Las muchas Guadalajaras: política y ficción en la narrativa de José Baroja

El narrador y ensayista José Baroja.

El libro insiste en una idea: el sistema produce resignación. En ‘Godín’, el cuerpo y el alma del trabajador ‘pertenecen’ a la empresa.

Por Karina Aguilar | 4/03/2026

En Sueño en Guadalajara y otros cuentos, la ciudad no es un telón de fondo sino un campo de fuerzas donde poder, violencia y resignación modelan la vida cotidiana. La imaginación aparece como el último gesto político posible.

La Guadalajara que aparece en Sueño en Guadalajara y otros cuentos no es una postal ni una metáfora abstracta. Es una ciudad partida. O, mejor dicho, multiplicada. “¡Porque ya no sé cuántas Guadalajaras hay!”, repite el narrador en el cuento central. Esa frase, más que un exabrupto, funciona como clave política de todo el libro.

Guadalajara no es solo escenario: es estructura de poder. En el relato Sueño en Guadalajara, la lluvia que cae sobre López Mateos no es decorativa. Lava sangre, oculta desapariciones, borra huellas. La ciudad “atorada en la abultada cartera de algún político” y confundida con el narco revela una intuición cruda: el poder formal y el poder criminal comparten mecanismos, lenguajes y beneficios. No se trata de denuncia panfletaria, sino de una constatación narrativa que emerge desde la precariedad del narrador: seis meses de renta impaga, un departamento mínimo, la sospecha de que sin “lana” no hay imaginación perdurable.

El libro insiste en una idea: el sistema produce resignación. En “Godín”, el cuerpo y el alma del trabajador “pertenecen” a la empresa. La frase tiene ecos que van más allá de la sátira laboral. Remite a una lógica de apropiación que atraviesa el Estado, la burocracia y la política. Max Weber describía la burocracia moderna como una maquinaria racional destinada a la eficacia (Economía y sociedad, 1922). Baroja muestra su reverso latinoamericano: ventanillas que humillan, números que determinan destinos, trámites que devuelven al migrante al inicio del laberinto. La racionalidad deviene desgaste.

En “Burocracia a la mexicana”, la dependencia gubernamental se compara con el purgatorio. La escena es reconocible para cualquier lector mexicano: sillas de plástico, números que no avanzan, documentos que faltan por detalles mínimos. La violencia aquí no es espectacular; es administrativa. Hannah Arendt habló de la “banalidad del mal” para describir cómo el daño puede ejecutarse desde la rutina (Eichmann en Jerusalén, 1963). En estos cuentos, el mal no siempre grita; a veces sonríe desde la ventanilla.

La dimensión política se vuelve explícita en “De políticos e infamias”. Julio, el legislador que se ducha bajo agua casi hirviendo antes de salir a “hacer dinero, a legislar”, encarna una clase dirigente que ha naturalizado la corrupción como oficio. El cuerpo sobredimensionado por los cargos, la casa excesiva, el discurso solidario que no siente: todo compone una caricatura apenas exagerada del político profesional. El ciudadano común es instrumento, cifra, voto, estadística.

Hay otro elemento menos evidente pero igualmente político: la familia. La consigna “La familia es primero; aunque me mate” condensa una crítica a la moral tradicional que protege la violencia doméstica y el machismo. La política no está solo en el Congreso; está en el hogar, en la iglesia, en la empresa. Octavio Paz pensó el “ser mexicano” como herencia de máscaras y soledades (El laberinto de la soledad, 1950). Aquí se ironiza esa tradición: no basta un laberinto para explicar la ciudad contemporánea. La máscara ahora incluye partidos, narco, universidades, medios.

En el centro del libro, sin embargo, no está la denuncia sino la imaginación. El narrador inventa otra Guadalajara: una donde la joven puede ir a la librería sin riesgo, donde el trabajo no humilla, donde la familia no encubre golpes. Esa ficción alternativa no es evasión; es resistencia. “Yo aún escribo, me resisto y escribo”. La frase del prólogo se vuelve declaración política: escribir es negarse a aceptar que la única ciudad posible es la capturada por el poder.

La literatura latinoamericana ha explorado la violencia estructural durante décadas. Desde Roberto Bolaño hasta Fernanda Melchor, la narrativa reciente ha mostrado territorios donde Estado y crimen se entrelazan. Baroja se inserta en esa conversación, pero desde un registro híbrido: sarcasmo, coloquialismo, rabia íntima. No busca la épica del narcotráfico ni la crónica documental. Le interesa el efecto microscópico del poder en la vida diaria: el alquiler impago, el número que no avanza, el cubículo sin ventanas.

El elemento político de Sueño en Guadalajara y otros cuentos no radica en consignas ni en tesis explícitas. Está en la constatación de que la ciudad está fracturada por desigualdades que se reproducen en todos los niveles. Está en la sospecha de que la lluvia limpia más que el pavimento: limpia conciencias. Y está, sobre todo, en la decisión de no callar esas voces que el propio narrador intenta silenciar cuando escribe.

Afuera llueve. El escritor vive ahí. Esa aceptación final no es derrota. Es el reconocimiento de un lugar desde el cual mirar. La política, en estos cuentos, no es un tema externo. Es el clima mismo en que respiran los personajes.


Sobre el autor

José Baroja (Valdivia, Chile, 1983) es narrador y ensayista. Ha desarrollado su obra entre Chile, España y México, explorando en sus cuentos y novelas las tensiones sociales de América Latina, con especial atención a la violencia estructural, la precariedad laboral y las contradicciones urbanas. Es autor, entre otros libros, de Un hijo de perra y otros cuentos y Sueño en Guadalajara y otros cuentos, ambos disponibles en España.

2 Comments

  1. Es un libro que revela una narrativa íntima y sobria, donde lo cotidiano se vuelve inquietante sin perder su anclaje humano. Los relatos exploran la memoria, el desarraigo y la identidad con una prosa contenida, de ritmo pausado y atmósfera melancólica. Guadalajara aparece como un espacio simbólico: ciudad soñada, frontera emocional y territorio de búsquedas. Ciertamente, aquí, Baroja confirma una voz madura que encuentra en la brevedad una forma precisa de intensidad literaria. Pueden leer uno de sus primeros libros en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: https://www.cervantesvirtual.com/obra/un-hijo-de-perra-y-otros-cuentos-1266113/

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