El 23 de febrero de 1981, las fuerzas antidemocráticas y altos mandos de las fuerzas armadas fieles al testamento de Franco se confabularon y dieron un golpe de Estado.
El franquismo sigue vivo en muchas mentes, que nunca abandonaron la idea y otras que comienzan ahora a retomarla, como está ocurriendo en Europa con el nazismo y en el mundo con la llega del trumpismo.
Los gobiernos europeos tratan de mantener la calma ante el retorno de Trump a la Casa Blanca ante la amenaza de un líder impredecible que puede poner en riesgo miles de millones de la relación comercial, mientras la OTAN se pliega a su exigencia de aumentar el gasto en defensa.
Si en aquel entonces la mayoría de la gente creíamos las argumentaciones sobre la caída natural y espontánea del socialismo en la URSS y en los países socialistas del este europeo, resultó que todo fue un cuento de navidad y Gorbachov un oportunista del eurocomunismo.