Un mundo feliz

Por Jesús Ausín | Ilustración de MAHINA

Señuelo

Todos los días salía con la furgoneta camino del banco. Todos los días justo antes de las dos. Y después, a comer. Era raro porque no había guardias de seguridad, ni policía, ni parecía que tomara precaución alguna. Parecía fácil robarle la recaudación. Pero como buen profesional, Jose María no dejaba nada al azar. Así que, antes de pegar el palo, decidió asegurarse, por si acaso. Vestido de mujer, se acercó el primer día por la nave, como si estuviera paseando, justo a las dos menos cuarto. En cuanto se acercó a la puerta de la valla, que aún permanecía cerrada, dos negros y fieros dobermans salieron como posesos a comerse el cercado de acero que sostenía la entrada. Jose María, pasó de largo sin detenerse y los perros, dejaron de agredir el enrejado en cuanto cruzó de acera. Dos días más tarde, disfrazado de anciano, pasos cortos y lentos, se atrevió a pasear junto a la entrada a menos diez, justo cuando se abría la puerta del vallado para sacar la furgoneta. Los perros, volvieron a salir hartos de furia, aunque no pasaron de la línea imaginaria que separaba la propiedad de la calle. Ladraban con furia e incluso le siguieron dentro del bardal, hasta que cruzó la calle.

Iba a estar difícil. Cambió de estrategia. Ahora caminaba junto a la cerca por la tarde, cuando ya no había nadie en la empresa. Ni rastro de los perros. Según se fue acercando a la puerta, los dobermans salieron por una extraña hendidura que había entre la pared y el portón y que, a simple visa, estaba muy disimulada. Ahora eran tres en lugar de dos. Pero sólo uno de ellos ladraba y enseñaba los dientes con las patas puestas en la reja. Los otros dos, permanecían atentos junto a la entrada a la nave. Jose María llevaba preparado un táser, pero no lo usó. Con él sólo inutilizaría a uno de los perros. Debían haber sido entrenados para ello, porque los otros dos no se acercaban.

En la segunda ocasión, probó con tres buenos trozos de carne. Si se lo comían podría ir acercándose a ellos. No funcionó. Los perros ni se acercaron a la comida. Y tuvo serios problemas para recuperar los pedazos de jugosa ternera. En otra ocasión, probó con un silbato para perros. Cuanto más soplaba, más aullaban los perros, pero en cuanto se acercó a la valla, el primero de ellos le habría arrancado la mano si no la hubiera apartado a tiempo. Eran perros bien entrenados. Estaba a punto de desistir cuando en un último intento, se le ocurrió algo extraño. Metió una china de Hachís entre un montón de trapos he hizo un atadillo que lo arrojó a una de las esquinas. Increíblemente los perros acudieron hacia el lugar dónde había caído el señuelo, lo olfatearon, dieron vueltas a su alrededor y, uno de ellos, lo cogió con la boca y se lo devolvió. Repitió la operación, una treintena de veces, con la diferencia de que, cuando le devolvían el señuelo, les daba un “premio”. Así consiguió que mes y medio después, lograra acercarse al enrejado de la nave, sin que los perros le ladrasen. Simplemente, en cuanto le olían, salían, les daba el premio y se sentaban a esperar. Cuando se alejaba, atravesando la calle, los perros volvían dentro de la nave.

Dos meses después, y tras pasar varios días, disfrazado (de cartero, de policía, de mensajero, y hasta con un buzo azul, como si fuera un currante de una de las empresas del otro lado del polígono) observando el comportamiento de los perros y del dueño del local,  aprovechó que se abría la puerta del cercado, y escondido en el lateral de la pilastra que sujetaba el portón, abrir la puerta del coche, pegarle un puñetazo en la cara al conductor, hacerse con el vehículo y salir pitando con la recaudación.

Los perros, ni siquiera habían salido a su encuentro.

*****

 

Un mundo feliz

Todo está inventado. Hace muchos años, ochenta y cinco, Aldous Huxley, publicada “Un mundo Feliz”. Allí auguraba un futuro de sumisión y manipulación dónde no habría censura porque no haría falta. Nadie querría leer libros.

En 2017, en España el 40% de los Españoles no lee y hay un 27% se jacta de no haber leído un libro en su vida. Por otra parte, cada español ve casi cuatro horas de Televisión al día. Una TV tomada en su totalidad por gacetilleros sin escrúpulos que no respetan el primer postulado del periodismo; “confirmar la noticia antes de emitirla” y que mayoritariamente sesgan la realidad introduciendo opinión o datos irrelevantes como información, buscando el morbo o la excentricidad elevándola a la categoría de generalidad o enfatizando en lo malo de unos y obviando lo de los suyos. Así la ecuación resultante es que vivimos en un mundo, en ese aspecto, con una similitud extraordinaria a lo que escribía Huxley. Y si alguno acaba sacando os pies del tiesto, para eso están los directores, no para censurar, sino para despedir. Casos hay muchos, Fernando Garea en la gacetilla global de PRISA y el dibujante Eneko en 20Minutos, son algunos de los últimos más sonados.

También Huxley tenía claro que la información introducida en un mar de datos irrelevantes, anécdotas y chascarrillos como sucede en la actual TV, acabaría ahogando la verdad.

Me contaba mi hijo, una escena sucedida en la tienda Apple de Madrid, en la que, el primer comprador de un nuevo modelo de teléfono que cuesta la friolera de 1.300 euros, salía cual campeón de las 500 millas de Indianápolis, teléfono en alto exhibido como un preciado trofeo, entre los aplausos de la muchedumbre que hacía cola para comprar el nuevo cacharro. Un país con uno de cada cinco de sus ciudadanos en riesgo de pobreza severa que se pierde entre pantallas de TV de 60 pulgadas, teléfonos de última generación dos veces más caros que la media de salario de un trabajador y coches de gran cilindrada, es un país bajo el yugo de la trivialidad, que como también pronosticaba Huxley, nos ha convertido en mansos, serviles y fieles seguidores del poder establecido. El miedo a perder un modo de vida basado en el consumo sin fin, en la apariencia (física y patrimonial) y en la sobre explotación de los recursos y del medio ambiente, lleva a la ciudadanía a preferir ladrones sin escrúpulos que a concienciados pepitos grillo.

Así las cosas, observo dolido y cabreado, como el odio hacia los catalanes, convertidos en los nuevos judíos del siglo XXI a los que echarles la culpa del fracaso como sociedad y de la pérdida de derechos malogrados por la falta de lucha, el egoísmo y la placentera estancia en el sofá comiendo júrgol a todas horas, nos ha llevado a una situación catastrófica en la que el partido de la corrupción está limitando derechos fundamentales, convirtiendo el país en una dictadura absolutista y en la que el rebaño, aplaude con desdén convirtiendo todo lo que rodea el Procés, en una válvula de escape de su frustración.

El partido de la corrupción ha estado echando gasolina al problema catalán porque sabe que ese fuego se convertirá en un granero de votos a base de banderitas, arengas de “¡a por ellos, oé!” o “Puigdemont a prisión”. Y además ha desarticulado la lucha convirtiendo este asunto en único. Ha hecho que, el principal problema que tenía, que era el acoso en las calles y en el Parlamento debido a sus corruptelas, se haya ido dejando de lado hasta ser olvidado. Ha desarticulado electoralmente a Podemos (en parte también debido a la insistencia de sus líderes de aparentar lo que no se es, cabreando a sus electores y con la inconsciencia de que los que no lo son, jamás les votarán), sabiendo que, si llegaran a ganar las elecciones, acabaría tirando de la manta, (como lo ha hecho en el Ayuntamiento de Madrid) en lugar de esconder la mierda bajo la alfombra como ha estado haciendo el PSOE durante años. Pero sobre todo, ha conseguido que muchos de los que hace un par de años despotricaban del partido corrupto, ahora los vean, de nuevo, con buenos ojos y que en la calle, se haya dejado de sentir la corrupción como el principal problema de nuestro país.

Lo importante son todos esos superfluos elementos de consumo que nos permiten evadirnos de la realidad y que no cuestan la molestia de tener que luchar por ellos

Como decía Aldous, han controlado, como a los ratones de laboratorio, al populacho con el placer. El júrgol, la tele, el smartphone, el coche, el Carrefour, el MediaMark,… Y como los ratones drogadictos, tenemos una plebe convertida en idiocia que se caga de miedo sólo con pensar que no se pueda llegar al centro de la ciudad en coche, enfocando toda su mala hostia, en lugar de contra los que nos están matando a base de polución, contra los responsables municipales que intentan mejorar la vida de todos. Una plebe que se enfrentaría a sus gobernantes si éstos cerraran una de las cadenas de TV por violar sistemáticamente el horario infantil protegido. Una plebe idiotizada a base de mensajes de whatsapps que se cabrea si no tiene cobertura, pero a la que le da igual si la torres de  telefonía provocan enfermedades. Una idiocia absolutamente incongruente que se queja en el bar del excesivo coste del recibo eléctrico pero que no hace nada para luchar contra las eléctricas. Porque lo importante son todos esos superfluos elementos de consumo que nos permiten evadirnos de la realidad y que no cuestan la molestia de tener que luchar por ellos. Los otros problemas, los de verdad como el tener que trabajar diez horas aunque te paguen cuatro o el de enfermar porque lo que comes no es, ni saludable, ni conveniente pero es lo único que puedes pagar, no importan porque provocan dolores de conciencia.

Los derechos, el hambre, la injusticia social, la sanidad, la educación, los transportes públicos o la redistribución de la riqueza, esos son memeces de cuatro chalados inconformistas e inadaptados. Las feministas somos gordas y feas y si además son mujeres, feminazis. Y los que luchamos contra el escándalo de la corrupción, unos guarros con rastas, flauta y perro. Los ladrones nunca van a la oficina y los del PP son excelentes gestores.

Bienvenidos a la realidad de Aldous Huxley. Bienvenidos a este mundo feliz lleno de cosas vacías, de momentos irrelevantes, de valores superfluos y de generalidad idiotizada.

Voy a ver si pongo una bandera y se me pasa el cabreo.

Salud, república, laicidad y más escuelas.

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