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Vox usa el patriotismo para movilizar a sus bases, pero en la práctica defiende intereses atlantistas que subordinan la soberanía española.
Por David Hurtado | 15/09/2025
En el panorama político español, Vox se presenta como el baluarte del patriotismo puro, un partido que defiende la soberanía nacional, la unidad de España y la protección de los intereses del pueblo frente a amenazas externas. Su manifiesto fundacional proclama un «Estado con un único Gobierno, un único Parlamento depositario exclusivo de la soberanía nacional» y enfatiza la «indisoluble unidad de la Nación española». Líderes como Santiago Abascal invocan constantemente la «España Viva», un concepto que evoca una visión de la patria arraigada en mitos como la Reconquista y la Hispanidad. Sin embargo, esta retórica se desmorona ante su alineamiento inquebrantable con los intereses de Estados Unidos a través de la OTAN y la permanencia de bases militares estadounidenses en suelo español. Esta contradicción no solo revela una hipocresía profunda, sino que expone a Vox como un partido que, en la práctica, prioriza la sumisión geopolítica sobre la defensa real de España, actuando con cobardía a la hora de confrontar figuras como Donald Trump.
El discurso patriótico de Vox
Vox ha construido su identidad en torno a un patriotismo que se erige como eje central de su ideología. En eventos como «Europa Viva 25», celebrado el 13 y 14 de septiembre en Madrid, el partido denunció el bipartidismo como responsable de la pérdida de soberanía, promoviendo una «Europa de naciones» que defienda la identidad cultural y rechace la inmigración masiva y las políticas globalistas. Abascal y otros líderes, como Ignacio Garriga, insisten en la protección de símbolos nacionales —la bandera, el himno y la Corona— y proponen medidas drásticas como la supresión de autonomías y la ilegalización de partidos que amenacen la unidad territorial. Esta narrativa se extiende a la oposición frontal contra lo que perciben como invasiones culturales o territoriales.
Vox ha sido especialmente duro en su rechazo al régimen marroquí, acusándolo de promover la inmigración ilegal y amenazar la soberanía sobre Ceuta y Melilla. En posts de su cuenta oficial en X, el partido exige la deportación de MENAS (menores no acompañados) marroquíes y denuncia acuerdos incumplidos con Rabat, como el de 2007 para su repatriación. En marzo de 2025, Vox presentó una iniciativa en el Congreso para prohibir el velo islámico en espacios públicos, declarando: «Con VOX, nuestras mujeres no llevarán cárceles de tela. Quien quiera burka, que se vaya a Marruecos».
Críticas similares se dirigen a la financiación española de proyectos en Marruecos, como desaladoras o trenes, mientras el campo español sufre competencia desleal. Esta dureza con Marruecos se presenta como defensa patriótica: en febrero, Vox compartió un video recordando la victoria española en Melilla hace 250 años, afirmando: «¡Viva Melilla por siempre española!». El partido se llena la boca de soberanía, oponiéndose a la globalización y a organismos supranacionales que «amenazan la soberanía nacional».
Su manifiesto fundacional critica la Constitución por poner al Gobierno «a merced de fuerzas cuyo propósito es liquidar la unidad nacional». En este marco, Vox se posiciona como el único defensor auténtico de España, contra el bipartidismo de PP y PSOE.
La sumisión a EE.UU: OTAN, bases y silencio ante Trump
Sin embargo, esta retórica choca frontalmente con la postura de Vox respecto a Estados Unidos y la OTAN. El partido defiende una «postura atlantista», es decir, un alineamiento incondicional con la alianza liderada por Washington. España, miembro de la OTAN desde 1982, alberga bases clave como Rota y Morón, instaladas bajo los Pactos de Madrid de 1953 y renovadas en contextos de Guerra Fría. Estas bases, que implican una vergonzosa cesión de soberanía, son vistas por Vox no como una intrusión, sino como un pilar de la defensa nacional. En programas electorales y declaraciones, Vox evita cuestionar su permanencia, priorizando la «defensa colectiva» atlántica sobre cualquier demanda de cierre o renegociación que afecte a los intereses estadounidenses.
Esta sumisión se hace evidente en su relación con Donald Trump. Vox ha sido un ferviente admirador del expresidente republicano, adoptando elementos de su discurso como el anti-globalismo y el proteccionismo. En 2016, Vox felicitó a Trump por su victoria, y Abascal se reunió con él en la CPAC de 2024. En enero de 2025, en una entrevista en Fox News, Abascal elogió la nueva administración Trump por preocuparse por «cosas importantes» y alineó a Vox con los Patriots for Europe, coincidiendo en la defensa de la soberanía contra el «woke».
Incluso ante políticas perjudiciales para España, como los aranceles de Trump al sector agroalimentario español (vino, aceite), Vox ha sido tibio: en abril de 2025, rechazó los aranceles pero culpó a la UE y a Marruecos, sin criticar directamente a Trump. Fuentes del partido minimizaron preocupaciones, afirmando que «lo que nos debe preocupar es que EE.UU. tenga mejores relaciones con Marruecos que con España por culpa del Gobierno».
Dureza con Marruecos vs tibieza con EE.UU
La contradicción es flagrante: Vox es «duro» con Marruecos, denunciando su «invasión» migratoria y exigiendo repatriaciones, pero «blando» con EE.UU, que representa una presencia militar permanente y políticas económicas que dañan a España. Mientras critica la financiación de proyectos en Marruecos (como 340 millones para una desaladora en 2025), ignora los 31,7 millones extras para la Cumbre de la OTAN en Madrid en 2022 o los costos de mantener bases que benefician principalmente a Washington.
Trump, al reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara en 2020, envalentonó a Rabat y tensionó relaciones con España, pero Vox lo aplaudió como aliado contra el globalismo. Esta doble moral expone a Vox como un partido que usa el patriotismo para movilizar bases, pero en la práctica defiende intereses atlantistas que subordinan la soberanía española. Fuentes internas del partido admiten no preocuparse por los guiños de Trump a Marruecos, priorizando la alianza con Washington. En X, Vox critica a Sánchez por ser «lacayo de Marruecos», pero no aplica el mismo término a su propia sumisión a Trump.
Cobardes que no defienden los intereses de España
Vox se erige como patriota, pero su alineamiento con la OTAN y EE.UU demuestra que su discurso es vacío. No alza la voz contra Trump, pese a amenazas como el traslado de bases o aranceles que arruinan el campo español —precisamente el que Vox dice defender—. Son cobardes que priorizan la geopolítica atlantista sobre la soberanía real, permitiendo bases extranjeras mientras claman contra la «invasión» marroquí. Esta hipocresía no solo debilita su credibilidad, sino que traiciona los intereses de España: un partido que se llena la boca de patriotismo pero se arrodilla ante Washington no merece llamarse defensor de la patria.
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