La República nació amenazada, acosada y ahogada, desde el principio, hasta que el golpismo pertinaz, irredento y tradicional, desencadenó la Guerra Civil y organizó la dictadura.
La izquierda necesita personas coherentes, solventes en la gestión, preparados para unir y pactar. Capaces de ilusionar. No se trata de laminar, descabezar, maquillar. Quitar a unos para poner a otros para que nada cambie, para que todo siga igual.
La clave, frente a este incesante desangrarse de nuestro mundo a merced de las ansias expansivas y depredadoras del capitalismo, se encuentra en creer en las posibilidades de imaginar otros mundos posibles y confiar en nuestra capacidad de hacerlos nacer.
Y el dictador muriéndose, remuriéndose, deshaciéndose a fuego lento en manos de su yerno, esperando a que el día de su final coincidiera con el de José Antonio Primo de Rivera.