Un libertario se encuentra con un oso

En 2004, Grafton se convirtió en el particular laboratorio para un experimento libertario que había funcionado realmente bien en los foros de internet, pero que ahora debía enfrentarse al desfío de vida real.

Por Dani Seixo | 28/01/2025

Si en algún momento has llegado a preguntarte qué pasaría si un grupo de libertarios decidiera crear su propia utopía en un pequeño pueblo perdido en medio de la nada, este libro es la respuesta a tus preguntas. Y no, no se trata de una distopía de ciencia ficción, aunque a realmente pueda parecerlo por momentos. Un libertario se encuentra con un oso, de Matthew Hongoltz-Hetling, es la crónica hilarante, surrealista y profundamente absurda del Proyecto Free Town, un experimento social en el que un puñado de libertarios intentó «liberar» de las garras del gobierno estadounidense al pequeño pueblo de Grafton. Spoiler: las cosas no salieron bien.

En 2004, Grafton se convirtió en el particular laboratorio para un experimento libertario que había funcionado realmente bien en los foros de internet, pero que ahora debía enfrentarse al desfío de vida real. La idea parecía simple, eliminar el gobierno local, reducir los impuestos al mínimo y dejar que el libre mercado y el individualismo florecieran en un pequeño pueblo que apuntaba a convertirse en el primer paso para una revolución que cambiaría la forma de entender el mundo. ¿Qué podría salir mal? Por ejemplo, que los osos negros, habitantes establecidos previamente en ese futuro paraíso para los liberales, decidieran que ellos también querían un trozo de toda esa libertad.

Cuando decides que las normas de gestión de residuos son para fanáticos totalitarios y que la caza se debe regular atendiendo a la gloriosa mano invisible que todo lo puede, los osos comienzan a aplicar su propio criterio de lo que supone la libertad. Y no se trata de que los osos de Grafton fueran unos santos previamente a la llegada de las huestes libertarias, pero cuando la comida gratuita y abundante cae del cielo, entendamos este como los restos de pizza y los numerosos envases de comida basura de los habitantes libertarios, los animales salvajes pasan a convertirse en una auténtica mafia peluda dispuesta a imponer sus propias normas. Hacen actos de presencia en jardines, se cuelan en las casas y se muestran dispuestos a instalarse cómodamente en el pueblo. Si esto fuera un western, este sería el momento en el que el sheriff se pone nervioso y pide refuerzos, pero en Grafton no hay sheriff, ni respeto alguno por la acción del estado. Ya saben, el gobierno siempre lo complica todo.

Llegados a este punto, los libertarios, fieles a su particular credo que anuncia que la cooperación es para comunistas, no logran ponerse de acuerdo en qué hacer con la amenaza de unos osos dispuestos a llevar su libertad a los límites que amenazan la vida de las personas que habitan Grafton. Algunos creen que hay que alimentar a los osos como gesto de buena voluntad, otros consideran que simplemente hay que dispararles sin miramientos y la mayoría se encuentra demasiado ocupados en sus propias disputas políticas como para considerar el asunto de los osos un tema de primera magnitud, al menos hasta que las cosas comienza a tomar un cariz violento. El resultado es un vaivén de encuentros cada vez más ridículos entre humanos y bestias, donde queda claro que los osos pueden llegar a comprender el juego de poder en la política local muchos mejor que los libertarios.

El libro, publicado por Capitán Swing, es la crónica de cómo el sueño libertario chocó contra la realidad. Y no cualquier realidad, sino una poblada de osos negros que proliferan descontroladamente ante la falta de las más mínimas regulaciones sobre la gestión de basuras y la caza, convirtiendo a Grafton de este modo en el mejor buffet libre del estado. Los residentes, empeñados en vivir sin normas, ignoraron todas las advertencias para esquivar el conflicto con sus vecinos peludos, provocando de este modo un dramático resultado que superaba con creces todos los planes gestados durante años en los foros virtuales en los que el paraíso libertario se había gestado. El resultado fue predecible: los osos se volvieron más audaces, los encuentros entre humanos y plantígrados se multiplicaron exponencialmente y Grafton se convirtió en el escenario de una batalla surrealista entre la libertad individual y la naturaleza.

Hongoltz-Hetling logra llevarnos de la mano por este surrealista experimentos con un estilo narrativo que mezcla el humor ácido, la ironía y una buena dosis de incredulidad ante una realidad que por momentos supera claramente a la ficción más elaborada. Su pluma no solo describe los hechos, sino que se sumerge en el absurdo de la situación. Gran parte del enorme encanto de este libro es la galería de personajes estrafalarios que pueblan Grafton. Desde tipos que han decidido vivir en una ciudad de tiendas de campaña en pleno invierno, porque «ser un verdadero libertario» consiste en congelarte las pelotas en un pueblo perdido de la mano de la civilización, hasta tipos con teorías tan radicales sobre la libertad que harían sonrojar al mismísimo Milton Friedman. El nivel de desconexión con la realidad resulta una constante entre los distintos personajes que pueblan las páginas de esta obra.

Sin necesidad de sermones o renunciar a su particular humor, nos encontramos ante un libro con una clara crítica implícita: la idea de que la libertad absoluta, la libertad entendida sin ninguna forma de regulación o acuerdo entre partes, nos lleva directamente al caos más absoluto. Y no hablamos de un caos plagado del romántico espíritu libre de los primeros hombres que se enfrentaron a la inmensidad de la naturaleza inexplorada, sino de un desastre logístico donde los osos deciden robar su sustento de tu nevera y tu casa se quema porque no hay bomberos en un pueblo en donde los servicios públicos son considerados un despilfarro propio de izquierdistas chalados. La historia de Grafton demuestra que ciertos servicios básicos no son una imposición estatal tiránica, sino elementos que existen porque la alternativa es la barbarie más absoluta. Una barbarie que en este caso logra hacer literalmente acto de presencia.

Un título divertido, didáctico y surrealista a partes iguales.

Se el primero en comentar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.