Viaje a la Fosa Atlántica

La acción del ‘Xurelo’ fue determinante para que varios países dejasen de usar la Fosa Atlántica como un vertedero, pero permanecen sumergidas 142.000 toneladas de residuos.

Manuel Anxo Méndez e Gonzalo Vázquez Pozo no Xurelo

Por Fernando Salgado

Las grúas sobresalen en los extremos de dos cargueros holandeses de color verde situados en medio del mar. Unos operarios enganchan en los extremos de sus plumas la carga, entre tres y cuatro barriles de 200 litros de capacidad cada uno de ellos. Las cuatro grúas la elevan, giran y los dejan caer. Entre doce y dieciséis en cada maniobra.

Y así durante varios años.

Que el océano Atlántico estaba siendo utilizado como un cementerio por varias empresas europeas que depositaban en él sus residuos radioactivos era un secreto a voces a principios de la década de los ochenta del siglo pasado.

La organización ecologista Greenpeace había denunciado que la Fosa Atlántica, un espacio de 2.500 kilómetros cuadrados y 4.700 metros de profundidad, situado a 370 millas náuticas) 700 kilómetros, aproximadamente) del litoral gallego, era el vertedero de ocho países.

En una sociedad que daba sus primeros pasos por una todavía tambaleante democracia, en la que a conciencia ecológica era muy incipiente, un grupo de gallegos decidió que aquello tenía que acabarse, y nada mejor que respaldar su denuncia con pruebas documentales.

Tenía que entrar por los ojos.

Fue así como Esquerda Galega (EG) se puso en contacto con Greenpeace para organizar una expedición conjunta a la búsqueda de los barcos que estaban convirtiendo el mar en un inmenso basurero. Era el año 1981.

«Propuxémosllo a varios concellos da costa e non tivemos éxito, así que buscamos a maneira de facelo e atopamos receptividade na Confraría de Ribeira. Alí ofreceuse para ir Ángel Vila, patrón e propietario do ‘Xurelo’, un palangreiro de madeira», recuerda Manuel Anxo Méndez, uno de los participantes en la expedición y teniente de alcalde de EG entonces en Moaña.

La estrategia ya estaba decidida: el ‘Xurelo’ partiría del puerto de Ribeira (A Coruña) y el ‘Sirius’, de Greenpeace, zarparía desde el de Plymouth (Inglaterra), para encontrarse ambos en la Fosa Atlántica.

Con Ángel Vila y tres de sus marineros al frente, la tripulación estaba formada por doce jóvenes entre los que también figuraban los tenientes de alcalde de EG en A Coruña y Vigo, Gonzalo Vázquez y Francisco García, respectivamente; Enrique Álvarez, de la Sociedade Galega de Historia Natural; Roxelio Pérez, del colectivo ecologista Natureza, y varios periodistas. Entre ellos, se encontraban Manuel Rivas y el fotógrafo coruñés Xosé Castro.

«Á tardiña do día 15 de setembro, case clandestinamente, zarpamos », indica Méndez. «Tiñan moitas ganas de saír e marchamos pola nosa conta», apunta Ángel Vila.

Castro, que se había acercado a Ribeira con la intención de tomar unas fotografías de la salida, también subió al barco, «con lo puesto», puntualiza.

Era tal el entusiasmo, que no se echaron a atrás a pesar de que momentos antes recibieron la noticia de que el ‘Sirius’ había sufrido una avería y no podría apoyar al ‘Xurelo’.

«La única esperanza sois vosotros», decía el mensaje que les transmitió Remí Parmentier, de Greenpeace.

En este punto conviene recapitular. El ‘Xurelo’ era un barco con 20 metros de eslora y 69 toneladas de registro bruto, utilizado para la pesca de la merluza, que faenó en el banco de Marruecos y en la costa gallega.

«Para andar por aquí, a 40 ou 50 millas defendíase ben», apunta Vila. «Como vas ir?” preguntábanme no porto”, recuerda con una sonrisa.

Era lógica la extrañeza de sus compañeros de profesión cuando supieron la que se estaba preparando. Se iban con doce tripulantes que no habían subido nunca a un barco. Les esperaban varios días de navegación en alta mar.

«Que movida, dicían cando o barco daba bandazos», comenta Ángel Vila.

El ambiente era de fiesta y las vomitonas se sucedieron. «Fun o primeiro en marearme», desvela Méndez. Sólo se libraron dos: Francisco García y una periodista de El Progreso de Lugo.

La primera cena, preparada por Ciprián, el cocinero, sardinas con cachelos, se fue por la borda.

Tras el cambio de planes, este episodio estuvo a punto de frustrarse cuando el ayudante de Marina de Ribeira envió un mensaje al ‘Xurelo’ conminándolo a regresar. Entonces, ya se encontraba a 250 millas de Fisterra.

«A situación era moi tensa porque o patrón podería ser sancionado gravemente», expone Méndez. «Os militares aínda tiñan moito peso», agrega Vila.

Pero la repercusión mediática que había alcanzado el episodio hizo que las autoridades se retractasen, advirtiéndole de que, a la vuelta, estudiarían las posibles sanciones. «Xa que estamos aquí, imos», resuelve el ribeirense.

Recibimento del Xurelo en Ribeira

«Hoxe, calquera mariñeiro vai, como suele decirse, cos ollos pechados», dice Ángel Vila. Pero hace 29 años los barcos no contaban con los equipos de orientación actuales. El ‘Xurelo’ disponía de un radar con alcance para 24 millas que estaba averiado y sólo cubría hasta 12, y unas cartas marinas con las coordenadas de la Fosa Atántica.

«O que máis valía era a experiencia do patrón», concluye Manuel Anxo Méndez. Vila puso rumbo al norte y enfiló hacia la punta de Monte Louro (Muros) y Fisterra, para trazar una diagonal desde este punto e internarse en el océano con la convicción de que la Fosa estaría enfrente.

El viento estaba en calma y el barco mantuvo el rumbo marcado, sin desviarse apenas del itinerario que, según las estimaciones de Vila, los llevaría al destino.

Era de noche y habían transcurrido casi dos días de navegación cuando despertaron al patrón para advertirle de que habían divisado dos luces en el radar: eran los dos cargueros holandeses en cuya búsqueda había salido.

Se pegaron a ellos, para seguirlos al amanecer cuando reanudaron el viaje hacia la Fosa Atlántica. Entonces descubrieron que estaban escoltados por una fragata de la Marina holandesa, una circunstancia nada extraña porque la acción, prevista inicialmente entre el ‘Xurelo’ y el ‘Sirius’, no era ningún secreto.

«Puxémonos entre eles facéndolle fotos e gravando en vídeos aquelas descargas de milleiros de barriles. A nosa satisfacción era inmensa porque desde terra nos comentaban a enorme repercusión que tiña a protesta», narra Manuel Ánxo Méndez.

Xosé Castro sacó sus cámaras, una Nikon F2 y una Mamiya, equipadas con objetivos 100-300 milímetros, y comenzó a disparar. Lo hizo durante una hora y tuvo tiempo de consumir ocho carretes en unas condiciones que distaban mucho de ser las ideales.

Enfrente tenía los cargueros ‘Louise Smiths’ y ‘Kristen Smiths’, con 6.800 toneladas de residuos. «La fragata se nos puso a un lado y al otro teníamos a uno de los barcos. El nuestro, que era como un cascarón, parecía que iba a dar la vuelta», relata.

«No era muy recomendable estar allí», subraya el fotógrafo. «Nos marchamos echando chispas », añade después de precisar que podría haberse llegado a situar a unos 15 metros.

Aquellas fotografías que hizo un profesional, que hoy que tiene 69 años, está jubilado y vive en A Coruña, fueron la prueba evidente de que las denuncias que habían realizado los ecologistas no estaban asentadas en una fantasía ni eran el fruto de una mente calenturienta.

«Una bóla de neve que facía medrar a conciencia ecoloxista en Galicia e no resto de España. Eran as primeiras imaxes que se poderían ver en Europa», recalca Manuel Anxo Méndez.

Carta náutica con el recorrido del Xurelo

Después, sembraron el mar de flores rojas a modo de ofrenda en un cementerio nuclear. Mostrando las pancartas, gritaron y cantaron el himno gallego. El barómetro indicaba que la presión comenzaba a bajar y podía acercarse una tormenta. Había llegado el momento de regresar. “O que tiñamos que facer xa o fixemos”, dice Ángel Vila.

Pusieron proa hacia Galicia, siguiendo el itinerario del viaje de ida, y cuando el litoral de Ribeira se divisaba en el horizonte, la tripulación se agolpaba en la cubierta. Estaban entusiasmados porque su aventura había trascendido a los principales medios de comunicación del mundo. Algo iba a cambiar ya.

Varias decenas de simpatizantes esperaban en Ribeira la llegada del ‘Xurelo’. Pero se anticipó la Guarda Civil del mar, aguardaba a la entrada de la ría para identificarlos. «Escondí los carretes en los calzoncillos», desvela Castro.

Dos años después, en 1983, la Organización Marítima Internacional prohibía los enterramientos en el mar.

Ánxel Vila, segundo por la derecha, en la expedición do Xurelo

La acción del ‘Xurelo’ fue determinante para que varios países dejasen de usar la Fosa Atlántica como un vertedero, pero permanecen sumergidas 142.000 toneladas de residuos.

En un artículo titulado «Xurelo, o barco que cambiou os mares do mundo», el profesor y presidente de la asociación cultural Altofalante, de Ribeira, Luis Teira, subraya que su radiactividad supera el millón de curios, y el accidente de la central nuclear de Chérnobil liberó a la atmósfera cerca de 130.000.

Siguiendo las explicaciones del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), el anterior presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, respondió que «los valores de radiación en el Atlántico son semejantes al resto de los mares». Pero el CSN solo realiza las mediciones en el litoral, sin revisar la intensidad en el punto donde se encuentran los bidones.

«A Fosa Atlántica debería ser obxecto de estudo por parte dos países que depositaron alí milleiros de toneladas de residuos radioactivos. O perigo de que aquela contaminación chegue a través da cadea alimentaria aos humanos é moi posible porque os bidóns están sometidos a unhas presións fortísimas», advierte Manuel Anxo Méndez.

Activistas de Greenpeace bloqueando la descarga de residuos

Be the first to comment

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.