Inquietud por la seguridad en la región autónoma kurda de Irak

Estados Unidos se ha llevado consigo los sistemas antiaéreos, los misiles Patriot y los sistemas C-RAM que habían frenado estos ataques, que los kurdos atribuyen a los grupos armados iraquíes respaldados por Teherán.

Por Pablo Ruiz de Aretxabaleta | 26/10/2026

El pasado 30 de septiembre la misión de la Coalición Internacional contra el ISIS se retiraba de Irak y las últimas tropas de Estados Unidos salían del país de mayoría árabe después de doce años de intervención. Mientras las autoridades iraquíes celebraban el “Día de la Soberanía”, a pesar de la fuerte influencia que Washington mantiene sobre Bagdad, en la región autónoma del Kurdistán (Bashur) la preocupación era mayor.

A lo largo de estos años, las fuerzas de la Coalición han derribado innumerables drones y misiles en el espacio aéreo del Kurdistán del Sur; algunos tenían como objetivo sus propias bases y otros apuntaban a las instalaciones petroleras. Y desde que Estados Unidos e Israel lanzaron la guerra contra Irán, la región ha sido blanco de más de mil ataques, incluidas las bases de los partidos kurdos del Kurdistán Oriental (Rojhelat), en Irán.

Estados Unidos se ha llevado consigo los sistemas antiaéreos, los misiles Patriot y los sistemas C-RAM que habían frenado estos ataques, que los kurdos atribuyen a los grupos armados iraquíes respaldados por Teherán.

Ante el fin de la misión, las autoridades kurdas no ocultan su preocupación. “No tenemos medios para proteger el cielo de Kurdistán”, declaró el comandante militar Sirwan Barzani. No obstante, sostuvo que las fuerzas kurdas “siguen preparadas para afrontar cualquier amenaza gracias a la formación, la asistencia y el armamento proporcionados por la Coalición” que ha mejorado su preparación en los últimos años.

Vacío financiero

Alrededor de dos mil quinientos soldados estadounidenses han estado estacionados en Irak, principalmente en Erbil, la capital de la región autónoma kurda, y cerca del aeropuerto de Bagdad. El Ministerio de Defensa kurdo consideró “preocupante” la retirada estadounidense en un momento tan crítico, sin que se ponga en marcha otro sistema de defensa aérea y exigió al gobierno federal que “asuma la responsabilidad de proteger el espacio aéreo de la región de Kurdistán cuando sea necesario”.

Las autoridades de la región autónoma advierten de que podría surgir un vacío de seguridad similar al ascenso de ISIS tras la retirada de Estados Unidos en 2011.

También piden al gobierno federal que cubra el déficit que deja la retirada en el presupuesto militar, ya que la asistencia financiera proporcionada a los peshmerga por la Coalición también ha terminado. Estados Unidos proporcionó 135 millones de dólares para pagar los salarios de las fuerzas kurdas en 2024, pero redujo la cifra a 60 millones en 2025.

Bloqueo político y divisiones

Los problemas de seguridad se agravan además por el estancamiento político y la división radical de los grupos kurdos. Dos años después de las elecciones, aún no se ha formado un nuevo gobierno debido a las discrepancias sobre la distribución de los cargos, un vacío que afecta a la economía y a los servicios públicos.

El Kurdistán del Sur sigue fraccionada por las lealtades a los clanes, agrupados desde hace más de cincuenta años en torno a las dos principales fuerzas, el Partido Democrático de Kurdistán (PDK) y la Unión Patriótica de Kurdistán (UPK). Esta división se traslada a las fuerzas armadas peshmerga, en teoría unificadas, pero que sobre el terreno siguen divididas en unidades afiliadas a cada facción.

Está en cuestión la propia continuidad de las fuerzas peshmerga. Tras la retirada estadounidense, el gobierno de Bagdad quiere desarmar a las múltiples milicias del país y reforzar el papel estatal en la defensa. No todas las fuerzas chiíes están dispuestas a hacerlo y algunas, como Kataib Hezbolah, ponen como condición, además de la retirada estadounidense, la disolución de las fuerzas peshmerga.

La presión turca

A la vez, Turquía se resiste a retirar sus fuerzas de territorio kurdo e iraquí. Cuenta con cinco bases principales, más de dos mil soldados y casi cien puntos de despliegue. Alrededor de seiscientos soldados turcos están estacionados en la Base Militar de Bashiqa, que se estableció en diciembre de 2015. Un acuerdo entre Bagdad y Ankara prevé su entrega gradual al gobierno federal, pero ni siquiera se ha puesto fecha.

Una de las demandas de Turquía afecta a Shengal, el escenario del genocidio de la población yazidí a manos de los yihadistas del ISIS durante un año de ocupación en 2014. Ejecuciones, masacres, violaciones, esclavismo… Ni los peshmerga ni las fuerzas iraquíes los defendieron. Fueron las guerrillas del PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán) y de las YPG (Unidades de Protección del Pueblo) las que rescataron a decenas de miles de civiles asediados.

Posteriormente, los yazidíes formaron sus propias unidades de resistencia, las Unidades de Resistencia de Shengal (YBŞ), y su propia administración autónoma, contra la que no han dejado de actuar Erbil y Bagdad. Ankara señala al PKK y exige la disolución del autogobierno yazidí como una de las condiciones para retirar sus bases.

*Edición: Kurdistán América Latina

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