Verano en rojo, con la iglesia hemos topado

Además de poner sobre la mesa el sangrante tema de los abusos, la película es un excelente thriller, con un ritmo frenético, y por el que desfilan, además de los protagonistas, una pléyade de solventes secundarios.

Por Angelo Nero | 11/06/2025

Belén Macías es una catalana con una amplia experiencia como guionista y directora en varias series y programas de televisión, también ha dirigido varias obras de teatro y películas para televisión. En 2008 debutó debutó en el largometraje con El patio de mi cárcel, inspirada en un grupo de teatro real formado por internas en la prisión de Yeserías, con Veronica Echegui y Candela Peña encabezando el reparto. En 2014 estrena su segundo largo, Marsella, la historia del reencuentro de una niña con su madre biológica, con María León y Goya Toledo en sus papeles principales. Su última película para el cine, estrenada en 2023, también tiene un inquietante trasfondo social, el de los abusos a menores en el seno de la iglesia católica, que es el telón de fondo para el thriller Verano en Rojo, una adaptación de la novela de Berna González Harbour, con la que inició, en 2012, una saga con la comisaria Ruíz como protagonista, que ya tiene cuatro entregas.

La actriz Marta Nieto da vida a María Ruíz, una sagaz comisaria, con una vida personal complicada, que tiene que resolver los crímenes de dos estudiantes de secundaria, los dos encontrados en un río, pero a cientos de kilómetros de distancia, uno en Madrid y otro en Pamplona. Aunque, en principio, nada señala que los crímenes estén relacionados, la policía encuentra evidencias de que puede tratarse del mismo asesino, y se traslada a la capital navarra para seguir sus pesquisas. Allí se volverá a encontrar con antiguos compañeros, Carlos, su mentor en el cuerpo, interpretado por Luís Callejo, y Tomás, al que da vida Francesco Carril, con el que tuvo una relación en el pasado. La investigación les conduce a un instituto religioso, y a una trama de abusos de menores, que la iglesia intentará ocultar. Paralelamente, Luna, que interpreta José Coronado, es un periodista al que el cambio digital ha dejado sin trabajo, y que intentará también investigar por su cuenta en el tema de la pederastia dentro de la iglesia española, tarea que no estará exenta de trabas y peligros.

La película está ambientada en 2010, con el telón de fondo de la Copa Mundial de la FIFA, y de la visita del Papa, Benedicto XVI, un año antes de la Jornadas Mundial de la Juventud, que organizaba la iglesia católica y que trajo a Madrid a cientos de miles de jóvenes de todo el mundo.

Pero, además de poner sobre la mesa el sangrante tema de los abusos, la película es un excelente thriller, con un ritmo frenético, y por el que desfilan, además de los protagonistas, una pléyade de solventes secundarios como Ramón Aguirre en el papel de Quevedo, el viejo director del periódico donde trabajaba Luna, o como Tomás del Estal, que se pone en la piel del Padre Damián, director de uno de los centros donde estudiaba uno de los jóvenes asesinados. Una buena combinación entre cine social y policíaco, con momentos de acción, en los que se demuestra la buena elección de los antagonistas, la comisaria Ruíz y el periodista Luna, que nos van llevando cada uno por una trama, hasta que confluyen y nos ponen delante del asesino.

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