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Espero que mis amigos independentistas catalanes que aún no habían caído en la cuenta que AC es la marca blanca de VOX en Catalunya ya se hayan quitado la venda de los ojos.
Por Lucio Martínez Pereda | 9/12/2025
Esperaba de un momento a otro que The Objective -o cualquier otro- se convirtiera en el primer periódico ultraderechista en reconocer el reparto de votos específicos entre VOX y Aliança Catalana (AC).
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Podremos formular así la sinergia electoral: AC es la versión catalana de Vox y Vox es la versión española de AC. En consecuencia AC no se presentará en las generales y Vox no se presentará en las autonómicas (esto último aún no ha sido dicho).
Espero que mis amigos independentistas catalanes que aún no habían caído en la cuenta que AC es la marca blanca de VOX en Catalunya ya se hayan quitado la venda de los ojos. Suponía -eso si- que la Asna Salvaje catalana sería más astuta y tardaría más en evidenciar esta arriesgada realidad. Descontando esta sorpresa por la prontitud en revelar el juego: nada de sorpresas. Solo lógica elemental: dos marcas, un mismo espacio, dos territorios, cero competencia interna.
Este tipo de pactos de pragmatismo electoral no son una novedad en la historia política española. Desde la Restauración borbónica hasta nuestros días, las derechas han demostrado una notable capacidad para coordinarse sin necesidad de acuerdos explícitos. La apariencia de rivalidad siempre ha sido un mecanismo útil para ocupar todo el espacio ideológico disponible.
Mientras tanto, los medios de comunicación que orbitan en torno a este bloque presentan el fenómeno como mera reorganización electoral o como la expresión espontánea de un “voto de hartazgo”. Es la estrategia clásica de desproblematización: pero bajo esa superficie se oculta una concepción del poder coherente, con la ultraderecha catalana y la española actuando como brazos complementarios de un mismo cuerpo ideológico.
Dentro de algunos años, cuando se hable de este periodo como del momento en que la ultraderecha aprendió a coordinar su fragmentación: nadie recordará que todo empezó entre dos partidos que fingían odiarse para no robarse votos.
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