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La deslucida presencia norteamericana en África, que ya lleva cerca de una década, desde fines del último diciembre está intentando establecer una cabecera de playa en Nigeria, muy posiblemente junto a Marruecos y Kenia, el país más alineado a Washington de todo el continente.
Por Guadi Calvo | 20/05/2026
En la reciente cumbre de Beijing entre el presidente Xi Jinping y Donald Trump, hubo un claro vencedor y ese no ha sido Trump, según los principales medios norteamericanos.
La foca gangosa solo trajo de su gira por el Lejano Oriente la constatación de que “la Casablanca necesita un salón de baile, como el que tiene China” (SIC), según lo ha comentado Trump en su red Truth Social. Además del sabor amargo de descubrir que, para China, Taiwán es una cuestión interna de la República Popular. Por lo que las importaciones de las tierras raras, actualmente imprescindibles para la industria aeroespacial y de comunicaciones junto a una larga lista de elementos de alta tecnología, han quedado en un “por verse”.
El mismo, por verse respecto a la reapertura del estrecho de Ormuz. Paso esencial para el comercio global de combustibles y sus infinitos derivados. Ese mismo, que hasta el 28 de febrero estaba abierto para todo el mundo, que Irán se vio obligado a cerrar, después de que Trump, embaucado por el judío Netanyahu, se lanzara a una guerra que sería una cuestión de días y continúa a pesar de que ya se cumplen ochenta.
Esta mentira de la teocracia sionista profundizó la grave situación económica de los Estados Unidos, disparando los precios de los productos básicos, fundamentalmente la nafta, mientras que la popularidad de Trump se desmorona, por lo que, de no suceder un milagro a partir de noviembre, tras las elecciones de medio término, estará a tiro de impeachment (juicio político).
Tras los comentarios esquivos del presidente acerca de los resultados de su viaje a China, ha llevado a una articulista del New York Times a sugerir que: “Trump está desconectado de la realidad”. Mientras todos esperan lo contrario del viaje a Beijing, que el presidente ruso Vladimir Putin hará entre el 19 y 20 de mayo.
Es en este amargo contexto que, quizás más por obra de su departamento de prensa que por el Departamento de Defensa, ha salido a cazar terroristas por el interior de África, como ya lo ha hecho en la última Navidad (Ver: Nigeria: Trump y su mundo para armar). Intentando revitalizar la caótica segunda presidencia del neoyorquino.
La deslucida presencia norteamericana en África, que ya lleva cerca de una década, desde fines del último diciembre está intentando establecer una cabecera de playa en Nigeria, muy posiblemente junto a Marruecos y Kenia, el país más alineado a Washington de todo el continente.
Ya en diciembre Trump había alertado acerca de las persecuciones y los asesinatos de la comunidad cristiana en Nigeria; por eso, formalmente, aquellos bombardeos. Un recurso que ha vuelto a utilizar el pasado anunció el apoyo de la posible intervención antiterrorista por parte de Nigeria en Mali, justamente este país junto a Burkina Faso y Níger, que conforman la Alianza de Estados del Sahel (AES), son los que más alejados se encuentran de las políticas imperiales de Washington, y cercanos, nada menos que a Moscú. ¿En qué lugar de África queda Rusia?
En este nuevo joint venture anunciado por Trump entre Washington y Abuja, ya se anota un éxito. En una operación conjunta consiguieron eliminar nada menos que al segundo líder más importante del Daesh, según informó el presidente nigeriano Bola Tinubu, en una misión realizada en el Estado de Borno, en el noreste de Nigeria, junto a la cuenca del lago Chad.
El terrorista abatido sería Abu‑Bilal al‑Minuki, alias Mainoki, según Trump “el terrorista más activo del mundo” eliminado en una «misión muy compleja». Si se lo considera como uno de los principales emires del Wilāyat Garb Ifrīqīyā (Estado Islámico de África Occidental, o ISWAP, por sus siglas en inglés), una organización escindida en 2015 de Boko Haram, al que Trump se refirió como el segundo de la organización, algo muy difícil de corroborar por la cada vez atomizada organización de estas khatibas, extremadamente perseguidas por los ejércitos regulares e incluso por otros grupos insurgentes, con quienes se encuentran en estado de guerra permanente.
Algunas fuentes consignan a al-Minuki como un operador clave en la estructura internacional de dicha organización, por lo que no era simplemente un comandante de campo. Otras versiones señalan que su rol estaría ligado a la articulación entre las distintas Wilāyat (provincias) del califato en gestación, responsable de supervisar a las franquicias regionales, controlar la circulación de fondos, coordinar la propaganda y dar coherencia estratégica entre organizaciones, ya no solo en el interior de Nigeria, sino que se extendería desde el corazón del Sahel (Mali) hasta Pakistán y el norte de India. Si no hubiera estado vinculado directamente con servicios de inteligencia occidentales como la CIA, lo habrían detectado y seguido. En algún momento, se necesitaría su eliminación por alguna necesidad política o estratégica, como ha ocurrido tantas veces. Esta podría ser una oportunidad, ya que el Departamento de Estado necesita disimular el fracaso de Trump en China.
El verdadero zarpazo
Más allá de la utilización política que se le pueda dar a la muerte de Abu‑Bilal al‑Minuki, en este contexto en particular habrá que estar en cuanto y cuán profunda puede ser la presencia estadounidense detrás de las operaciones del ejército de Nigeria, teniendo en cuenta la actual situación de seguridad que vive Mali, el gran bastión anticolonialista del continente que desde hace años, pero particularmente desde las últimas semanas, está sufriendo una fortísima embestida por parte de la alianza que conforman la franquicia de al-Qaeda en el Sahel, el Grupo de Apoyo al Islām y a los musulmanes (JNIM), y los tuaregs del Frente de Liberación de Azawad (FLA). Que han llevado a un punto extremo de su propia existencia. Lo que habilitaría a la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) para articular la tantas veces anunciada avanzada militar contra los países de la ANS, bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo, a la que se sumaría Estados Unidos y Nigeria, también Costa de Marfil, quien ha sido parte de este proyecto de invasión a los territorios de la AES desde el comienzo en octubre del 2023.
Si bien esta última nación cuenta con un poder militar limitado, serviría como cabecera de playa para irradiar tropas hacia Mali y Burkina Faso, naciones con las que tiene amplias fronteras. Mientras que a Níger sí se podría llegar directamente desde Nigeria.
Esta posible incursión antiterrorista en las naciones del ANS amenaza con retrotraer la situación regional al 2020, cuando los jóvenes coroneles malíes derrocaron al presidente Ibrahim Boubacar Keïta, fundamentalmente por su fracaso en la lucha contra el terrorismo.
Mientras Nigeria coquetea como fuerza invasora junto a los Estados Unidos, en su propio territorio no dejan de sucederse acciones terroristas. La semana pasada, una veintena de policías habían sido asesinados tras un ataque contra la Academia de Fuerzas Especiales de Nigeria, mientras se ejecutaba otra operación contra una base del ejército, que habrían alcanzado a repeler el ataque atribuido al ISWAP, contra un batallón militar y un puesto de control cercano en la localidad de Buni Gari, estado de Yobe, al noreste del país. Según un comunicado de las Fuerzas Armadas, durante los enfrentamientos en los que murieron dos militares, habrían sido abatidos al menos cincuenta terroristas, un dato, como siempre, imposible de verificar cuando se refiere a bajas propias o del enemigo.
En lo que aparentemente ha sido una respuesta a la eliminación de al‑Minuki, el viernes quince, tras un raid delictivo contra una escuela ubicada en la localidad de Askira-Uba y varias comunidades cercanas en el estado de Borno, más de cuarenta estudiantes han sido secuestrados. Si bien ninguna organización se ha adjudicado la operación, tiene todos los elementos de las clásicas operaciones de Boko Haram; recordemos solo a manera de ejemplo el bochornoso secuestro de las casi 280 niñas de la escuela de Chibok en abril del 2014, al que le siguieron innumerables hechos similares, aunque nunca con esa magnitud. Si bien esta ha sido la respuesta inmediata al asesinato de al-Minuki, sin duda no será la última y habrá que esperar más acciones como secuestros extorsivos, asesinatos puntuales y ataques contra aldeas y bases militares, lo que es lo común en Nigeria desde 2009, cuando nació Boko Haram como organización terrorista.
Ni a la Casablanca, ni a su secuaz nigeriano, les importará demasiado si la intervención a los países de la ANS, tenga autorización o no, una vez puesta en marcha, la operación a la que rápidamente se sumará Francia, ya que ha sido la nación más perjudicada por el movimiento anticolonialista, abrirá en los gobiernos de Bamako, Niamey y Ouagadougou, quebrar la unidad de ese bloque para someterlos nuevamente al sistema semicolonial en el que se han mantenido muchas naciones africanas, si no todas, desde la declaración de sus independencias a partir de los años sesenta. Por lo que la presión de los terroristas, “mágicamente”, se incrementará en las próximas semanas, para darle a Trump su merecido premio consuelo.
Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central.
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