La reelección de Noboa en Ecuador consolida la senda liberal y el poder de las élites

La reelección de Noboa consolida un modelo económico liberal que prioriza los intereses del gran capital en detrimento de las mayorías populares.

Por Daniel Jara | 14/04/2025

Este domingo 13 de abril, Ecuador vivió una jornada electoral marcada por la polarización y la tensión, donde el presidente Daniel Noboa, candidato oficialista del Movimiento Acción Democrática Nacional (ADN), logró la reelección en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Con un 55,85% de los votos frente al 44,15% de su contendiente, Luisa González, del Movimiento Revolución Ciudadana, Noboa aseguró un nuevo mandato hasta 2029. Esta victoria, obtenida por el hijo del magnate bananero Álvaro Noboa —uno de los hombres más ricos del país—, se produce en un contexto de profunda crisis social, económica y de seguridad, lo que plantea serias interrogantes sobre el rumbo que tomará Ecuador en los próximos años.

Un país azotado por la violencia y el narcotráfico

Ecuador, que durante la etapa de Rafael Correa (2007-2017) fue considerado un oasis de estabilidad en la región, se ha convertido en uno de los países más violentos de América Latina. La tasa de homicidios se disparó de 5,79 por cada 100.000 habitantes en 2017 a 38,8 en 2024, según datos de InSight Crime. Las bandas criminales, aliadas con cárteles mexicanos y redes internacionales, han permeado las instituciones, controlan cárceles y barrios enteros, y han desatado una ola de extorsiones, secuestros y masacres. Ciudades como Guayaquil y Durán son epicentros de esta violencia, con 476 homicidios registrados en esta última solo en 2024.

Noboa, durante su primer mandato, apostó por una política de «mano dura» para enfrentar la inseguridad. Su Plan Fénix, que incluyó la militarización de las calles, el despliegue del Bloque de Seguridad y estados de excepción recurrentes, generó un impacto inicial en la percepción ciudadana, con una aprobación que llegó a superar el 80% en los primeros meses de su gestión. Sin embargo, los resultados han sido efímeros. La violencia repuntó en enero de 2025, con 731 asesinatos, el mes más sangriento en tres años. Las cárceles, lejos de ser controladas, siguen siendo fortines de las mafias, y las denuncias de violaciones a los derechos humanos —como torturas, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales— han empañado las operaciones militares.

Liberalismo y desigualdad: La agenda de Noboa

La reelección de Noboa consolida un modelo económico liberal que prioriza los intereses del gran capital en detrimento de las mayorías populares. Hijo de una de las familias más acaudaladas del país, Noboa ha defendido medidas como el aumento del IVA al 15% y la reducción de subsidios a los combustibles, justificándolas como necesarias para financiar la lucha contra el crimen y sanear las finanzas públicas. Sin embargo, estas políticas han golpeado duramente a los sectores populares, reduciendo su capacidad adquisitiva y elevando el costo de vida.

Ecuador enfrenta una crisis económica severa. El desempleo se situó en 3,7% en julio de 2024, mientras que el trabajo informal supera el 50%, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. Durante el gobierno de Noboa, los ingresos laborales reales disminuyeron un 3% en 2024. La pobreza afecta al 31,9% de la población, y la deuda pública, que alcanzó el 56% del PIB, limita la inversión en servicios esenciales como salud, educación y programas sociales. A esto se suma la crisis energética, con apagones de hasta 16 horas que paralizaron al país durante meses en 2024, afectando tanto a hogares como al tejido productivo.

El gobierno de Noboa ha promovido la apertura a la inversión extranjera y acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que incluyen ajustes fiscales y austeridad. Estas recetas, lejos de dinamizar la economía, han profundizado la precariedad de los trabajadores, quienes enfrentan salarios de miseria y una falta crónica de oportunidades. Mientras tanto, las élites económicas, representadas por figuras como Noboa, continúan acumulando riqueza, perpetuando una desigualdad estructural que configura la cartografía social del país.

Un duro golpe para el pueblo trabajador

La derrota de Luisa González, candidata de la Revolución Ciudadana, representa un revés para quienes buscaban un cambio de rumbo hacia políticas progresistas que priorizaran la inversión social, la redistribución de la riqueza y la prevención del crimen a través de la educación y el empleo. González, respaldada por el expresidente Rafael Correa, propuso restituir ministerios clave, invertir en tecnología para desmantelar redes criminales y reactivar la economía con créditos y subsidios. Sin embargo, su campaña enfrentó el estigma del anticorreísmo y una maquinaria mediática que asoció su proyecto con el «pasado».

La victoria de Noboa, por un margen más amplio de lo esperado, refleja la polarización de un país dividido entre el miedo al crimen y la desconfianza hacia las alternativas de izquierda. Sin embargo, también evidencia la capacidad del oficialismo para movilizar recursos y construir una narrativa de estabilidad, a pesar de los magros resultados de su gestión. Para los trabajadores, esta reelección implica la prolongación de un modelo que los margina y los expone a la violencia, la precariedad y la exclusión.

Un futuro incierto

Con Noboa al frente, Ecuador se prepara para cuatro años más de liberalismo, militarización y ajustes económicos. Si bien el presidente ha prometido modernización, cooperación internacional y digitalización del Estado, sus propuestas carecen de claridad sobre cómo abordar las raíces de la crisis: la corrupción institucional, la desigualdad social y la dependencia de un modelo económico extractivista. La reelección de Noboa, en un contexto de desesperanza y temor, no solo consolida el poder de las élites, sino que plantea un desafío monumental para las fuerzas populares que buscan construir un país más justo y seguro.

El pueblo trabajador, que soñó con un cambio, enfrenta ahora la tarea de organizarse y resistir. La historia de Ecuador demuestra que, aun en los momentos más oscuros, la lucha colectiva puede abrir caminos hacia un futuro diferente. Por ahora, el «nuevo Ecuador» de Noboa parece ser una continuidad de las viejas recetas que benefician a unos pocos mientras la mayoría lucha por sobrevivir.

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