Las condenadas del mar. Mujeres migrantes en los márgenes de Europa, de Camille Schmoll

‘Las condenadas del mar’ es un libro imprescindible para descolonizar la mirada sobre las migraciones.

Por Isabel Ginés | 9/07/2025

Durante demasiado tiempo, la narrativa dominante sobre las migraciones africanas hacia Europa ha estado gobernada por una lógica ciega: la del varón joven que cruza el Mediterráneo en soledad, con rostro anónimo y gesto heroico. Bajo esa imagen reiterada, los medios han consolidado un imaginario masculino del éxodo. ¿Dónde estaban, entonces, las mujeres? ¿Dónde quedaban sus cuerpos, sus historias, sus decisiones, su dolor, su autonomía?

Camille Schmoll, geógrafa feminista y profesora universitaria, responde con una obra necesaria: Las condenadas del mar. Este no es un libro sobre las mujeres migrantes: es un libro con ellas. Un texto que rompe con décadas de silencios, que da voz a las que caminan sin nombre, que han atravesado desiertos y fronteras, que han parido y huido a la vez, que han sobrevivido al mar, a las mafias, a las leyes migratorias europeas y a la indiferencia política.

El título ya es un gesto de posicionamiento: condenadas, no porque estén marcadas por una culpa, sino porque son víctimas de un sistema que las margina dos veces: por ser mujeres y por ser migrantes. Esta es la genealogía de un despojo. Y también de una resistencia.

Schmoll construye su obra a partir de una investigación de largo aliento en distintos enclaves fronterizos: Italia, Malta, Sicilia, y los centros de internamiento y acogida que conforman ese espacio ambiguo y brutal llamado “Europa”. Pero este no es un libro estadístico, ni una recopilación de datos impersonales. Aquí lo que importa son los relatos, las vidas concretas, los cuerpos que resisten.

Las protagonistas no son figuras angelicales moldeadas para enternecer a Occidente. No hay aquí una pornografía del sufrimiento. Las mujeres que aparecen en estas páginas son complejas, autónomas, a veces contradictorias. No piden compasión, exigen comprensión. No quieren ser “pobres víctimas”, sino sujetas políticas, supervivientes de un sistema que las empuja constantemente a la exclusión.

El libro interpela desde la primera página. ¿Por qué no hablamos de las mujeres que migran solas? ¿Por qué no aparecen en los medios? ¿Por qué mueren más mujeres que hombres cruzando el Mediterráneo? ¿Por qué se considera más peligroso para ellas el viaje? ¿Y por qué se sigue presentando la migración femenina como excepción cuando es, en realidad, una constante oculta?

Uno de los momentos más significativos del libro se produce cuando una joven eritrea, recién desembarcada en Italia, se dirige con firmeza a los periodistas:

“No quiero contar toda mi vida. No intentéis robar mi privacidad. Mi pasado es mío.”

Esa frase lo dice todo. Este libro no busca obtener lágrimas ni construir relatos épicos. Rechaza la narrativa “homérica” de los medios, donde el migrante es presentado como héroe silencioso o víctima indefensa. Schmoll desmonta esa lógica binaria y pone en el centro el derecho de las mujeres a ser contadas con matices, con sus luces y sombras, con contradicciones y decisiones propias.

Desde una mirada feminista interseccional, el libro analiza cómo el sistema patriarcal se cruza con las políticas migratorias, afectando de manera diferenciada a las mujeres. Mientras que muchos hombres migran solos como punta de lanza de un proyecto familiar, muchas mujeres migran como únicas responsables de su supervivencia o de sus hijas e hijos. En ese camino, sufren violencias específicas: trata, violaciones, explotación laboral, esterilización forzada, invisibilización.

Y sin embargo, el relato institucional sigue negándoles la agencia. Cuando se piensa en refugiados, se piensa en hombres. Cuando se habla de víctimas, se infantiliza a las mujeres. Cuando se legisla, se margina. Schmoll desmonta esa estructura con rigor y sensibilidad, mostrándonos que cuidar la frontera es, en muchos casos, condenar a las mujeres a desaparecer.

Otro de los grandes logros del libro es su crítica al enfoque humanitarista de los medios. Schmoll cuestiona la necesidad de mostrar a mujeres y niños llorando para generar empatía. Porque ese enfoque, lejos de empoderar, reduce a esas personas a objetos de consumo emocional. En su lugar, la autora propone un enfoque político: analizar las causas, denunciar las leyes, desmantelar las narrativas simplificadas.

No se trata de mostrar “lo mal que lo pasan”, sino de entender por qué lo pasan mal, quién lo provoca y qué mecanismos lo perpetúan. Esa es la verdadera revolución narrativa del libro.

Para quienes trabajamos en derechos humanos y hemos toca los procesos migratorios, este libro es también una reflexión sobre la propia práctica profesional.

¿Cómo contar sin robar? ¿Cómo observar sin invadir? ¿Cómo relatar sin instrumentalizar?

Schmoll ofrece un ejemplo admirable de cómo hacer investigación desde el respeto, desde el compromiso político y desde la ética. No hay apropiación, sino acompañamiento. No hay voz sobre, sino escucha con. El resultado es un relato potente que no infantiliza, ni mitifica, ni adoctrina.

Este libro es muy importante. No solo para feministas, periodistas o investigadoras. Es imprescindible para cualquiera que quiera entender de verdad lo que ocurre en las rutas migratorias.

Porque mientras los titulares hablan de cifras y oleadas, aquí se habla de cuerpos concretos. De mujeres que no esperaron, sino que cruzaron. De madres que no pudieron proteger a sus hijos. De adolescentes que atravesaron Libia solas. De ancianas que aún sueñan con una cama segura. De mujeres que no quieren contar toda su vida, pero sí que el mundo entienda por qué han tenido que abandonarla.

Las condenadas del mar no es un libro sobre víctimas. Es un libro sobre sobrevivientes. Y es también un acto de justicia narrativa. Porque devolver la voz a quien ha sido silenciada es, también, una forma de cuidado.

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