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Existe una enorme hipocresía por parte de las autoridades que, por un lado lanzan campañas de concienciación contra el consumo de drogas mientras evitan endurecer las leyes para perseguirlo y sancionarlo.
Por Oriol Sabata | 21/11/2024
El 19 de noviembre, el ex político de Podemos, Ramón Espinar, aseguraba en la tertulia televisiva En Boca de Todos (Cuatro) que el consumo de cocaína en el Congreso de los Diputados es algo habitual. Acto seguido, añadía que si se realizaran controles de drogas anónimos en los baños de la cámara parlamentaria se vería la magnitud del asunto. Lo sorprendente de las palabras de Espinar, más allá del hecho en sí, es que afirmó que el consumo de cocaína no es un delito, sino un ‘vicio’.
A pesar de que jurídicamente se trata de una afirmación correcta, las palabras del ex militante de la formación morada son realmente graves. Resulta inadmisible que se relativice y blanquee el consumo de drogas por parte de los políticos encargados de legislar y dirigir el país. Se está normalizando entre la sociedad esta lacra. El Código Penal sólo castiga ‘el cultivo, elaboración, tráfico y distribución’ de estas sustancias, de manera que no constituye un delito su consumo personal en pequeñas cantidades siempre y cuando no se haga en la vía pública.
En realidad lo que existe es una enorme hipocresía por parte de las autoridades que, por un lado lanzan campañas de concienciación contra el consumo mientras evitan endurecer las leyes para perseguirlo y sancionarlo. De hecho, un gobierno que tenga como prioridad el bienestar y la salud pública de la población debería tener como objetivo principal la erradicación de las drogas en todos los ámbitos de la sociedad.
Es evidente que los sucesivos gobiernos de distinto color político no han hecho nada para cambiar el rumbo en esta materia. El fenómeno es realmente grave si tenemos en cuenta que España es el país europeo donde más se consume cocaína. Un informe del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías señala que un 11,2% de los ciudadanos españoles consume esta sustancia. Y no solo existe un problema con la cocaína, también ocurre lo mismo con la marihuana. No dejan de proliferar los llamados Clubs Sociales Privados, lugares donde se venden y se fuman de forma legal ciertas cantidades de cannabis.
En el imaginario liberal, que es el pensamiento dominante en la sociedad contemporánea, existen todo tipo de justificaciones y tolerancia hacia las drogas. También desde el Estado, aunque se trate de mostrar lo contrario. Bajo el capitalismo, lejos de buscar erradicar las drogas, se opta por hacer negocio con ellas, a costa de la salud física y mental de la población. Con todas las consecuencias que se derivan de ello.
Buena prueba de que este blanqueamiento se ha generalizado es que declaraciones públicas como las de Ramón Espinar normalizando el consumo de drogas no son casos aislados. En febrero de este mismo año, tras la muerte de dos guardias civiles en el campo de Gibraltar mientras trataban de parar una narco-lancha, Juan Franco, alcalde de la Línea de la Concepción, decía ante los medios que a lo mejor la solución era ‘legalizar el hachís’. Unas graves palabras que no solo tendrían que tener una condena por parte de la opinión pública, sino que deberían haber terminado con un cese inmediato del cargo y con la apertura de una investigación por posibles nexos o connivencia con el narcotráfico.
Fue precisamente a raíz de esa tragedia que los españoles pudieron ver con mayor claridad la falta de efectivos que existe para combatir a las mafias del narco en la zona. Lo cierto es que no hay voluntad política para tejer un plan a largo plazo que ataje este problema. Es necesario un Código Penal más severo, mayores efectivos y un programa de concienciación potente para cambiar la percepción que la sociedad tiene sobre las drogas. Pero eso no será posible bajo un sistema cuya ideología prima el lucro empresarial por encima de la salud pública.
Muy buen artículo del que comparto todo lo que se expone. Realmente no existe voluntad para combatir a sangre y fuego las drogas. Y hay que denunciarlo.