Historia | La paz armada

Por Eduardo Montagut

El periodo que transcurre desde finales del siglo XIX hasta el estallido de la Gran Guerra es conocido como “paz armada”. Esta etapa se caracterizó por el alineamiento de las principales potencias en dos grandes bloques o alianzas en un proceso creciente de tensiones, que desembocarían en el estallido de la Primera Guerra Mundial.

El káiser Guillermo II dio un giro completo a la política exterior alemana en relación con lo que había diseñado Bismarck con sus famosos sistemas bismarckianos y que se caracterizaron por pretender garantizar la hegemonía continental alemana y aislar a Francia, pero sin emprender acciones de signo imperialista de envergadura. El káiser defendía, en cambio, la weltpolitik o política mundial, claramente expansionista. En este sentido, los industriales y gran parte de la clase política alemana apoyaron este giro, que provocó un cambio radical en las relaciones internacionales. La primera medida emprendida fue no renovar el Tratado de Reaseguro con Rusia porque se entendió que podía traer problemas a Alemania con Austria.

Por su parte, Francia estaba inmersa en pleno affaire Dreyfus, pero encontró en la nueva coyuntura internacional una forma de aliviar las consecuencias de este escándalo. La III República aprovechó el creciente distanciamiento entre alemanes y rusos para firmar en 1892 una convención de carácter militar y secreto con Rusia, perdonando sus deudas económicas, y a pesar de las diferencias abismales entre los dos sistemas políticos. De este modo, Francia conseguía terminar con su aislamiento internacional. El miedo de Bismarck de contar con enemigos aliados entre sí en sus fronteras occidental y oriental se hacía realidad.

El nuevo expansionismo alemán y sus apetencias coloniales provocaron el recelo de los británicos. La creación de una potente armada y la presencia de intereses alemanes en el Imperio otomano y en China empezaron a preocupar seriamente en el Reino Unido. Eso provocó que abandonara sus vínculos con la Triple Alianza.

Británicos y franceses venían desarrollando un claro enfrentamiento colonial en África al chocar sus dos proyectos imperialistas. El Reino Unido pretendía unir territorios desde Egipto a Sudáfrica, es decir, de norte a sur, frente al proyecto francés de oeste a este, desde el Océano Atlántico al Océano Índico. La culminación de sus enfrentamientos se dio en Fachoda (1898), en Sudán, enclave donde colisionaban sus dos imperios y que terminó con la derrota francesa. Pero, una vez superado el conflicto, comenzaron los acercamientos entre París y Londres ante la constatación de los peligros que suponía la weltpolitik alemana. Gran Bretaña temía que una nueva derrota de Francia frente a Alemania, como la de 1870, podía convertir a ésta en la primera potencia continental. El resultado fue la firma en 1904 de la Entente Cordiale entre ambos países, que solucionó los conflictos coloniales y les unió frente a Alemania.

La hostilidad entre rusos y británicos había sido constante en el Oriente Medio. Pero Gran Bretaña consideraba la política alemana que era más peligrosa para el mantenimiento de su status de primera potencia. El Imperio ruso se encontraba en una situación difícil, ya que había sido derrotado por Japón en 1905 y había estallado una revolución. Además, se había distanciado de Alemania y mantenía su tradicional rivalidad contra Austria-Hungría en los Balcanes. Francia se convirtió en la mediadora entre británicos y rusos para que solucionasen sus contenciosos en Asia. El resultado fue la firma entre Gran Bretaña, Francia y Rusia del tratado de la Triple Entente en 1907.

Por el otro lado, se mantenía la Triple Alianza, formada por Alemania, el Imperio de Austria-Hungría e Italia. En diciembre de 1913, Alemania y el Imperio turco firmaron una alianza militar que hizo que los otomanos se alineasen con los imperios centrales.

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