Felipe Matarranz, «El Lobo»

Por María Torres

Con 99 años se fue Felipe Matarranz, «Capitán Lobo», guerrillero antifranquista. Dos condenas a muerte, once años de presidio en doce cárceles distintas, tres fugas y ocho años como enlace general de la guerrilla en Asturias y Cantabria.

Tenía 14 años cuando se afilió a las Juventudes Comunistas. Al unificarse con las socialistas surgieron las JSU.

«Todavía hay quien dice que luchamos anarquistas por un lado, comunistas por el otro… Lo que hicimos fue defender la República y el Gobierno salido de las urnas del 16 de febrero de 1936»

Antes que guerrillero, fue miliciano. El 19 de julio de 1936 ya formaba parte de las milicias locales de Torrelavega y participó en la defensa del puerto de El Escudo.

«No teníamos más que escopetas de caza y, a veces, ni eso… algunas eran de aire comprimido. Los enemigos llevaban fusiles y pistolas. No teníamos ningún conocimiento sobre la guerra»

Después, ya integrado en el EPR, como cabo en el Batallón 110 defendió puntos del Frente Norte de Asturias, Cantabria y el País Vasco. Participó también en la batalla de El Mazucu.

«Aún tengo en la cabeza el sonido de las bombas cayendo sobre nosotros. Sueño con ellas y con el momento en que tuvimos que retirarnos, dejando atrás a cientos de compañeros muertos» 

Y unas semanas antes de la caída de Frente Norte:

«Yo escapé de Santander y quería llegar a La Franca, que era mi pueblo. Me cogieron en Torrelavega, me detuvieron, me juzgaron y me condenaron a muerte. Pero no me mataron. Luego, al poco, me volvieron a juzgar y otra vez me volvieron a condenar a muerte»

Después llegaría el periplo carcelario cárcel:  Torrelavega, Santander, Alcalá de Henares…

«Fuimos educados para eso, para no ser esclavos voluntarios, antes preferíamos morir. Al día siguiente de salir de la cárcel me convertí en enlace general de la guerrilla del comité regional de Asturias y el comité provincial de Santander. Teníamos que vivir en la clandestinidad y apenas conocíamos datos de los demás enlaces. Me hice pasar por falangista, hasta tenía un carné (con el nombre de José Lobo) y llevaba una pistola dentro de un libro de Franco, y también una chapa religiosa en la solapa. Me juzgaron por terrorismo y bandolerismo cuando en realidad nosotros éramos soldados de la República que no entregamos el fusil y que seguimos luchando en el llano y en la montaña»

En 1948 una traición hizo que fuera apresado de nuevo:

«Nosotros, los guerrilleros, somos los soldados de la República que nunca entregamos el fusil. Luchamos en la milicia, luchamos en la cárcel, en el monte, siempre… »

Y muchos años después decía:

«La guerrilla no acabó, nunca se acabó. Sigo siendo un guerrillero; nunca dejé de serlo, porque jamás renegué de los ideales por los que luche: los derechos de la clase trabajadora y la libertad». 

Nada fue en vano capitán «Lobo», queda lo que nos dejaste, queda tu lucha, tu memoria.

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