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El documental narra la lucha de Ahmed y sus amigos por darle un sentido a su existencia, a través de un deporte no competitivo, que explora sus propios límites físicos y mentales.
Por Angelo Nero | 29/08/2025
Areeb Zuaiter nació en Nablus, en 1980, aunque su familia se mudó a Arabia Saudita a los pocos meses de nacer. En 1997 se trasladó al Libano, donde se licenció Radio, Televisión y Cine, y completó su formación con la maestría en Producción de Cine y Video en Estados Unidos, donde fijó su residencia en 2010, donde ha sido docente en varias universidades. También ha estado en la dirección del Festival Internacional de Cine de Amán – Awal Film (AIFF). Pero nunca ha olvidado sus raíces, esa tierra que sangra y que salpica a una diáspora cada vez más grande, obligada a escapar de un genocidio continuado que no comenzó en 2023, sino en 1948, con la Nakba. Zuaiter dirigió, en 2019, el cortometraje Colors of Resistance, en el que reflexionaba sobre la identidad palestina a través de un caleidoscopio de personajes femeninos: una pintora, una poeta, una actriz de teatro, una cantante y una artista de hip hop, explorando los conceptos de patria, resilencia, o asimilación. El cortometraje fue premiado en el Around International Film Festival (AIFF) de París, y en el Raindance Film Festival de Londres. También dirigió One Last Wish, un cortometraje de ficción que sigue a una protagonista femenina que se embarca en un largo viaje para reunirse con su abuela enferma.
A mediados de la década de 2010 comienza a rodar un ambicioso proyecto, que se desarrolla en dos escenarios muy alejados entre si, Estados Unidos, donde reside Zuaiter, y la Franja de Gaza, donde unos muchachos desafían la gravedad dentro de un colectivo llamado Gaza Parkour. Este deporte urbano, popularizado por Raymond Belle y los Yamakasi en los años ochenta, se revela como una vía de escape para Ahmed Matar y sus amigos, en el duro contexto de la denominada “mayor cárcel del mundo a cielo abierto”, donde no hay futuro para una juventud que habita esta línea de 40 kilómetros de largo y un máximo de 10 de ancho, uno de los territorios con mayor densidad de población del planeta. Del intercambio de vídeos de PK de Ahmed y de las reflexiones de Areeb, que mantienen una estrecha relación a distancia, surge “Yalla Parkour”, un documental teñido de melancolía y de una poesía visual deslumbrante, que recoge el testimonio de una juventud sin futuro, que decide desafiar al vacío dibujando acrobacias en el aire, en medio de unas ruinas que parecen anticipar el escenario de lo que, a partir de 2023, ocuparían toda Gaza.
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El documental narra la lucha de Ahmed y sus amigos por darle un sentido a su existencia, a través de un deporte no competitivo, que explora sus propios límites físicos y mentales -Practican la libertad, cueste lo que cueste. El contraste entre ese deporte y la ciudad donde viven, con límites y fronteras cada vez más estrechos, es como si desafiaran todos esos muros que los rodean, dice la directora-, todo un ejercicio de resilencia, en un territorio en el que todavía era posible soñar, como el propio protagonista, con salir al extranjero a mostrar tus habilidades, y a gritar al mundo que los jóvenes de Gaza también tienen derecho a perseguir esos sueños. Mientras Areeb, recibe imágenes de aeropuertos y centros comerciales destruidos, dunas que amortiguan las caídas de los traceur, y sueña también con regresar a Palestina. A un lado y al otro de la pantalla un deseo común, el de poder burlar las fronteras, él para salir al mundo, ella para regresar a su tierra. La directora busca sus raíces a través de su amistad con el joven deportista, bucea en sus recuerdos familiares, reflexiona sobre el exilio, sobre la identidad, mientras se suceden la imágenes de niños gazatís atrapando fragmentos de libertad en acrobacias imposibles, escalando edificios o realizando saltos mortales, mientras en el horizonte amenaza el eco de las bombas, un peligro más real que desafiar al vacío.
Producida por Suecia, Palestina, Arabia Saudí y Qatar, “Yalla Parkour”, se estrenó en el Doc NYC de Nueva York, y fue nominada al premio del público en la última Berlinale, donde Ahmed Matar, ahora residente en Suecia, pudo acudir a su presentación. “Espero que esta película siga resonando, incluso después de que Gaza sea destruida,” dice Areeb Zuaiter.


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