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Entrevistamos a Vicent Monsonís (director y guionista) y Chema Cardeña (autor de la obra de teatro original) sobre la película ‘La invasió dels bàrbars’.
Por Angelo Nero | 5/06/2026
La invasió dels bàrbars es una película cuya acción atraviesa dos épocas muy diferenciadas, pero conectadas por un hilo invisible: el de la Memoria. En la primera, nos sitúa en 1939, en los primeros momentos de la represión franquista, cuando Esperanza (interpretada magistralmente por Olga Alamán), una conservadora de arte, encargada durante la guerra civil de custodiar las obras del Museo del Prado trasladadas a Valencia, es detenida e interrogada por un teniente franquista (encarnado con solvencia por Jordi Cadellans) para conseguir un cuadro, que da título a la película, del que está encaprichado una pareja de la oligarquía local, los Montagut (Darío Torrent y Iría Márquez). La segunda época se sitúa en la actualidad, y tiene como protagonista a Aurora (una estupenda Rosa López), la nieta de Esperanza, que lucha por vencer las reticencias del alcalde (Jordi Ballester) de un pequeño pueblo valenciano para abrir la fosa común donde cree que puede estar enterrada su abuela. Conversamos sobre esta película, que está revolucionando los cines y las conciencias del estado español, con su director, Vicent Monsonís y con el autor de la obra original Chema Cardeña.
‘La invasió dels bàrbars’, tiene su origen en una obra de teatro de Chema Cardeña, estrenada en la Sala Russafa de València en 2020, y que forma parte de un proyecto más amplio: ‘La Tetralogía de la Memoria’, que se completa con ‘Shakespeare en Berlín’, ‘El perfume del tiempo’, y ‘Epílogo’. Hablarnos un poco de este proyecto escénico y de como surge la idea de pasar esta pieza teatral a la gran pantalla.
Chema Cardeña: La invasión de los bárbaros es la segunda obra de una tetralogía denominada : Tetralogía de la memoria. La primera fue “Shakespeare en Berlín” (sobre el nazismo). La tercera “El perfume del tiempo” (sobre la dictadura militar de Argentina). “La invasión de los bárbaros” vino a hablar del final de la guerra civil española, del expolio de obras de arte por parte del franquismo y de la cerrazón de la política actual para llevar a cabo la exhumación de fusilados durante la represión franquista, que aún continúan en las cunetas o tapias de cementerios de todo el país. La última obra, “Epílogo” es un viaje de cien años por todas las dictaduras del siglo XX y sus consecuencias.
Vicent Monsonís: Asistí al estreno de la obra en la Sala Russafa de València en enero de 2020 y nada más verla sentí que teníamos que llevarla al cine. La obra de Chema me hizo recordar las historias de posguerra que me habían contado mis abuelos; el hambre, la pobreza, la necesidad, la represión… pero sobre todo, el miedo y el silencio al que se vio condenada su generación. Sentí la necesidad de contar su historia, que sentía que había estado negada y condenada al olvido por el régimen franquista, y la obra de Chema me ofrecía el argumento básico perfecto para hacerlo.
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Me imagino que no habrá sido fácil sacar adelante una película en valenciano y con esta temática, ¿cuánto tiempo habéis invertido para materializar una producción tan ambiciosa como esta, con medio centenar de actores y cerca de 200 figurantes? ¿con qué medios habéis contado?
Vicent Monsonís: Es muy difícil levantar la financiación para una película realmente valenciana. Creo que el cine es la herramienta más potente que tiene una cultura para expresarse, y por eso entiendo como cine valenciano aquel que ayuda a consolidar la cultura y la industria audiovisual valenciana. Es decir, el que es liderado una empresa valenciana, protagonizado por actrices y actores valencianos, que trabaja con equipos técnicos locales, se rueda en nuestro territorio y en nuestra lengua. Sin embargo, estas mismas características que potencian la cultura y la industria propias, se convierten en obstáculos a la hora de buscar financiación. La financiación máxima que podemos obtener, liderando desde Valencia, no alcanza el mínimo exigible para poder presentarte a las ayudas del ICAA (1,3 millones de euros de presupuesto). La única manera de suplir la falta de recursos económicos ha sido a través de una preparación muy exhaustiva durante la cual hemos conseguido la complicidad de particulares, empresas y colectivos culturales, que han creído en nuestro proyecto y en su valor cultural. Si esta película se hubiera producido desde Madrid, habría costado más del triple. La industria nos cierra las puertas de la financiación, así que estamos obligados a combinar un producción profesional muy bien planificada con la ayuda de muchísima gente que se implica por los valores culturales de la película.
Una de vuestras apuestas ha sido rodar en valenciano, ¿esto ha supuesto un problema añadido a la hora de la distribución y de la financiación? Y, por otra parte ¿habéis tenido alguna ayuda por parte de las instituciones valencianas?
Vicent Monsonís: Sí, rodar en valenciano fue el motivo que esgrimieron todas las distribuidoras cuando intentamos buscar su apoyo sobre el proyecto. Las principales distribuidoras independientes de España, que presumen de impulsar el cine valiente, atrevido, diferente… se negaron a apoyar este proyecto porque decían, y en esto coincidieron todas, que una película en versión original valenciana no iba a tener ningún recorrido comercial. El caso fue diferente una vez acabada la película, porque entonces se sumó una segunda excusa al rechazo, que fue la temática. Nos decían que la gente está «harta de ver películas sobre la guerra civil». Lo que demuestra que no se tomaron siquiera el interés de visionar el enlace que les habíamos enviado.
Respecto a las instituciones valencianas, tuvimos la suerte de recibir una ayuda de la Consellería de Cultura en la segunda etapa de Govern del Botànic. El «Botànic» fue el primer gobierno progresista de Valencia desde 1995 y duró ocho años. En su segunda etapa conseguimos que por primera vez hubiera un apartado específico en las ayudas para películas rodadas en la lengua propia. En 30 años de ayudas públicas, rodar en valenciano nunca había sido un requisito, lo que da una idea del desprecio de nuestros gobernantes por nuestra lengua. Por fin el Botànic, en su quinto año de legislatura, incluyó ese apartado en las ayudas y contribuyó a que por primera vez se empezaran a rodar películas en versión original valenciana. Películas que, además, debían estar lideradas de un modo claro por productoras locales.
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Aunque la película trate un tema poco desarrollado en nuestro cine como es el expolio del arte, habréis tenido que escuchar el típico ‘otra película sobre la guerra civil’, ¿por qué creéis que sigue molestando que se siga insistiendo en rescatar nuestra memoria, que es parte también de nuestro legado cultural?
Chema Cardeña: En mi última obra de teatro “Epílogo” se da respuesta a esta pregunta de una manera muy sencilla, Cuando alguien quiere ignorar el pasado, es sólo porque le incomoda y como dice el protagonista cuando se habla de pasar página y olvidar ; -“Solo quieren olvidar los que no han sufrido o aquellos que se sienten responsables del sufrimiento de otros”-
Ni la obra ni la película son “otra más de la guerra civil” Hablan de cómo se robó el patrimonio de todos y sobre todo, habla de cómo aún hoy en día se ponen todo tipo de trabas para esclarecer la verdad, la justicia y la memoria. Habla de personas anónimas y silenciadas.
Vicent Monsonís: No hay que olvidar que España es el único país en que el fascismo ganó la guerra, y se instaló en el poder durante 40 años. El régimen fascista de Franco tuvo tiempo de sobra para acallar todo tipo de oposición a base de sembrar el terror entre sus retractores y también de reescribir la historia a gusto de los vencedores. El régimen franquista se asentó sobre tres pilares fundamentales: la fuerza, el relato y la corrupción. Mediante la fuerza acalló todo atisbo de oposición, utilizó toda la maquinaria institucional para crear un relato épico, casi sagrado, sobre su poder, y dispuso del patrimonio público y privado para repartir el poder económico y crear una red clientelar, absolutamente corrupta, que llega hasta nuestros días. Franco murió en la cama y la dictadura no acabó, sino que se disfrazó de monarquía parlamentaria. La democracia se instauró con el permiso del régimen franquista que permitió un sistema con elecciones siempre que el poder permaneciera en manos de los mismos. Y son los mismos franquistas y sus herederos los que aún ostentan los poderes reales en este país: el poder financiero, empresarial, jurídico, policial, militar…
Hablar ahora de la guerra, de la República o de la terrible represión de la posguerra en términos de realidad histórica pone en riesgo ese relato hegemónico de los vencedores, cuyos herederos siguen ostentando el poder hoy en día. Quizás les molesta que les pongamos un espejo en el que pueden ver la verdad de las atrocidades cometidas por sus abuelos, y sobre las que descansan sus vidas privilegiadas.
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‘La invasió dels bàrbars’ no solo nos habla del expolio económico y cultural, también pone el foco en las conexiones entre la oligarquía, la iglesia y los medios de comunicación en el golpe militar del 36 y en la represión posterior. Aunque parece que es una pregunta que se ha hecho mil veces: ¿un pueblo que no conoce su historia está condenada a repetirla?
Chema Cardeña: La historia es el ADN de un pueblo. Sin conocer ese ADN, esa idiosincrasia, no se puede atacar la enfermedad. En España, hemos olvidado por miedo, por intereses, por resignación y eso nos lleva a un hoy, que es un claro calco de los años 30 en toda Europa. La historia se ha de conocer, reconocer e interpretar y sobre todo se ha de conservar. Detectar los mismos errores del pasado a tiempo, es la salvación de un pueblo.
Vicent Monsonís: La Memoria es necesaria para el avance en todos los sentidos, científico, técnico, artístico… y por supuesto, social y político. He hecho muchas presentaciones de la película ante alumnos de Secundaria y de Bachillerato y les invito a reflexionar sobre la Memoria. Les pido que imaginen qué pasaría si cada generación de científicos olvidara conscientemente todo lo que había descubierto o desarrollado la generación anterior. Seguiríamos viviendo en las cavernas, porque la ciencia se basa, precisamente, en mantener la memoria de cada experiencia y utilizarla para mejorar. Pues eso mismo pasa con las ciencias sociales. Si olvidamos lo que pasaron nuestros abuelos, las corrientes políticas, los movimientos sociales, los problemas a que se enfrentaron y las soluciones aplicadas… estamos condenados a volver a pasar de nuevo por lo mismo.
La Memoria es imprescindible para aprender y evolucionar; para mejorar.
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Una de las claves, además del boca a boca, en la difusión de la película, ha sido la implicación de las asociaciones memorialistas, y también el llevarla a los centros educativos, ¿cómo ha sido, sobre todo, la experiencia de llevar ‘La invasió dels bàrbars’ a los institutos? ¿cómo lo han acogido esos jóvenes que, según nos señalan los medios, son los más permeables a la propaganda de la extrema derecha?
Vicent Monsonís: En la producción de la película y en su distribución ha habido dos complicidades que han marcado la diferencia. Los colectivos memorialistas nos han ayudado muchísimo a la hora de documentar de un modo fiel, tanto los hechos del pasado como las dificultades del presente. Su ayuda durante el proceso creativo, ya desde la obra de teatro, ha sido impagable. Por otro lado, tras el estreno, encontramos un colectivo de prescriptores inesperado en los profesores de secundaria y bachillerato. Desde el primer momento nos pidieron mostrar la película a sus alumnos porque decían que «con dos horas de película les ahorramos dos semanas de clases». Así que nos pusimos a organizar pases matinales, en salas de cine, y hemos desarrollado dos cuadernos didácticos que, a través de los contenidos de la película , ayudan a entender el momento histórico y la importancia de la Memoria Democrática.
Para nosotros es muy importante que los estudiantes vean la película en salas de cine para que se den cuenta de que es una producción equiparable en calidad técnica y artística, a cualquier película comercial, y que entiendan el poder que tiene el cine como vehículo cultural, más allá del mero entretenimiento. Y también, ¿por que no?, para crear nuevos públicos para el cine valenciano.
La acogida, por parte de los estudiantes, está siendo espectacular. Por los coloquios que se generan tras las proyecciones, sé que se emocionan con la película y se sorprenden al conocer una parte de su propia historia de la que nadie les había hablado. Siempre hay alguno que quiere ir de «rebelde», porque están en la edad de levantarse contra lo establecido, contra el poder o el sistema. Yo les explico que no es lo mismo «gobierno» que «poder». Los gobiernos intentan gestionar y generar equilibrios… pero el poder lo ostentan otros, que generalmente no quieren renunciar a sus privilegios y que harán lo que sea por mantenerlos. El poder, en este país, sigue en manos de los herederos del fascismo… que cada día nos demuestran que no quieren renunciar a su herencia material ni ideológica. Les digo que, si quieren rebelarse contra el poder, afinen bien su puntería, porque el objetivo seguramente queda mucho más a la derecha, allá donde está la intolerancia, el insulto, la falta de respeto, el egoísmo y la violencia.
También he podido comprobar que los alumnos que presumen de ideología fascista son una minoría, aunque ruidosa. Quiero pensar que, por lo menos, la película les hará reflexionar.
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Otro de los puntos fuertes del film, para mí algo novedoso, es que dejas lugar para la argumentación de las dos partes, el teniente ofreciendo sus razones para ponerse del bando ganador, y la conservadora de arte defendiendo la legalidad republicana hasta las últimas consecuencias. ¿Cómo te has documentado para construir este diálogo, que es uno de los pilares centrales de la historia?
Vicent Monsonís: Este diálogo lo heredo directamente de la obra de teatro. En la obra es mucho más extenso y sobrecogedor. Me parece un diálogo muy interesante porque vemos las razones de ambos bandos, sin juzgarlas, expuestas de un modo descarnado y convincente. Me resultó muy difícil poder reducirlo para la película, en la que debía encajar el resto de historias que componen la trama y que ayudan a dar contexto histórico a la obra original. El personaje del teniente representa a los «equidistantes» que escogen un bando por un interés personal y egoísta, sin ser conscientes de las consecuencias de sus decisiones sobre los demás… o incluso sobre ellos mismos. Esperanza, es la representación de toda aquella gente, sobre todo mujeres que, como mi abuela Carmen, se ilusionaron con la llegada de la Segunda República, que fue el primer intento real de gobierno democrático en nuestra historia. Chema es un maestro en la construcción de personajes y solo espero haber respetado el espíritu y la complejidad de los que me aportó con la obra.
Chema Cardeña: Esta historia que Vicent llevó al cine, está repleta de su propia historia, de su familia de su pasado y también de la mía y de las conversaciones con mi abuela. Esto es el motivo por el que la versión cinematográfica ha fluido tan bien y en armonía con la versión original. Y aunque yo estudié historia y obviamente es la mejor fuente para tratar cualquier tema, la realidad vivida por nuestros abuelos y padres han sido definitivas en ambos casos. Vicent ha enriquecido muchas partes de la obra con datos, hechos y realidades, tanto históricas como familiares. Pero sobre todo, los testimonios directos de familiares, han sido clave para poder crear la historia en concreto en la parte del 1939.
También está presente el tema de la exhumación de las fosas, y de las dificultades de las familias, todavía a día de hoy, para abrirlas. ¿Te has inspirado en algún político en concreto para el personaje de ese alcalde que no quiere ‘abrir las heridas del pasado’?
Vicent Monsonís: Me consta que Chema recibió mucha información sobre la respuesta por parte de algunos alcaldes a los colectivos de memoria. De hecho, en las presentaciones de la película, muchos familiares de víctimas del franquismo nos comentan el realismo del personaje porque se han tenido que enfrentar a un alcalde como ese.
No es ningún secreto que la derecha de este país intenta acabar, como sea, con las leyes de memoria histórica y que se ha opuesto a que las familias de los represaliados puedan recuperar sus restos, e incluso a su rehabilitación civil. Este alcalde no es ninguno en concreto, pero es todos ellos. Representa esa actitud tan difícil de entender, tan cargada de intolerancia, soberbia, y egoísmo, de los que piensan que pueden decidir sobre lo público en base a sus intereses privados. Esa gente que se permite decidir sobre la vida de los demás hasta el punto de negarles un derecho que en ningún caso va a limitar su poder, que afecta solo a los familiares de los represaliados y que lo hace de un modo básicamente emocional, cuando ni siquiera están reclamando una reparación económica, sino solamente social.
En definitiva, este alcalde representa una actitud que debemos desterrar de la política y de la sociedad ya de una vez, si lo que queremos es avanzar en democracia.
Chema Cardeña: En un pueblo de Valencia, tuvimos el mayor ejemplo para poder inspirarme en este alcalde. Hay frases que están tomadas de la realidad, por muy inverosímiles que parezcan. Los familiares de la víctimas nos han relatado hechos y entrevistas que no distaban mucho de lo que se planteaba en la obra (y ahora en la película) Tuvimos de invitada a las charlas- coloquios que hicimos tras las funciones, a la hija de enterrador de las víctimas y le hubiese gustado ver la obra en su pueblo, pero de hecho, no fue nunca representada allí (y recorrimos casi toda la Comunitat). Obviamente no querían que esta obra fuese vista y revisada por los vecinos de la localidad. Y yo creo que hubiese sido hasta sanador.
Nuestra memoria colectiva está hecha con retazos de memoria familiares, con muchas voces y también con muchos silencios, ¿cuánto hay de tu propia memoria familiar en la película?
Vicent Monsonís: La memoria familiar fue, precisamente, la que me impulsó a adaptar la obra de Chema. Ya he comentado que al ver la obra en su estreno, sentí la necesidad de explicar aquella época terrible de la posguerra y la represión de la que me habían hablado mis abuelos. Para construir los personajes y sus circunstancias tomé prestado bastante de mi propia historia familiar. Lo hice pensando sobre todo en mi abuela, que puso todas sus «esperanzas» en un régimen que por primera vez iba a traer la igualdad y los derechos para las mujeres y que tuvo que ver como el fascismo acabó con sus ilusiones de un zarpazo.
Al parecer, el público nota esa autenticidad y mucha gente se siente interpelada directamente por la historia. La respuesta del público es siempre abrumadora. Muy emocionante. Es cierto que la industria nos ha dado la espalda. Para ella no existimos. Quizás somos demasiado pequeños, demasiado independientes, o simplemente ven con recelo que una película que no cuenta con la bendición de las grandes distribuidoras, de las plataformas o de los grandes medios de comunicación, pueda conectar con el público de un modo tan directo y sincero. Practicamos una distribución artesanal, puerta a puerta, cine a cine. Se distribuye gracias al boca a boca. En vez de esperar a que el público vaya donde está la película, llevamos la película donde nos la pide el público. En nuestras redes sociales publicamos semanalmente en qué cines la pasamos, y generalmente esos cines, la programan porque se la reclama el público.
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