Vallecas en Lucha

¿Cómo van a renunciar los especuladores y grandes fortunas a obtener beneficios del suelo y la construcción? Forma parte de su ADN, y las grandes ciudades son un recurso continúo de obtención de plusvalías y de fraude social y público.

Concentración vecinal en El Puente, en 1975

Por Abel Aparicio

Preguntas a Pepe Molina Blázquez (autor del «Vallecas en lucha»)

El libro está estructurado en cuatro partes, Creando ciudad, Lucha por el metro, Plan 18.000 y Otras actuaciones destacadas. En todas ellas hay un nexo de unión, que es el asociacionismo de Vallecas. ¿Por qué crees que en Vallecas está tan arraigada esa fraternidad entre vecinos y vecinas?

La necesidad une. La lucha reúne voluntades. A lo largo de los años, desde un primer momento se fue gestando una conciencia social y de barrio, se creó una identidad que, en el caso de Vallecas ha ido emergiendo frente al estigma de barrio marginal que se ha ido conformando desde la literatura (Pio Baroja, Arturo Barea y otros) y desde el sambenito formalizado por los biempensantes de la clases burguesas madrileñas. Ha sido una reacción conjunta frente a la marginación. De esa unión se ha conformado la fraternidad y la identidad vallecana.

En uno de los puntos del libro indicas que algunas de las personas que formaban parte de las asociaciones pasaron a formar parte algún partido político. ¿Crees que estaba todo pensado para intentar debilitar el poder asociativo?

No, en absoluto. Los partidos políticos, incipientes y desconocidos ante la ciudadanía tiraban de aquellas figuras que eran más cercanas a los vecinos. No éramos tantos, pero sí los más conocidos, con nombres y apellidos. Conjuntamente con los líderes sindicales y las personalidades, abogados, catedráticos, periodistas. Se trataba de poner en las listas a todos aquellos que podían significar una manera de actuar y responder a las demandas ciudadanas. Al final, no todos salían, ni en la práctica política daban la talla que se les exigía.

En el libro se percibe durante todas sus páginas que se lucha por las construcciones (casas, metros, calles, etc.) pero siempre danto al menos tanta importancia a lo social, ya sean centros culturales, planes de integración, de formación, etc. Entiendo que lo uno sin lo otro no se entiende en Vallecas.

En una primera etapa, lo que se buscaba era resolver el problema de la vivienda. En total estamos hablando de 12.000 en Palomeras, 2.500 en Palomeras Bajas y 1.500 en el Pozo. Esto era lo prioritario. No podemos olvidar que en el diseño de los nuevos barrios se hizo hincapié en el urbanismo y en el equipamiento. En esa primera tacada se hicieron 22 escuelas infantiles, dos centros de salud, cuatro colegios públicos, tres centros de servicios sociales, 300.000 m² de zonas verdes y deportivas, un polideportivo, dos bibliotecas públicas, dos centros culturales, miles de metros de espacios verdes, 7 parroquias y multitud de servicios públicos y de mejora del urbanismo. Inmediatamente después vendría la ampliación de la Línea 1 de Metro, y la negociación con Gallardón de los 18.000 millones de las antiguas pesetas que se emplearon, fundamentalmente, en la mejora de la actividad educativa, en la salud pública, en la acción cultural, en las mejoras medioambientales y en otros muchos epígrafes transformadores de Puente y Villa de Vallecas.

Todo tiene su raíz, y lo que estamos viendo en los últimos años con la especulación urbanística ya se daba en el conocido como plan parcial, ¿nunca se cansan de enriquecerse con el ladrillo?

¿Cómo van a renunciar los especuladores y  grandes fortunas a obtener beneficios del suelo y la construcción? Forma parte de su ADN, y las grandes ciudades son un recurso continúo de obtención de plusvalías y de fraude social y público. Hoy más que nunca es imprescindible la intervención pública en la construcción de viviendas sociales y en la racionalización del suelo y del territorio. No se puede dejar el urbanismo en mano de tantos chupócteros que solo piensan en su beneficio. Antes y ahora.

Treinta y ocho mil setecientas noventa y dos viviendas construidas, esa cifra la da en uno de los dos epílogos Mariano Calle. Llevamos muchos años llenando Madrid y vaciando los pueblos del todo el Estado, ¿esto nos pasará factura?

Mariano está hablando de la gran operación por la vivienda que afectó a todo Madrid y que tuvo como protagonista al movimiento vecinal madrileño. Sólo en Vallecas fueron 16.000 viviendas. Se trataba de viviendas que sustituían a chabolas y a casas bajas. Es decir, eran para gente que llevaban muchos años viviendo ya en Madrid. El efecto llamada conllevaba demanda de empleo y otras exigencias. En todos estos años, Madrid no ha crecido exponencialmente, se han ido vaciando los distritos y desarrollado todos los pueblos dormitorios de los alrededores de Madrid. Mientras haya demanda de empleo y Madrid ofrezca soluciones seguirá dándose el trasiego de los pueblos a la ciudad. Y no sólo en el caso de Madrid. La solución a ese problema es generar empleo y mejorar las condiciones de vida social, cultural y educativa en todos esos sitios que hoy siguen despoblándose.

Tanto en las viviendas, como  en el metro, como en la ampliación de la línea de autobús hasta el Campo de la Paloma, con secuestro incluido, se demuestra que sin una lucha constante y fuerte las administraciones no escuchan, ¿nunca os cansasteis de pelear?

Sin lucha no hay logros. Sin persistencia en los objetivos y las reivindicaciones no habrá resultados. Las administraciones tienen la arrogancia de creerse poseedores de la verdad y por principio niegan el pan y la sal al movimiento vecinal. Es la presión social, los miedos que tienen a la opinión pública, a la presión de la prensa los que hacen que den su brazo a torcer y hagan que lo que antes parecía imposible se reconvierta y termine dando la razón a las vecinas y a los vecinos. Sabedores que sin lucha no se consigue nada, es difícil decaer en el empeño. Mientras haya lucha, hay esperanza.

Como parte integrante de años y años de lucha, ¿qué consejo les darías a todas aquellas personas que repiten como un mantra que “luchar no vale de nada”?

Siempre ha habido ingenuos que piensan que las cosas caen del cielo. “Si finalmente nos lo van a dar”, vienen a decir. Sin valorar lo que se ha hecho, los esfuerzos, las horas dedicadas a diseñar las respuestas, a organizar las acciones, las luchas, las energías dedicadas a negociar y a concertar resultados. La mejor manera de hacer cambiar esa forma de pensar, en informar, explicar, recuperar las experiencias y a poner en valor y  presentar a las personas que han dado lo mejor de sus vidas para lograrlo. El libro es un primer paso para convencer a los timoratos.

Preguntas para Paca Sauquillo (abogada laboralista)

Fuiste parte negociadora en varias de las acciones y propuestas que los vecinos y vecinas de Vallecas trasladaban a las instituciones, ¿hubo algún intento de soborno por parte de estas?

En ningún momento tuve ocasión de decir que no a un intento de soborno o algo por el estilo. Quizá porque sabían que no era proclive a aceptar una actuación como aquella. Quien me conocía sabía que pinchaba en hueso. Tampoco en el entorno de los técnicos con los que trabajamos en la Remodelación hubo comentarios o intentos delictivos de esa envergadura.

Eran años duros para negociar, aunque con la llegada de Esperanza Aguirrre, el neoliberalismo llegó de nuevo, ¿qué época fue más dura?

No hay duda que el peor momento de nuestra historia fue el de la Dictadura. No solo la falta de libertades básicas. También yo me tuve que enfrentar a la defensa de personas condenadas a algunas penas de muerte. Eso no se lo deseo a nadie. Pero era lo que producía el franquismo.

Lo que estamos viviendo en transición o en democracia, en nada puede parecerse a esa situación negra y de miseria moral e intelectual que fue la Dictadura.

Ahora podemos hablar de adversarios políticos, pero nunca de renegar de nuestras ideas, de limitar las de los demás, de cárcel por defenderlas.

Francisca Sauquillo en EL PAÍS

Preguntas a La esquina del Zorro (librería) y a la Asociación Cultural Agita Vallecas

Sale este libro en un momento que vuelve a ser, una vez más, convulso. No se suprime la ley mordaza, la reforma laboral sigue ahí, los fascistas que antes se escondían ahora se enorgullecen de ello. ¿Vallecas en lucha es un grito de guerra y de prevención?

Más bien un estímulo para estos tiempos y los que estén por venir, que presumimos más jodidos si cabe. Conocer el pasado, máxime de primera mano a través de uno de sus protagonistas -caso del “Vallecas en lucha” de Pepe Molina- es fundamental para enfrentarnos al futuro. También es nuestra particular forma de rebeldía: rescatar ciertos hechos pasados que nos parecen relevantes y que por desgracia están poco reivindicados por las instituciones. Un grito de guerra en este sentido, lo has clavado.

Vallecas ha conseguido traspasar fronteras. No solo es conocida por su compromiso político y social en la ciudad o en la comunidad de Madrid si no en todo el Estado español. Seguro que por la librería pasan muchas personas jóvenes.  La pregunta es, ¿hay cantera para que esto siga siendo así?

Apostamos por ello. Los tiempos han cambiado y ahora reina más el individualismo, pero figuras como “Vallekas”, el barrio utópico de la K, que nos unen como vecindario y del que la gran mayoría se siente muy orgulloso, suponen un estímulo y una vez la llama se prende no hay quien detenga el estallido. SomosTribu Vk es un buen ejemplo de ello, y Vallecas está plagado de asociaciones de cualquier ámbito: El Orgullo Vallekano, La Horizontal, La Asociación Cultural La Kalle, etc.

La Esquina del Zorro para JD 0

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