchas voces y que a esas voces se les reconozca su existencia.
Hoy en día, ¿cómo ha cambiado El Aaiún desde que se fue España hasta hoy?
Bueno, ha cambiado… te lo habrás estudiado, habrás visto en internet y tal.
Sí, pero me interesa su perspectiva…
Ha cambiado mucho, muchísimo. De una ciudad pequeña de 15 o 20 mil personas, ahora están en 430.000 personas. Una gran construcción, un gran auge.
Y lo bueno para mí —yo te digo, por ejemplo, lo que es la política local no te puedo hablar de ella porque cada uno tiene su opinión—, pero lo bueno para mí es que todos los saharauis del Sahara cuando era español, son saharauis con nacionalidad española y son de ahí. O sea, no hay ninguno… y si quieres te doy la lista: todos. O sea, estas personas están ahí, y hay una mayoría de saharauis de lo que eran saharauis en España… hay una mayoría ahí. Para bien o mal, si funciona o no funciona, eso es otra historia, pero creo que hay un cambio muy importante sobre todo a nivel de educación, hay muchos centros de formación profesional, hay muchas escuelas y son gratuitos. Hay también escuelas privadas, obviamente, pero la mayoría puede estudiar, y eso es muy importante.
Luego hay deficiencias. Es una población con una mayoría de menores de 25 años, lógicamente habrá un desfase, porque la tasa de desempleo es un poco alta, cosa que nosotros denunciamos y la hemos denunciado en el último informe que hemos hecho como el grupo Iniciativa Saharaui en Dajla. Si recurres a eso, lo vas a encontrar; hemos estudiado, el sistema de enseñanza y hemos encontrado dónde están los puntos más débiles.
Estamos luchando por eso, estarás de acuerdo conmigo en que lo más importante que tienen los países es el sistema de enseñanza y el sistema de salud. Son los dos pilares fundamentales, y cuando estos funcionan, puede funcionar el Estado; si estos no funcionan, pues ya sabes… Este es el problema capital, la enseñanza: me imagino que habrás leído el informe PISA que salió hace poco y ya has visto cómo se está deteriorando la enseñanza en todas partes del mundo. Y, por desgracia, con esto de la informática y todo esto, ya los niños no piensan; y lo que le faltaba ahora es la inteligencia artificial donde te hacen el artículo todo, ya no piensan.
Estamos ante unas generaciones que ya no les deja pensar o no les enseñan a pensar y a criticar. Porque la crítica se tiene que enseñar en las escuelas y no tiene que ser y no tiene que ser vista como un crimen; la crítica es fundamental para poder avanzar. Alguien que critica no debe ser tratado como un enemigo de la patria.
¿De qué forma, se puede proteger una genuina autonomía? O sea, con el actual modelo constitucional marroquí y también frente al desplazamiento de población perteneciente al territorio marroquí.
Muy buena pregunta. Vamos a ver… Usted sabe que no hay ninguna ciudad del mundo donde solo está la población de origen, no lo hay, por razones de existencia. Vamos a Madrid, por ejemplo, y en el Congreso hay gente de todas las tendencias, de todas las razas, de todas las procedencias…
Bien, vamos a ver. Como nosotros —y esto yo lo he dicho allá— nosotros somos una minoría, la forma más ideal para nosotros es una autonomía dentro de Marruecos que respete nuestra identidad. Como Galicia: ¿Qué le falta a un gallego? Nada. Elige a sus representantes, a sus jefes, a su presidente, a sus partidos… Tienen partidos regionales, tienen partidos nacionales, lo tienen todo. ¿Qué le falta a la autonomía de Galicia? ¿O a la de Canarias, que son primos hermanos nuestros? ¿Qué les falta?
Mientras el mundo se reúne… ¿Qué relaciones tienes tú, gallego, con un tío por ejemplo de Noruega, o con un sueco, o con la Unión Europea? ¿Por qué la Unión Europea? Porque estamos llegando a los grandes grupos, y para garantizar nuestro pan diario o la calificación de esta rutina necesitamos el apoyo de los otros; por eso formamos un grupo grande. No se puede hacer un estado con cinco personas que todavía tienen mentalidad tribal y siguen luchando: «Yo soy hijo de tal, tú eres hijo de cual».
¿Cómo podemos sembrar ese sentimiento de democracia y de opinión dentro de esas ciudades? Ahora ya hemos logrado que la Constitución marroquí reconozca la hassanía como lengua o dialecto, se reconoce nuestra ropa, se reconocen nuestras bodas, costumbres… Y entonces, si logramos implantar e imponer, de una forma justa y correcta, unas gestiones apropiadas en esas ciudades, ganaríamos perfectamente. No solo nosotros: ganaría toda la región, inclusive España, porque va a haber paz, y sin paz no podemos hablar de nada.
Aquí se te reconoce tu propia identidad, porque no hay una única identidad; las identidades son múltiples y no son idénticas. Entre mi hermano y yo podemos diferir en opciones, no es algo impuesto como un traje único para todos.
Entonces, si logramos que esa voz nuestra llegue y se entienda, la ciudadanía es lo que importa: formamos parte de esto y tenemos que tener libertad de expresión, libertad de movimiento, libertad de reunión y poder obligar a que el Estado marroquí nos hiciera caso. En cualquier caso, yo creo que esa es la solución más importante, y eso es lo que se ha respaldado en el Consejo de Seguridad de la ONU en su resolución 2797: esa es la solución última. La solución es dentro de Marruecos, pero juntos. Cada uno tiene sus formas, cada uno tiene su lengua, cada uno con su cultura. ¿Quién te dice a tí que no hables gallego? La constitución te reconoce tus derechos, nadie le puede decir: «Oye, tú no hablas gallego porque no eres de aquí», ¿perdón? En tu tierra está tu bandera y está todo lo que tú quieras.
Tenemos que buscar una política pragmática que pueda parar el sufrimiento de la gente: la gente que está tirada ahí en medio del desierto, la gente que está apátrida… Bien, ¿qué van a hacer con estos 12.000 apátridas ahora en España? algunos tienen sus patrias reales como Argelia, Mauritania o Marruecos.
Por eso, la solución ideal, creo yo, es bregar y luchar para que tengamos precisamente una especie de autonomía como la vuestra, alguna de las vuestras. A mí me parece muy bien porque eso no iría a ningún extremo. ¿Por qué? Porque hay una fragilidad en esta región, es muy frágil. Ya le he dado el ejemplo de los países del Sahel. Son zonas ricas pero muy frágiles desde el punto de vista de los sistemas, y porque son el camino del contrabando y de todos los males. Para tener una seguridad real se necesita mucha paz, y para esa paz se necesita mucha justicia, mucha visión, mucha clarividencia y, sobre todo, una política participativa.
Digamos, es que a mí esto me llama la atención con respecto al tema de la autonomía: le comentaba antes sobre las elecciones y todo este tipo de cosas. Marruecos son millones de personas y los saharauis son sustancialmente menos gente, la población autóctona en este caso. ¿Cómo se protege esa capacidad de elección? Eso a mí me parece una cuestión importante.
Sí, pues eso es lo que te digo, los derechos… ¿Cuántos canarios hay? ¿Cuántos gallegos hay?
Gallegos aquí hay dos millones y pico, pero, digamos, en el caso saharaui está claro que ha habido un desplazamiento de población marroquí. En el caso gallego…
Sí, pero eso que dices de «marroquí». Es una cosa en la que quiero insistir. Cuando me dices que hay un desplazamiento de la población marroquí, te refieres a los campamentos que están en Smara y tal. Esas poblaciones tienen los mismos estatutos y las mismas tribus que el noventa por ciento de la dirección del POLISARIO. Incluso sus familias están en esos campamentos, han venido con ellos.
Aquí llegamos a lo mismo. Cuando tú permites un sistema, garantizas un sistema donde tu carácter particular, tu identidad particular la puedes garantizar… Mira, por ejemplo, ya te dije que en Marruecos, desde que empezaron las elecciones, no permite a las personas que no son saharauis de origen presentarse a las elecciones.
La última es esta que tenemos ahora: no se lo permiten. Sino habría una minoría que está ahí ahogada en un mar de personas. No, eso se tiene que determinar por ley.
Precisamente cuando decimos «alzaremos nuestra voz» o «haremos esto o aquello», Marruecos es consciente de que hay una población. Esta población, aunque se la hayan borrado o se hayan metido otros allá en los campamentos… Si se practica y se negocia bien esa autonomía, se van a garantizar sus intereses, como se garantizan los intereses de los canarios, de los catalanes, de los gallegos, de los vascos, etcétera.
Entonces, claro, hay una cosa que también tienes que entender: es el derecho de los ciudadanos. Si yo viviera en Galicia, tendría que hablar el galego. Tengo que cumplir la normativa local, la regional o lo que sea, ¿no? Entonces, esto… porque vamos a ver, «el que mucho abarca, poco aprieta», como se dice en español.
Tú eres una minoría, eres una minoría. Si tú consigues realmente una autonomía para ti que garantice tus derechos, has ganado. Pero si tú sigues esto por ley, por geografía, por población, por desarrollo poblacional, tú, cada día que pasa, te estás convirtiendo en minoría. ¡Mucho más, mucho más! Hasta llegar a no representar ni el 0,001%, aunque sea solo por inmigrantes, ¿me entiendes? Considerados inmigrantes.
Pues muy bien: si tú no tienes una élite capacitada, si no puedes tú en las leyes obligar —obligar en el buen sentido de la palabra— a que se respete tu normativa y tengas tus derechos en tu tierra, tú no has ganado nada. La ventaja que tenemos nosotros aquí, la que realmente nos anima, es que hasta ahora no permiten a las otras personas que están viviendo ahí —algunos han nacido ahí y tienen el mismo estatuto que yo porque son nacidos ahí— presentarse a las elecciones. Han dejado siempre que sean las personas que estaban ahí las que se presenten a las elecciones.
Habrá mañana alguien que me diga: «Esto no es democrático». Bueno, podría serlo, pero necesitamos nosotros avanzar en esto de la autonomía, en el proyecto de autonomía, para que podamos realmente tener eso estipulado, por ejemplo, en la constitución del Estado y darnos la oportunidad. Esto es lo que hay que negociar, no estar ahí mareando la perdiz con la independencia y con no sé qué. Al final muchos de estos se van a España y ya, si te he visto no me acuerdo, no les importa.
El otro día hablaba conmigo uno y le decía:
—¿Tus hijos dónde nacieron?
—En España.
—Pues son españoles. ¿Qué, los vas a llevar ahora al desierto para decirles que son del desierto? Están en un Estado.
Y es un Estado de derecho, además. Aunque no le guste a alguno y diga que no, es un Estado de derecho; y con tu pasaporte puedes circular por 27 países. ¿Qué más quieres? Puedes trabajar también.
Entonces, bueno, aquí se necesita poco a poco una pedagogía adecuada, para que podamos garantizar nuestros derechos, como has dicho, para salvaguardar nuestros derechos en ese Estado grande. Acuérdate de que todo el mundo, en Occidente sobre todo, donde hay democracia, todos tienen autonomías en un sentido u otro. Mira a Suiza, por ejemplo: el cantón suizo, el cantón francés, el cantón italiano, el cantón alemán. Cada uno tiene sus normas, sus leyes y sus historias. Y para esto se necesita, te digo, conciencia y se necesita pragmatismo. No estar ahí armando la marimorena o pensando que tú eres el que tiene la ley o la razón. La razón no la tiene nadie porque no es un objeto: cada uno tiene su razón, ¿vale?
Una de las preguntas que tengo también está referida a si cree que Marruecos, como Estado, puede dar satisfacción a las aspiraciones de los autóctonos.
Eso tiene que ser. Eso es por lo que nosotros estamos luchando. Estamos luchando por esto. ¿Has leído esos informes o no? Muy bien. Esos informes están muy bien. Nosotros creemos: «Oye, aquí necesitamos un médico, ahora no lo hay. Oye, aquí necesitamos que nos traten así, esto no lo hay. Oye, necesitamos que en lugar de poner el francés, hagamos el español». ¿Entiendes? Eso es otro caballero de batalla con el español. «Oye, necesitamos que aquí se les enseñe a nuestros hijos el español, porque nosotros tenemos la frontera más importante con España y no con China». Bueno, estas son las decisiones que tú vas ganando si luchas bien y si convences bien, ¿entiendes?, y si sabes lo que quieres realmente.
Pero estar ahí con toda la perorata esta que escuchamos, todas las tendencias del mismo discurso de siempre: «El pueblo saharaui no sé qué, invadido; España lo abandonó». Mentira. A España le habían dicho «fuera España». ¿No le han dicho «fuera España»? ¿No le han echado piedras? ¿No le han tirado?
A los españoles, te lo digo… Hay una cosa que no dice la opinión pública ahí de los que defienden esto: España les abrió las puertas en el año 75 y les dijo: «Vengan aquí a negociar con nosotros y con el PUNS, el partido que había ahí que representaba a todos los saharauis de origen». Ellos no han querido. Y emitieron un comunicado diciendo «no queremos estar» y cerraron las puertas. ¿España los abandonó? Mentira. Eso es una mentira grandísima y no la pueden demostrar. Cuando te digan esto, que te lo demuestren. Yo te doy el comunicado de ellos del año 75 en el que rechazaron negociar con España, porque España les dijo: «Quédense con nosotros y con el PUNS y vamos a hacer una autonomía un tiempo, y luego vamos a darles la independencia». Han dicho que no.
Fueron a verlos al presidente de la Asamblea General, Khatri Ould Said Ould Joumani, que era la persona más importante, y le dijeron que no, ¿entiendes? Entonces se fue Jalihenna, el presidente del partido, a negociar con El Uali en Mauritania y le dijo que no, que España me tenía que dar el territorio. ¿Pero quién eres tú para que te lo dé España? Se te envió al presidente de un partido, que era el único partido que había. No han querido negociar con España. No han querido aceptar el plan español. ¿Y qué iba a hacer España? ¿Entrar en guerra con Marruecos y con el POLISARIO a la vez? España recurrió al Artículo 6 de la Carta de las Naciones Unidas.
Que no te mientan, ahora dicen que España les abandonó. ¡Ah, «hijos de tal» y «nosotros somos los malos» y «España hijos de Franco»! ¿Nos llamaban así? Y la gente está ahora viniendo a adular ahí: «España, danos la nacionalidad». Esa nacionalidad para la gente que tenéis perdida en los campamentos, ¿entiendes? Y la mayoría están viviendo de la ayuda humanitaria en los campamentos y los que han podido en el País Vasco. Que se dejen de cuentos, de estar mintiendo y de crear historias mentiras.
Lo de los Acuerdos Tripartitos: lo han traducido como les ha dado la gana. Lo del Tribunal de La Haya: lo han traducido como les ha dado la gana, ¿me entiendes? Han quedado un montón de gente pregonando lo mismo y no saben lo que dicen. Cuando yo o alguien de esta gente se presenta, no pueden diferenciar quién es este o quién es el otro. Si tú no puedes diferenciar entre yo y el otro, o no puedes decir quiénes son las tribus, ¿por qué opinas? ¿Por qué estás escribiendo tonterías y opinando sobre cosas que no sabes, entiendes? Y ese es el problema. El problema hoy en día es que algunos no quieren escuchar las otras voces. No las quieren escuchar. Y por eso, bueno, yo también te lo dije la otra vez: «A la opinión pública no le interesa saber lo que dijimos nosotros, quieren saber solo lo que dice el POLISARIO». Muy bien, pues sigan al POLISARIO a ver a dónde llegan.
Luego, sobre el tema del proyecto de autonomía: hay un proyecto del año 2007 y luego ha habido una actualización que se ha presentado en el año 2025, si no estoy mal informado. ¿han contado con ustedes para la actualización, para la realización de ese plan?
Bueno, a ver, eso fue solo un… ¿cómo se llama?… ¿un borrador? Sí, un borrador. En ese borrador, por ejemplo, sí que han preguntado a algunas asociaciones, a algunas personas y tal. Sí que se había preguntado, pero ese no es el documento definitivo; el documento definitivo no es ese. Creo que en el momento real vendrán, ¿me entiendes?, al menos hacer participativas las opiniones, sobre todo opiniones alternativas, para, es decir, negociar realmente, ¿me entiendes?, ese tipo de autonomía. Porque ese tipo de autonomía no… aunque ahí dicen en el tercer artículo de ese mismo documento que esto concierne a todos los saharauis, no solo al POLISARIO, a todos. En fin, todas las voces tienen que participar en esto. Entonces, en ese momento sí que se pueden, ¿me entiendes?, plantear las cosas más importantes, ¿no? Entonces pues eso.
Digamos, lo comento a raíz de que el plan del año 2007 al que yo he tenido acceso son unas seis páginas y no está muy desarrollado, y el del 2025… lo único que yo al menos he podido… Y el del año 2025, digamos, al menos yo no lo he encontrado en PDF público, solo he encontrado recortes en medios como Atalayar. Entonces, a mí, por ejemplo, eso sí que me genera curiosidad y tampoco entiendo por qué se presenta un plan, digamos, se entrega a Naciones Unidas y no se hace público para que lo podamos ver.
No, entonces, vamos a ver: eso yo no te lo puedo contestar porque yo no soy quien para contestar, porque yo no lo he presentado ni nada. Pero vamos a ver: eso es una iniciativa. Es una iniciativa. En el momento real tiene que haber una discusión, tiene que haber un documento oficial. Ese documento, pues si no se publicó, por ejemplo, en lo que es el BOE, no es oficial, ¿me entiendes? No es legal, son ideas, y esas ideas ellos quieren discutirlas con las partes.
Entonces, yo no sé, pero yo tengo entendido que son 41 páginas o más y que realmente no es un documento definitivo, ¿no? Es solo para, como te dije, para discutir, para hablar y para… Si se empieza a negociar, esto no va a ser coser y cantar; esto hay que estar siempre, ¿me entiendes?, luchando por este punto, por el otro, por el otro, hasta llegar a un documento real, definitivo o, qué sé yo, acordado por todos o por la mayoría, idealmente.
Claro, sabes, eso por ejemplo yo sé que a mucha gente le genera desconfianza porque no se publique, ¿me entiendes? Es un punto conflictivo.
Sí, pero vamos a ver, ¿por qué se tiene que publicar si todavía no hay nada, me entiendes? Se tiene que publicar si, por ejemplo, hay algún acuerdo o algo, ¿me entiendes?, y yo te digo: «mira, vamos a hacer esto y esto» y piensas dónde se puede hacer esto. Pero eso es una iniciativa, no es un documento definitivo ni una carta magna de lo que es la autonomía el día de mañana. Eso no es.
Eso se sobreentiende, creo yo. Se sobreentiende porque eso se tiene que dar: ¿cómo se hace?, ¿cómo se organiza?, ¿qué tipo de gobierno? Todo eso se tiene que explicar y se tiene que determinar, ¿me entiendes? Yo no creo que se vaya a poner así en un solo documento.
¿Y ustedes, digamos, desde la Organización de Iniciativa Saharaui, se plantean desarrollar algo en ese sentido?
Sí, claro, claro. Nosotros ya hemos hablado de esta autonomía, ya hemos estudiado esa autonomía, la primera, los treinta y tantos puntos… Y bueno, ahora tenemos el encuentro fundamental en diciembre, donde vamos a presentar, por ejemplo, cuestiones del fosfato, del trabajo, historias de estas… acuérdate que estamos viviendo lo que vivimos aquí, no lo que se vive en otros sitios, o sea, lo que es la realidad, digamos.
Entonces, claro, lógicamente queremos también nosotros opinar. Queremos precisamente —ya lo dije antes— que nuestra voz se escuche también, y en esa voz vamos a determinar esto y aquello. Y acuérdate de que estamos muy recientes con este grupo porque vamos ya desde el 2025… ahora estamos en 2026. Vamos poco a poco generando esa idea que esperamos algún día poder sacar en un documento, la propuesta nuestra sobre este tipo de autonomía que pensamos nosotros que podría ser.
¿Y tienen un plazo estimado o no?
No. Tenemos la reunión nuestra que hacemos en diciembre. Nosotros hacemos reuniones siempre, pero hay una fundamental que hacemos siempre como una especie de encuentro más grande donde presentamos los informes de lo que hemos hecho… Y esto se va a la actualidad, a todos los lados.
Lo que queremos es que la gente aprenda a vivir en democracia y a entender que cada uno puede tener su punto de vista aunque sea diferente del otro, y sacar nuestras opiniones que pensamos nosotros que la gente cree que podrían ser. Y te digo: hay gente en España, en muchos sitios, que han venido aquí y que nos apoyan. Esto es lo que queremos nosotros, nosotros queremos eso.
Nosotros tampoco somos representantes, no somos representantes de nadie, digamos. Somos un grupo de gente que tomó esta iniciativa y bueno, podemos ir poco a poco en esto a ver si logramos algo, al menos influir en la opinión hacia una sociedad plural, que no se detenga solo Marruecos oficial o en el POLISARIO y tal, no: los saharauis tienen derecho a tener sus propias organizaciones y sus opiniones, y se tiene que respetar.
Su papel fue fundamental en la construcción del sistema educativo de los campamentos, ¿cómo fue ese proceso de construcción?
Bueno, en primer lugar, he sido fundador de 20 de Mayo, que es un medio de prensa del que yo me encargaba de la parte en español. La primera máquina de escribir —una Olympia— nos la regaló un mauritano del partido comunista, me parece, un izquierdista mauritano. Yo escribía con dos dedos en papel [stencil]; antes se escribía solo en papel. Al mismo tiempo que hacía eso, me convertí en el primer comisario político del ejército.
Jugaba esos dos papeles…. después, cuando ya nos asaltaron, nos encarcelaron y nos tiraron en medio de la montaña, en medio del desierto… Estuvimos tirados un año en un cuartel entre Mauritania y Argelia —un cuartel abandonado por los franceses, se llama chegat— custodiados por los saharauis argelinos; todos eran soldados argelinos. Pues hemos estado ahí un año.
Cuando yo salí tras ese año, ya a finales del 75 o en el 76, me tiraron hacia Ginebra. Pero en Ginebra tampoco… bueno, todo ese camino hasta llegar a África. Yo tenía a mis padres en los campamentos, ya no tenía salida porque toda mi familia estaba ahí. Que no es el caso de Abdelaziz, porque le quedó el padre aquí, el hermano… Al grupo ese marroquí a casi ninguno le vino su familia, hasta más tarde algún hermano. O sea, que los perdedores hemos sido nosotros, los indígenas, como nos llaman.
Yo soy una persona que ha defendido siempre la cultura, y así he defendido el español, porque considero que es mi cultura también; es mi cultura, entonces la defiendo, siempre la he defendido.
Cuando el POLISARIO empezó a decir que en la República Árabe Saharaui Democrática… no sé cómo saben que son saharauis. Les desafío a que hagan la prueba de ADN a ver dónde está el saharaui o el árabe.
Entonces se fueron a algunos países árabes, y esos países árabes no les hicieron caso. Entonces alguien les orientó: «Oye, tenéis que decir que sois el único pueblo que habla español». Lo cual es una gran mentira, porque los que hablaban español eran los estudiantes —que eran pocos los que estudiaban en los institutos— y el español de los soldados, que era un español de la calle. Era una gran mentira porque en el norte de Marruecos todo el mundo habla español, hay escritores y de todo. Pero decían: «No, somos el único pueblo musulmán pequeño que habla español».
¿Por qué me llamaron a mí? Me han dicho: «Nos tienes que hacer un programa». Me llamó… que en paz descanse, que era el responsable principal, y me decía: «Oye, tienes que hacer un programa». Yo no tenía nada que ver con la enseñanza, iba a estudiar medicina. Me dijo que era temporal.
Era algo temporal que ocupó una década de mi vida. Yo me he dado cuenta realmente del problema fundamental: el problema fundamental que tenemos, sigue vigente, es precisamente la ignorancia.
Había muy poca gente. En ese periodo de tiempo, en el tiempo de los españoles, salía un solo médico, un ingeniero… Desde 1885 hasta 1975 había poquísimos, había una ausencia total de lo que es el aprendizaje.
Pero bueno, pues yo lo que hice precisamente con los otros compañeros —que ninguno de ellos tampoco era profesor ni nada: algunos venían de Mauritania, que tenian un buen nivel y los que llamaban «los hijos del joder macho», los que veníamos del territorio, eventualmente la gente de El Aaiún y los de Dajla—, lo que hemos hecho es precisamente intentar crear un programa con unos libros, o sea, manuales. Y la verdad es que los primeros libros, todos manuales de primero, segundo, tercero en español… El primer libro lo imprimió en Castelldefels un alcalde de Izquierda Unida, en el año 90 u 89.
Luego, empezamos a hacer este programa. Hemos creado nuestra propia pedagogía, hemos empezado a formar también a los profesores —las maestras eran pocas—. En fin, hemos estado trabajando diez años con el sistema de inspección; yo era el director general de Organización e Inspección. Y íbamos y veníamos entre esos campamentos, de un lado para otro.
Hemos creado dos programas: uno que fue en el año 79 y otro en el año 81. Yo en el programa del 79 era el director; en el segundo programa, que hemos hecho en el 9 de Junio, yo era el encargado de la asignatura de Español, más la colección de Historia y Geografía en árabe.
Hemos organizado que en las escuelas se enseñara español como segundo idioma, pero claro: imagínate un chico que no sabe nada de español y en medio del desierto le tienes que enseñar para que siga sus estudios en Cuba. Hemos hecho ese programa, que fue un programa exitoso. Le digo por qué: no hemos hecho un programa de traducción, digamos; no les enseñábamos el español. Los manuales que hemos fabricado nosotros mismos, y la pedagogía también, la impartición de esas clases y los medios didácticos… Todo eso lo hemos hecho nosotros, aquellas personas que éramos considerados todos o casi todos «infiltrados», porque al POLISARIO no le gusta la gente culta o que opina. Hemos estado en una situación catastrófica durante esa década, y al final pudimos lograr enviar a niñas y niños a Cuba.
Si vas ahora a Cuba y vas, por ejemplo, al año 85, verás que los certificados de admisión de esos chicos están firmados por mí.
Hemos hecho un esfuerzo colosal, porque yo pensaba que no se puede construir nada con gente analfabeta, con todo respeto. Si no tienes ingenieros, si no tienes médicos, si no tienes periodistas… o sea, gente cualificada. Yo creo que eso es lo mejor que se ha hecho en los campamentos.
Hay gente que ha hecho algún programa o documental sobre eso y tal, pero siempre van por ese exotismo, por el sentimentalismo. Y no fue así: a nosotros nos daban dos días, un weekend, cada tres meses, para que lo sepas. Nadie cobraba, todo era gratuito; vivíamos de lentejas y arroz blanco. Y cuando los instructores nos hacían alertas, no nos dejaban dormir ni nos dejan descansar.
Pero bueno, para mí eso fue una experiencia increíble; ya la escribí, aunque todavía no he encontrado la oportunidad para sacarla como un libro. Pero eso fue lo mejor que se ha podido hacer.
Entonces se fueron niños a Cuba, otros a Argelia, otros a Libia, y un pequeño grupo se fue a los países… digamos, a los países del Pravda, países de izquierdas, como era Siria en su tiempo. Y bueno, esa enseñanza fue fundada así.
Cuando me fui de allá, ha continuado funcionando con sus profesores, programas, todo.
Y digamos, ¿qué cree que queda hoy día de esa obra?
De esa obra, pues nada. Porque ya luego me han dicho: «Pues mira, todos esos profesores han salido, muchos de ellos están aquí, algunos están en España», pues eso.
Y entonces, ¿qué es lo que hacen? Toman chicas y chicos de estos que no tienen ninguna formación y, bueno, son de estudios argelinos. O sea, que ya no hay nada local o regional o específicamente de los saharauis, de esto que llaman saharaui, ya no es eso. El programa es muy débil.
Según dicen —porque yo no hago mucho seguimiento de eso, pero según dicen, porque lo he hablado con algún amigo—, eso se ha derrumbado. Como se han derrumbado muchas cosas ahí, como bien sabes. Es una pena porque, bueno… Pero la suerte es que también hay un grupo de chicos y chicas que se han llevado a España, se quedan con familias, y esos chicos sí que han estudiado, alguno de ellos. Y, bueno, pues al menos sigue un poco el nexo. Pero el sistema… ya no existe un sistema propiamente saharaui de enseñanza en los campamentos.
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