Violencia, y tú me hablas de violencia

Que durante la modélica transición la cúpula militar, política, judicial, educativa y policial, entre otras, se hiciese demócrata de la noche a la mañana, explica la gran carencia democrática que sufre este país.

Por Abel Aparicio

La palabra violencia viene del latín violentia, que proviene del adjetivo violentus, formado sobre la palabra vis (fuerza) más el sufijo -lentus (lleno de). Lamentablemente, en el Estado español hay números ejemplos de violencia. El 5 de abril de 2012 Iñigo Cabacas, aficionado del Athletic Club de Bilbao, sufre el impacto de una pelota de goma disparada por un miembro de la Ertzaintza que provocó su muerte cuatro días después. De los seis miembros que formaban el dispositivo, al de mayor graduación le fue impuesta una pena de dos años de prisión y cuatro de inhabilitación, el resto resultaron absueltos. En octubre de 2012 el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó al Estado español a indemnizar con 24.000 a Martxelo Otamendi, director del diario Egunkaria, por no investigar de forma efectiva las torturas que tanto él como varios de los trabajadores de dicho medio sufrieron a manos de la Guardia Civil. El 6 de febrero de 2014 un dispositivo formado por dieciséis guardias civiles disparó pelotas de goma y botes de humo contra los inmigrantes que intentaban llegar a nado a la playa del Tarajal, provocando con ello la muerte de catorce de ellos. En enero de 2018 la causa fue archivada y, ni los guardias civiles ni el Ministro del Interior Jorge Fernández Díaz resultarían condenados.

Estas son formas de violencia directa, pero la venta de armas por parte del Gobierno español a Arabia Saudí, el record de beneficios de Endesa e Iberdrola mientras se bate el record en la subida del recibo de la luz u ocupar el lamentable primer puesto en el número de artistas encarcelados (14), por delante de Irán (13) y Turquía (9) es otra forma, y no menor, de violencia. La diferencia es que ni con estas ni con las anteriores se llenan informativos y tertulias exigiendo condenar la violencia. Solo hay que condenarla si sufre el mobiliario urbano, a no ser que se golpee con palos de golf.

Yo, que vivo en el País Leonés, fui bombardeado como tantos otros en octubre de 2016 por los grandes medios de comunicación y los no tan grandes con la brutal agresión por parte de veinticinco personas, pasillo de la muerte incluido, sobre dos guardias civiles y sus parejas en un bar de la localidad Navarra de Altsasu. Dos años más tarde se hizo público un vídeo en el que se ve como uno de los agredidos —con la camisa blanca impoluta y sin una gota de sangre como se dijo— le da un manotazo a uno de los acusados y le tira el móvil al suelo. A ocho jóvenes de Altsasu (Ohian, Jokin, Jon Ander, Julen, Adur, Aratz, Iñaki y Ainara) se les acuso de terrorismo, cuando ETA había anunciado el cese definitivo de la violencia en octubre de 2011, cinco años antes de los hechos. El caso llegó este mes de enero a Estrasburgo y como hemos visto, no sería la primera vez que dicho tribunal contradice a la justicia española, pero esta violencia, tanto policial como informativa, no merece ser denunciada.

Que durante la modélica transición la cúpula militar, política, judicial, educativa y policial, entre otras, se hiciese demócrata de la noche a la mañana, explica la gran carencia democrática que sufre este país. Julio Anguita dijo en 1992 que “democracia no es solo votar cada cuatro años”. Tener por Jefe del Estado a un rey impuesto por un dictador genocida y fascista no entra en los límites de la democracia. Denunciar la (presunta) corrupción del Jefe del Estado y que esto traiga problemas judiciales a quien lo hace es la antítesis de una democracia plena. Sin embargo, insisto, esta corrupción parece no ser merecedora de condena.

Muchas veces suelo recurrir a alguna letra de Evaristo Páramos, hace varios años el músico se hacía esta pregunta: Violencia, ¿y tú me hablas de acabar con la violencia? Lamentablemente, no pasa de moda. Fue Julio Cortázar quien dejó escrito: Es muy importante  comprender quién pone en práctica la violencia: si son los que provocan la miseria o los que luchan contra ella.

Seamos críticas y críticos y, cuando veamos arder un contenedor, preguntémonos que provocó eso. Las raíces suelen ser profundas, pero claras. Seamos críticas y críticos, que las cloacas no nos lean más cuentos.

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