Volver a Empezar

Por Puertos33

Llevo tiempo escribiendo sobre películas y realidades, pero no me había plantado nunca a escribir sobre Begin Again. Lo cierto es que esa película me tiene atrapado, desde sus actores hasta su historia. Es gracioso que descubriese a Maroon 5 gracias a ella.

Volveré a saltar de un lado a otro, como hago en todos los artículos. Escribo bajo los fogonazos del recuerdo, —algo así decía William Carlos Williams— solo en el recuerdo puedo ver más belleza. Habré visto la película unas ocho veces, y cada vez me parece diferente. He hablado de ella con casi todo el mundo, cada escena. Empecé a querer a Keira Knightley, Piratas del Caribe era una gran losa en nuestra relación, por culpa de esta atmosfera indie.

Nada muere, es una de las pocas películas en las que nada acaba. Empieza en el final, de ahí el nombre, pero sin un final explicito. La relación entre la protagonista y Adam Levine es pasajera, es creadora. Nace él como super estrella, pero nace de ella, de ellos. Keira esta obligada a redescubrirse, también a crecer. No se puede obviar lo femenino en la película, no seria sin ello. Se aprecia la evolución, pocos personajes evolucionan hoy en día, de “la amiga del” musico del concierto o “la novia del” artista revelación a la compositora del single o la mujer que deja plantada a la discográfica.

Las primeras escenas quieren ser pánico, soledad: “So you find yourself at this subway//
When your world in a bag by your side”. 
Pero crean atmosfera, crean emociones, cada canción esta especialmente cuidada. De vez en cuando hay que dar gracias a que estos musicales aparezcan: Begin Again, Sing Street, Amanecer en Edimburgo, La la land… ¡Bendito genero! De esa letra al alcohol, la resaca, Mark Ruffalo —Parecía que Hulk iba a encasillarle, pero aquí demuestra que también es actor— La película nace en la sombra de las emociones ¿Se puede empezar “peor”?

Luego viaja en el tiempo, como el texto, mezclando historias. La llegada de la pareja, un día en la vida del fracaso…. La película brota del desamor, del crear del desamor: “Oh sugar, you don’t have to be so sweet // I know who you’re going to meet // Don’t say that I don’t”. Allí hay sonrisas, abrazos, viajes, aventuras… en esa “destrucción” hay vida. Uno de los mayores pecados de nuestros días es la carencia de fracaso. Siempre esta la amenaza ahí, a la vuelta de la esquina, pero nunca se alcanza —algo así diría Comité invisible—. Sin embargo, aquí se ve la luz desde la sombra. Aquí vuelven a empezar.

El romanticismo de grabar en la calle permite que ellos se enamoren, pero también siguen enamorados. La pasión, todo es pasión. Y donde hay emoción, en ellos, artistas, no puede habar juicio. Todas las relaciones son verdad, cada una de ellas. Convierten el sentir en algo normal, no se puede ver la película sin entender el estar enganchado y el engancharse. En el artículo de La la land hablo de una relación real que solo ellos ven, aquí hablo de dos relaciones tangibles. La suerte de haberla visto en el cine, por primera vez, fue la de salir con esa alegría extraña con la que me dejo.

Tras el paseo musical —sueño con poder andar con una banda sonora y compañía— llega un subir juntos al piso. Del posible encuentro afectivo entre los protagonistas al desencuentro de borrachera. Primero un descubrir, el de la estrella del pop —aquí aparece un “yo” por encima del resto, el individualismo reinante de hoy en día— después su llamada de auxilio: “And you have broken every single fucking rule // And I have loved you like a fool”. La película habla de viejas heridas, de heridas permanente. De historias muertas, que resucitan. De divorcios, del viaje de amar, del viaje del éxito. Habla de los sueños, de no ser egoísta por ellos.

Aunque aparezca el individualismo del éxito, triunfa el éxito conjunto. El avanzar juntos. Podemos ver como empiezan con un despido, con una ruptura ¿Quién deja? ¿Qué ocurre con ellos? Ambos acaban arrepentidos, aunque sea por dentro. Un error que sigue en ellos, incluso tras el concierto, tras el disco. Y, pese a seguir su camino, son conocedores de lo que ya no está. Cuida cada rastro que deja. También lo hace Catherine Keener al volver con Mark Ruffalo. Viajar acompañado cuesta menos, aunque Keira se vaya en bicicleta sonriendo. También tardan en despedirse, también se agarran al marcharse. Ambos se miran, todo para.

Cada vez cuesta más llegar a una perla. La vida se nutre de momentos, independientemente de lo que creamos. Los momentos que son infinitos en su finitud. Esa esencia, que puede repetirse mil veces, puede ser lo que el poeta —mencionado anteriormente— elogiaba del recuerdo. Lo mejor de la película es que no hay un disco en Europa, porque Nueva York ya lo ha dicho todo. No hay necesidad de nuevos descubiertos, ya lo han sentido todo. Ellos son sensaciones andantes, han hecho de las emociones un modo de vida y por ello triunfan. Cada vez cuesta más llegar a una perla, por eso hay que cuidarlas mejor.

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