Argelia, frente a las orejas del lobo

El envío de tropas a Níger es, sin duda, una decisión histórica para Argelia, en un contexto continental afectado por importantes conflictos

Por Guadi Calvo | 1/11/2026

Son extremadamente delicadas las razones por las que Argelia pretende reingresar a una región a la que naturalmente está destinada a liderar y a la que pareció haber abandonado demasiado tiempo y ahora, cuando el peligro es inminente, está cambiando drásticamente su postura.

En procura de acelerar ese proceso, el pasado domingo 25, en una sesión extraordinaria a “puertas cerradas”, por pedido del Ejecutivo, el Parlamento examinó y aprobó, por mayoría absoluta de sus 148 miembros, frente a los 116 que exige la Constitución Nacional, el envío de unidades del Ejército Nacional Popular a la república de Níger. Una nación que, al igual que sus otros dos socios de la Alianza de Estados del Sahel (AES), Mali y Burkina Faso, se encuentra sometida a una operación extrema del terrorismo wahabista, bajo la cobertura del Daesh-Sahel y el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (GAIM), la franquicia de al-Qaeda para esa región.

La reciente decisión del gobierno argelino rompe con más de 50 años sin intervenciones militares en el exterior, basado en el principio de no intervención fuera de sus fronteras, obviando las misiones bajo las intervenciones de Naciones Unidas. En octubre de 1973, Argelia participó de lo que se conoció como la “guerra árabe-israelí”, en la que Egipto, junto a Siria, intentó detener las políticas expansionistas sionistas. La que también fue conocida como la Guerra de Ramadán o de Yom Kippur, para lo que Argel dispuso el despliegue de una unidad blindada y tres escuadrones aéreos para la defensa de El Cairo.

Tras la resolución de las dos cámaras, el Consejo de la Nación y la Asamblea Nacional del Pueblo (ANP), se notificó al presidente de la República, Abdelmadjid Tebboune.

El envío de tropas a Níger es, sin duda, una decisión histórica para Argelia, en un contexto continental afectado por importantes conflictos, como lo son la guerra civil de Sudán, el inminente estallido de una nueva fase del conflicto entre Eritrea y Etiopía, mientras que este último país ya enfrenta nuevas rebeliones en la región de Tigray, esta vez no solo en alianza con Asmara, sino con otras seis regiones o kililoch etíopes, la Coalición de las Fuerzas Populares Etíopes para la Supervivencia o Tsimdo, en lengua tigriña, “unión”. Que una vez más intentarán escindirse del gobierno central. Sumado a la crítica situación del Sahel y otros conflictos que parecen olvidados, como la guerra en el este de la República Democrática del Congo, la constante tensión entre el gobierno de Trípoli y el que encabeza el general Khalifa Haftar, que de hecho ha partido en dos a Libia, o el accionar terrorista en Mozambique, Nigeria, Benín, Togo y Somalia, y la actual guerra entre hutíes y Arabia Saudita. Sin olvidar además que Argelia tiene una tensa relación con Marruecos, con quien comparte una frontera de casi dos mil kilómetros y que, junto a Emiratos Árabes Unidos e Israel, Rabat se ha convertido en ariete de Occidente para intervenir en prácticamente todo el Sahara y el Sahel, en la que países como Túnez y Egipto también se pueden sumar a este tridente. Por esta razón, Argelia ha roto relaciones con Abu Dabi en septiembre último, justificando su decisión con las declaraciones del presidente argelino, quien dijo: “Dondequiera que pongan un pie (los EAU), correrá sangre».

En la dirección opuesta, Marruecos, en 2020, presionado por Trump y a cambio del reconocimiento por parte de Washington de los territorios saharauis, que el reino alauita ocupa militarmente desde 1975 en el marco de los Acuerdos de Abraham (ver: Argelia-Marruecos, la última frontera de la Guerra Fría), mientras que Argel continúa sin el régimen teocrático judío.

La decisión de Argelia, de desplegar efectivos del Ejército Nacional Popular de Argelia (ENPA) en Níger, se suma al anterior envío en agosto pasado de cuatro helicópteros de combate de origen ruso (dos Mi-24V y dos Mi-171) inmediatamente después del frustrado intento de golpe de Estado (Ver: Níger, algo más que un ensayo de golpe de Estado). Reconfirma su intención de mantener su condición de potencia regional, apunta a no someterse al designio de Washington y de París, de quienes se mantuvo distante desde el triunfo de su Revolución en 1962, lo que llevó desde entonces a establecer una alianza con Moscú. La que mantiene hasta hoy en el campo comercial, diplomático y militar, habiendo superado la extensa guerra civil entre el ejército y el Frente Islámico de Salvación (FIS) que en la década que se extendió entre 1992 y 2002, dejando más de 200 mil muertes.

Desde principios de año, Argel multiplica sus intentos para reconectar con los países de AES, teniendo como canal principal a Níger, que, más allá de la asistencia en el campo militar, se fortalece a través de la construcción de una central eléctrica, inversiones en el sector petrolero y algo fundamental, ya no solo para Argelia, sino en el contexto de la actual crisis energética, a partir de la crisis del estrecho de Ormuz y las tensiones crecientes en torno a Bad el-Mandeb dada la ofensiva houthie. Por lo que, para Europa, la reactivación del proyecto del Gasoducto Transahariano de más de cuatro mil kilómetros que unirá Nigeria, el mayor productor de petróleo del continente con más de un millón y medio de barriles al día, y tras cruzar Níger e ingresar a Argelia, alcanzará sus puertos sobre el Mediterráneo. Los que tendrán que ser vigilados antes de que se conviertan en un preciado objetivo de los terroristas.

Además, con esta iniciativa, el gobierno del presidente Tebboune busca contrarrestar el gasoducto atlántico que conecta Nigeria con Marruecos, que sí duda le dará mayor juego político e influencia al rey Mohamed VI, que en esta iniciativa cuenta con el apoyo financiero y tecnológico de los Emiratos Árabes Unidos.

Moros en todas las fronteras

Argelia, además de la presión en la frontera con Marruecos, debe prestar más atención a Khalifa Haftar, cada vez más cercano a los emiratos, quien controla el sector fronterizo de casi mil kilómetros que Libia tiene con Argelia y que además se abisma hacia Níger y Chad, que acaba de reactivar su histórica alianza con Francia después de algunos años de incertidumbre. Son estos factores los que han hecho que Argel se lance a reposicionarse en el cada vez más complejo contexto regional.

Aunque hasta ahora no se ha dado a conocer de qué manera el despliegue del ENPA se implementará para colaborar con Niamey, que no solo enfrenta las acciones de las khatibas fundamentalistas, sino las internas de las que se desconoce su calado y hasta qué punto han sido neutralizadas.

Algunas versiones no del todo confirmadas indican que las unidades argelinas tendrán su asentamiento en la base de Madama, una zona desértica altamente estratégica, ya que, en un abanico menor a los 300 kilómetros, se aproxima a las fronteras de Argelia, Libia y Chad, donde hay una importante actividad terrorista, por lo que la inteligencia de Argel podría hacer seguimiento de los traficantes de armas y los grupos insurgentes, para potencialmente neutralizarlos. La guarnición militar de Madama fue ocupada en su oportunidad por la Operación Barkhane, con la que Francia “pretendió” combatir al fundamentalismo islámico entre 2014 y 2022.

Con la nueva presencia argelina en Níger, no solo se apunta a contrarrestar los grupos takfiristas, sino a la consolidación del gobierno del general Abdourahamane Tchiani, que ha pagado caro la expulsión de las tropas francesas y norteamericanas tras arribar al poder en 2023.

Mientras el presidente Tebboune se acerca a Níger, ha comenzado también una campaña de acercamiento a Bamako, con quienes se habían tensado las relaciones a punto de esperarse lo peor, lo que obligó al presidente malí, el general Assimi Goïta, que ahora se sabe pronto visitará Argel, a probar un acercamiento con Marruecos, en momentos en que en la frontera entre su país y Argelia, la actividad de los separatistas tuaregs, agentes ucranianos y los muyahidines del GAIM comenzaba a oscurecer el cielo a la junta de Bamako, lo que precipitó la “crisis de los drones” en abril de 2025, tras el derribo por parte de Argelia de un dron malí en el área fronteriza de Tin Zaouatène. Hecho que derivó en el retiro de embajadores y el cierre de espacios aéreos, por parte de Argelia, para las aeronaves procedentes de Malí.

Aparentemente, esta crisis ya estaría en vía de solución, por lo que seguramente Bamako sea el próximo punto a “conquistar” por Argelia, incrementando su reposicionamiento regional.

Algunas fuentes locales señalan que Argelia ya habría jugado un papel fundamental en la reconquista de la estratégica ciudad de Kidal (norte de Malí). La que, después de estar entre 2012 y 2023 bajo el poder de la alianza entre los insurgentes separatistas tuaregs, del Frente de Liberación de Azawad (FLA) y el Grupo de Apoyo al Islām y a los musulmanes, cayó nuevamente en abril pasado para ser liberada a principios de octubre, gracias a la asistencia que el Ejército Nacional Popular de Argelia habría brindado a las FAMa (Fuerzas Armadas de Mali), además de haber comenzado las fuerzas de Argel a presionar los refugios insurgentes próximos a sus fronteras, cuando ya se le distinguen claramente las orejas al lobo.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

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