Un genocida aferrado a la guerra

Las atrocidades cometidas por el ejército israelí contra la población civil no tienen parangón.

Por Remedios Copa | 29/05/2024

Cuando un dictador está siendo severamente cuestionado por sus súbditos y acorralado por otros países o por instituciones internacionales que condenan sus fechorías la reacción es atrincherarse en el poder e incluso incrementar la violencia de su actitud, porque sabe que lo que le espera cuando pierda el poder será su condena.

Esa es la actitud que Netanyahu está tomando, aferrarse a la guerra de Gaza para aplacar la rebelión en su Gobierno y desafiar a la Justicia Internacional, a los países que critican su actitud y exigen el inmediato “alto el fuego”, a los que reconocen el Estado de Gaza y al clamor civil cada vez más extendido contra el genocidio que Israel está practicando en Gaza.

Netanyahu sabe que solamente si obtuviese una victoria contundente en Gaza podría evitar su caída, al menos en lo que a Israel se refiere, y que sus críticos en el Gobierno y una parte de la población israelí cerrarían filas con él frente a la presión exterior.

El fiscal de la Corte Penal Internacional solicitó una orden de arresto contra Netanyahu y su ministro de Defensa, Yoav Gallant, por crímenes de guerra contra la humanidad por los hechos ocurridos en Gaza desde el 7 de octubre en el territorio del Estado de Palestina en la Franja de Gaza. La orden también incluye a altos cargos de Hamás, Yahya Sinwar, (jefe de Hamás en Gaza), Mohamed Diab al Masri, (jefe del ala militar del grupo), e Ismail Haniye, (jefe del brazo político de la formación), por los crímenes de guerra cometidos.

Karin Kant, fiscal jefe del Tribunal Penal Internacional, sostiene que las pruebas recopiladas, entrevistas a supervivientes, videos, fotos y grabaciones de audio autentificadas, imágenes de satélite, y las declaraciones de presuntos implicados en los actos perpetrados contra la población de Gaza, muestran que Israel privó intencionada y sistemáticamente a la población civil “en todas las partes de Gaza de objetos indispensables para la supervivencia humana”, y de haber utilizado el hambre como “arma de guerra” contra la población civil.

La privación de alimentos, agua, medicamentos y otros insumos imprescindibles se completó con la privación de energía; esto hizo imposible el funcionamiento de incubadoras, quirófanos y otros servicios en los escasísimos hospitales que Israel dejó en pié. Porque no hay que olvidar que el ejército israelí bombardeó hospitales, escuelas, universidades, casa e infraestructuras civiles de todo tipo, sin olvidar que tampoco se libraron las zonas a las que Israel ordenó evacuar a la población, señalándolas como seguras.

A día de hoy, sin contar los desaparecidos bajo los escombros que ya se estima en más de 10.000, la cifra de fallecidos contabilizados ronda los 38.000 gazatíes asesinados por Israel. Y si hablamos de desplazados, la Agencia de la ONU para los refugiados palestinos cifraba en 800.000 los desplazados tras la ofensiva terrestre de Israel del 6 de mayo; cifra que supone la mitad de los refugiados que estaban en Rafah.

Como señalaba en su cuenta en X Phillippe Lazzarini, Director General de la ONU, desde que comenzó el genocidio en Gaza los palestinos tuvieron que huir varias veces de un sitio a otro buscando una seguridad que nunca encontraron, ni siquiera en las zonas a donde el ejército sionista indicaba evacuarlos. “Las zonas de dónde huye la gente hasta la fecha no cuentan con suministros de agua potable ni de instalaciones sanitarias”. En Almawassi hay más de 400.000 personas y la gente queda a la intemperie. Israel cada vez pone más en peligro la vida de los civiles, asegura.

Las atrocidades cometidas por el ejército israelí contra la población civil no tienen parangón; desde los asesinatos selectivos señalados por la Inteligencia Artificial, como el programa Lavender, que incluyó entre los 37.000 palestinos señalados como objetivo a personas que no tenían nada que ver con Hamás ni militasen en la resistencia, (civiles, policías y funcionarios que únicamente coincidía su nombre, apodo u otro dato de su perfil con los criterios de la máquina), hasta la programación de su asesinato cuando estuviese en el domicilio con la familia, sin importar si se asesinaba incluso a todos los residentes del edificio. El programa “¿Dónde está papa?” indicaba el momento propicio para bombardear el lugar e incluía el número de víctimas colaterales aceptable, que podía variar desde 15 a 20 hasta 300 o más según el rango.

Según datos de militares israelitas que participaron en la ejecución de dichas órdenes, al menos el 10% de los asesinatos selectivos señalados por Lavender fueron señalados erróneamente y el criterio sobre víctimas colaterales no se atuvo a ningún rango y fue indiscriminado, al menos en las primeras etapas; así le confirmaron sus fuentes al investigador judío Yuval Abraham. Por otra parte, las bombas utilizadas para esos asesinatos no eran de precisión; utilizaron las llamadas “bombas tontas”, más baratas pero mucho más dañinas.

Ilan Pappé, renombrado historiador israelí que luchó en las filas de las fuerzas armadas israelíes en la guerra de Yom Kipur de 1973, durante una entrevista que mantuvo con Democracy Now! en octubre de 2023, Pappé expresó: “Lo que estamos presenciando actualmente, lo que se desarrolla ante nuestros ojos, es una situación de genocidio, en la cual las personas, incluidos niños, niñas y bebés, se encuentren en hospitales o en escuelas, son blanco de los ataques. Esta es una operación a gran escala de aniquilamiento, limpieza étnica y despoblamiento. […]

Si hablamos del trato que están recibiendo los prisioneros palestinos que el ejército israelí ha detenido en Gaza, las condiciones son deplorables. No se están respetando los derechos humanos, (cosa que ya no hacía tampoco con los que tenía en las cárceles de Israel antes del 7 de octubre, la mayoría niños, mujeres y ancianos), están desnutridos, son humillados, agredidos, violados, les mantienen semidesnudos, y tampoco reciben la asistencia sanitaria necesaria, restringiendo el uso de analgésicos y permitiendo que heridas infectadas terminaran en amputaciones por falta de tratamiento; son declaraciones de médicos israelíes y vagamente minimizadas por algún militar entrevistado, pero en ningún caso negadas.

Algunos militares israelíes se declararon traumatizados por los efectos de las órdenes que habían llevado a cabo, por lo que están sufriendo depresión y otros trastornos emocionales que han causado bajas y varios suicidios.

Y por supuesto, los asentamientos ilegales en territorio palestino nunca se han interrumpido; su continuidad y la pretensión de ampliar el dominio sobre territorio palestino ya estaba en los planes de Netanyahu antes de que comenzaran los anuncios de reconocimiento del Estado de Palestina por parte de varios países. Ninguna de las amenazas que Netanyahu anuncia como represalia por tales reconocimientos es nada nuevo que no estuviese haciendo ya.

Ante los bloqueos a la entrada de ayuda humanitaria y los impedimentos a la distribución de la poca que pudo llegar, a lo que se suma el cierre de suministros iniciado a través de Egipto debido al control de la frontera por parte del ejército israelí bloqueando la entrada de los camiones de ayuda a Palestina, cuando la población que no mata el ejército muere de hambre sed, heridas y enfermedad a diario, (asunto que sumado a los ataques israelíes cada vez más despiadados), a buen seguro que no fue ajeno a la decisión de Hamás de disparar misiles al centro neurálgico de Israel que, si bien no causaron daños significativos ni mataron a ningún civil no deja de ser una advertencia de que si continúan exterminando a los palestinos, éstos utilizarán su capacidad de causar daño.

Hamás no había atacado a Israel desde el 7 de octubre, pese a la masacre que los civiles palestinos estaban sufriendo, hoy reconocida abiertamente como genocidio por la ONU, por el Tribunal Penal Internacional y, excepto por los EEUU, por la mayoría de países y ciudadanía civil del mundo. Pero si Israel desoye las órdenes de obligado cumplimiento de la ONU y en lugar de imponer el “alto el fuego” responde bombardeando el campamento de los refugiados y matando a mujeres y niños, ¿qué se espera que hagan los pocos palestinos que quedan?

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