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La película se sitúa en un momento crítico de la historia de España, justo antes del golpe de Estado fascista que desencadenó la Guerra Civil.
Por Ana Redondo | 24/05/2025
La Lengua de las Mariposas (1999), dirigida por José Luis Cuerda, es una de las películas más emblemáticas del cine español, una obra que combina la ternura de la infancia con el peso de los conflictos históricos. Basada en el relato ¿Qué me quieres, amor? de Manuel Rivas, la película nos sumerge en la Galicia rural de los años previos a la Guerra Civil Española, explorando temas como la educación, la libertad y la pérdida de la inocencia en un contexto de creciente polarización.
La historia se centra en Moncho (Manuel Lozano), un niño de ocho años que, tras superar una enfermedad, comienza a asistir a la escuela en un pequeño pueblo gallego en 1936. Su maestro, Don Gregorio (Fernando Fernán Gómez), es un hombre culto y progresista que fomenta la curiosidad y el amor por el aprendizaje en sus alumnos, enseñándoles desde la poesía hasta la maravilla del mundo natural, como las lenguas de las mariposas. La relación entre Moncho y Don Gregorio se convierte en el corazón de la película, un vínculo que representa la pureza del conocimiento frente a la intolerancia. Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil y la llegada del fascismo al pueblo trastocan esta idílica conexión, llevando a un desenlace tan conmovedor como devastador.
La película se sitúa en un momento crítico de la historia de España, justo antes del golpe de Estado fascista que desencadenó la Guerra Civil (1936-1939). A través de los ojos de Moncho, Cuerda muestra cómo las tensiones políticas y sociales se filtran en la vida cotidiana, afectando incluso las relaciones más puras. Don Gregorio encarna los valores de la Segunda República: la educación como herramienta de emancipación, la libertad de pensamiento y el respeto por la diversidad. En contraste, el ascenso de la represión fascista pone en peligro estos ideales, obligando a los personajes a enfrentarse a dilemas morales.
El título, La Lengua de las Mariposas, alude a la fascinación de Moncho por el mundo natural, pero también simboliza la fragilidad de la libertad y la belleza en tiempos de opresión. La película utiliza esta metáfora para reflexionar sobre cómo la intolerancia puede aplastar los sueños y las aspiraciones de una sociedad.
José Luis Cuerda, conocido por su estilo poético y su capacidad para combinar humor y drama, logra en esta cinta un equilibrio perfecto entre la ternura y la crudeza. Su dirección destaca por su sensibilidad, capturando tanto la calidez de la infancia como la brutalidad del contexto histórico. Las imágenes de la Galicia rural, con su exuberante naturaleza, contrastan con los tonos sombríos que se van adueñando de la narrativa.
Las actuaciones son uno de los puntos fuertes de la película. Fernando Fernán Gómez ofrece una interpretación magistral como Don Gregorio, transmitiendo sabiduría, bondad y una profunda tristeza ante el destino de su país. Manuel Lozano, en su debut como actor, aporta una naturalidad que hace que el público se identifique con Moncho y sienta el impacto de su evolución emocional. El reparto secundario, con personajes como los padres de Moncho o los habitantes del pueblo, completa un mosaico humano que refleja las complejidades de la época.
La Lengua de las Mariposas fue aclamada por la crítica y el público, ganando el reconocimiento por su guion, dirección y actuaciones. La película obtuvo varios premios, incluyendo el Goya al Mejor Guion Adaptado en el año 2000, y se convirtió en un referente del cine español de finales del siglo XX.
La película también ha sido utilizada en entornos educativos para discutir la Guerra Civil Española y sus consecuencias sociales, así como para reflexionar sobre el papel de la educación en la formación de valores. Su final, abierto a interpretaciones pero profundamente emotivo, sigue siendo objeto de debate y análisis, dejando una marca imborrable en quienes la ven.
La Lengua de las Mariposas es una obra maestra que combina la delicadeza de una historia emotiva con la crudeza de un drama histórico. José Luis Cuerda nos invita a mirar el mundo a través de los ojos de un niño, recordándonos la importancia de proteger la libertad, el conocimiento y la humanidad en tiempos oscuros.
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