El aventurismo imperialista de Trump, cada día más cuestionado frente a un Irán que resiste 

Trump, quien en su campaña prometió evitar ‘aventuras militares’ en Oriente Medio, ahora lidera la novena acción militar extranjera significativa en poco más de un año.

Por Javier Guijarro | 11/03/2026

El aventurismo militar de Donald Trump contra Irán está mostrando sus primeras grietas graves, y podría convertirse en uno de los errores más costosos de su presidencia. Lo que comenzó como una operación supuestamente «precisa y abrumadora» —lanzada el 28 de febrero con ataques conjuntos entre Estados Unidos e Israel— ha escalado rápidamente a un conflicto prolongado que ya genera dudas internas en Washington, resistencia tenaz en Teherán y críticas incluso desde aliados tradicionales.

Los bombardeos iniciales fueron devastadores: asesinaron al líder supremo Ali Khamenei y apuntaron a instalaciones nucleares, bases militares y centros de mando en ciudades como Teherán, Isfahán y Qom. El Pentágono y Trump han insistido en que la campaña avanza «según lo programado». Sin embargo, la realidad sobre el terreno cuenta otra historia. Irán ha respondido con oleadas de misiles y drones que han alcanzado al régimen de Israel, a bases estadounidenses en la región y hasta instalaciones energéticas en países del Golfo, causando bajas civiles y militares, incluyendo las primeras muertes de soldados estadounidenses.

Teherán ha dejado clara su postura inflexible: no son Washington ni Tel Aviv quienes decidirán el fin de esta guerra, sino ellos mismos. El nuevo líder supremo, el Ayatolá Mojtaba Khamenei (hijo del dirigente asesinado), ha sido calificado por Trump como «decepcionante» y «más de lo mismo», pero Irán rechaza cualquier imposición externa. El ministro de Exteriores iraní ha declarado que, tras esta «amarga experiencia», no habrá más negociaciones con Estados Unidos. Incluso el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC) ha reiterado que Irán defenderá su soberanía «hasta el último aliento».

A pesar de los ataques durísimos —que han incluido bombardeos en instalaciones nucleares como Natanz y han causado centenares de muertes civiles, incluyendo el bombardeo y la matanza en una escuela de niñas—, la resistencia iraní no muestra signos de colapso. Al contrario: la moral popular parece fortalecerse ante la agresión imperialista.

En Estados Unidos, las voces críticas crecen día a día. Expertos legales y legisladores cuestionan la guerra, argumentando que viola la Constitución al carecer de autorización del Congreso y que se inició en medio de negociaciones nucleares en curso. Trump, quien en su campaña prometió evitar «aventuras militares» en Oriente Medio, ahora lidera la novena acción militar extranjera significativa en poco más de un año. El impacto económico ya es palpable: los precios del petróleo se han disparado, el tráfico por el Estrecho de Ormuz se ha visto gravemente afectado y los mercados globales oscilan con cada declaración contradictoria del presidente (un día habla de «excursión corta» y al siguiente amenaza con intensificar los ataques «20 veces más»).

Incluso en la cúpula del régimen de Israel —principal socio en esta agresión— comienzan a surgir dudas. Algunos funcionarios han expresado en privado preocupación por la duración del conflicto, el costo en recursos y la posibilidad de que la agresión no logre el cambio de poder deseado, sino que fortalezca a los sectores más duros.

A medida que pasan los días, esta intervención se perfila cada vez más como un error estratégico. Lo que Trump vendió como un golpe decisivo para eliminar la supuesta amenaza nuclear iraní podría terminar dañando gravemente su imagen: un presidente que prometió «América Primero» y evitar guerras eternas ahora enfrenta un conflicto que genera bajas estadounidenses, inflación energética global y divisiones internas. Si la resistencia iraní se prolonga —como todo indica hasta ahora—, el precio político y económico para Trump podría ser altísimo. La historia reciente muestra que las aventuras imperialistas en Oriente Medio rara vez terminan como se planean, y esta parece no ser la excepción.

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