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En ‘Asesinato en el Monte Fuji’, Natsuki plantea precisamente una pregunta de gran calado filosófico: ¿qué sucede cuando la realidad moral no encaja con los códigos jurídicos?
Por David Valiente | 17/10/2026
Los medios de comunicación no dejan de referirse a ella como la Agatha Christie japonesa. Si bien es verdad que no existe mejor cumplido para una escritora de thrillers, Shizuko Natsuki (1938-2016) no se sentía del todo cómoda con la comparación: a la japonesa no le gustaba desconectar sus ficciones de la realidad social, cosa que la escritora británica solía hacer. Cabe concluir, por tanto, que la nipona tenía una vocación social más marcada. Esto no quiere decir que fuera una activista empeñada en combatir contra los desórdenes imperantes, pero atendía los desajustes del sistema para que luego el lector sacara sus propias conclusiones.
En Asesinato en el Monte Fuji (Salamandra), un clásico dentro del mundo literario de Natsuki, se aprecia con claridad ese valor que daba a no desatender las cuestiones sociales pendientes de resolver. La historia comienza cuando Harumi Ichijo, una joven profesora de inglés y guionista, llega a la residencia de la rica familia Watsuji para ayudar a Mako a terminar lo que en España denominamos como trabajo de fin de grado. Sin pretenderlo, se verá envuelta en la trama de asesinato y encubrimiento que tiene lugar en una reunión familiar en las festividades de Año Nuevo.
La elección del título encierra una historia editorial interesante. En japonés, la novela recibe el nombre de La tragedia de W, pero Salamandra ha optado por el mismo título que la editorial norteamericana le dio en la década de los ochenta: Murder at Mt. Fuji. Esta decisión de la editorial St. Martin’s Press respondía a una cuestión de marketing. El editor consideró que el título japonés no resultaría atractivo para los lectores estadounidenses, más aún considerando que Shizuko Natsuki era una desconocida por aquel entonces en el mercado estadounidense, lo que significa que las posibilidades de vender libros se reducían drásticamente. Así que, como la novela transcurre en el sereno y agreste paisaje de las faldas del Fuji, se decidió incluir el nombre del monte en el título. ¿Quién no conoce uno de los volcanes más emblemáticos del mundo? Pero los cambios no se quedaron ahí. Tuvieron la osadía de convertir a Harumi Ichijo en una estudiante estadounidense de literatura japonesa llamada Jane Prescott.
Este no es el único detalle curioso que encierra el título de la novela. El original japonés hace un guiño a la obra de Ellery Queen, una suerte de Carmen Mola del otro lado del charco. De hecho, Natsuki llegó a conocer a Frederic Dannay, uno de los dos escritores que se ocultaban tras aquel nombre ficticio. Dannay leyó y después escribió el prólogo de la edición estadounidense de Asesinato en el Monte Fuji.
La primera mitad del libro puede parecer una historia insustancial, el típico asesinato de un gran empresario, entrado en edad y con tendencias sexuales depravadas. Sin embargo, a partir de la cuarta parte, la trama se complica. La aparición de nuevos personajes, como el inspector Nakazato, plantea nuevas preguntas que el lector ni siquiera se había hecho. Una de las virtudes de la escritura de Natsuki es su capacidad para administrar la información. Su prosa oculta los datos relevantes hasta el momento del desenlace, pero no lo revela todo de golpe, sino que deja que los propios protagonistas de la historia terminen de esclarecer las motivaciones y los detalles del caso prácticamente en la última página. Es probable que la autora japonesa haya desarrollado esta destreza en sus años trabajando como guionista televisiva en el popular programa japonés Watashi dake ga shitte iru (Solo yo lo sé).
Shizuko Natsuki dio sus primeros pasos como escritora en la universidad, mientras estudiaba Filología Inglesa. Tras casarse, aparcó sus aspiraciones literarias, pero acabó retomándolas después de dar a luz a su primer hijo. Su hermano mayor, el también escritor Igarashi Hitoshi, parece haber desempeñado un papel importante en esa decisión. Ya en 1970, publicó Tenshi ga kiete iku (Los ángeles desaparecen), su primera obra como escritora profesional, que un año antes fue candidata al Premio Edogawa Rampo.
De Shizuko Natsuki es bien conocido su interés y preocupación por los sistemas familiares, jurídicos y sociales. En Asesinato en el Monte Fuji, se plantea precisamente una pregunta de gran calado filosófico: ¿qué sucede cuando la realidad moral no encaja con los códigos jurídicos? Asimismo, la novela denuncia ciertos elementos de la anquilosada estructura familiar japonesa.
Convertida en un clásico contemporáneo del género, Asesinato en el Monte Fuji no estaba, sin embargo, entre las novelas favoritas de su autora. Según los comentarios siempre indiscretos de los periodistas culturales, la obra fue un encargo de su editor, quien no quería que una de sus autoras estrellas siguiera la corriente creativa de otros escritores de thrillers del país y le pidió que rebajara el tono social de la novela. Por suerte, Shizuko Natsuki no siguió del todo sus indicaciones. Aunque el resultado es menos crítico, la obra conserva ese poso de inconformismo que hace tan genuina a una buena parte de la novela negra japonesa de los años ochenta y noventa.
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