Un “Aturuxo” contra la impunidad

Por Daniel Seijo


Los compañeros eran muy buenos en la revolución, en la lucha, en las fábricas, en los bares… pero cuando volvían a casa, se quitaban la revolución como el que se quita los zapatos."

Mujeres libres
Las mujeres experimentan la discriminación de formas distintas, pero comparten la experiencia de que al mostrar su enfado se les diga que están locas, son irracionales o están poseídas

Soraya Chemaly

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Declaración de guerra, así rezaba el encabezado del manifiesto lanzado por el colectivo feminista perteneciente al CSOA O Aturuxo das Marias. Un manifiesto que veía la luz tras reportar en una misma semana hasta 6 abusos sexuales en su propio entorno. Declaración de guerra… ¿Acaso nos sorprende?

No voy a entrar a valorar la valía del Manifiesto Scum para el movimiento feminista tal y como han hecho muches, no voy tampoco a tildar de radicales, desfasadas, locas o peligrosas para la causa a las compañeras que decidieron devolvernos a todos –porque aquí el toque de atención ha sido para todos y no solo para cien hombres señalados con sus fotos sobre una pared-  el golpe el pasado 1 de junio, ni tampoco tengo mayor interés en entrar en este momento a debatir y polemizar sobre el lenguaje utilizado, las acusaciones vertidas o los golpes propiciados. No voy a hacerlo porque a día de hoy, sigo sintiendo que ha tenido que ser demasiado el dolor y el vacío ejercido sobre nuestras compañeras para que la única solución posible para llamar nuestra atención haya sido un grito tan rabioso, tan sumamente desesperado.

Muchos de los compañeros que aquel 1 de junio acudieron al Aturuxo das Marias piden hoy lo que muchas de nuestras compañeras llevan décadas pidiendo a gritos

Resulta complicado ser socialista en el mal llamado primer mundo, resulta sumamente complicado creer en el derecho del individuo a la posesión de lo que el o ella produce en un sistema capitalista. Esta es una realidad que más o menos todes tenemos asumida en nuestro entorno, somos conscientes que en nuestra vida diaria Movistar, Nike, Amazon, Airbnb, Apple, Zara, pero también ese pub en el que ponen reggaeton continuamente o esa hamburguesa a la que aquel día no nos pudimos resistir ponen en contradicción casi continua nuestros valores. La alienación capitalista y nuestra propia experiencia vital se encargan de tensar nuestros más firmes valores y día a día nos enfrentan a nuestro propio espejo para hacernos recordar que hay mucho camino todavía por delante, para hacernos recordar que ser socialista, no es una tarea sencilla. Ser anticapitalista no es una puñetera moda.

Hace ya mucho tiempo que Gerry Adams, Mauricio Rosencof, Angela Davis, Alexandra Kollontai, Mumia Abu-Jamal o Hilda Gadea ocupan menos espacio en nuestro día a día o en los diferentes colectivos que los sonidos de Dub Academy o  las recetas veganas de la abuela con las que atraer a gente a las actividades. El contragolpe neoliberal ha tumbado gran parte de nuestra rebeldía y radicalismo y pareciese que hoy el ocio, el compadreo y postureo superasen en muchos casos el verdadero compromiso revolucionario de muches compañeres. Por si os valiese de algo, en mayor o en menor medida, no puedo sino incluirme en este pequeño saco. A veces, para la reacción del colectivo ante el profundo anquilosamiento, resulta necesario generalizar la acusación, provocar respuestas.

Las compañeras del CSOA O Aturuxo das Marias decidieron aquel 1 de junio que ya no les bastaba el silencio, ya no bastaba con acudir codo a codo con sus compañeros a manifestaciones y tras eso tener que mirar a la cara a quienes las habían agredido, humillado o insultado, no bastaba con expulsar de una fiesta o una casa a un supuesto aliado que quizás borracho o quizás no, había confundido amistad y deseo sexual simplemente porque no era para tanto, no bastaba con manifiestos conjuntos que quedaban en aguas de borrajas cuando un “compañero” hacía un chiste sobre su último polvo o comentaba entre risas aspectos íntimos de alguna compañera, no bastaba con guardar silencio ante las serias sospechas o en algunos casos las claras certezas de estar compartiendo espacios y eventos con agresores y violadores. Aquel 1 de junio las compañeras dijeron basta y yo con total sinceridad, no me atrevo a juzgarlas. No me atrevo, porque hace mucho que no entiendo como pueden soportar tanta rabia, tanto dolor… Tanto miedo.

No nos engañemos, para la consecución de una sociedad feminista son muchos los privilegios a los que debemos renunciar como hombres

Soy plenamente consciente de que mi nombre bien podría ocupar un espacio junto al de otros muchos en las paredes de ese centro social, soy consciente de las acusaciones que se vierten sobre mi persona simplemente por el hecho de ser hombre, aunque la mayor parte de las compañeras quizás no me conozcan de nada. Comprendo su declaración de guerra y espero su agresión desarmado, espero con profunda tristeza el recibir cada uno de sus golpes. Con total seguridad pagarán justos por pecadores en esta triste y demencial guerra, pero también ellas, también nuestras compañeras tienen derecho a gritar, a enfadarse, a agredir, a rebelarse… También por alto que sea el precio, nuestras compañeras tienen todo el derecho del mundo a equivocarse.

Muchos de los que asistieron a la alerta feminista de este CSOA se quejaban de los golpes recibidos ante la pasividad de sus compañeras, en muchos casos incluso parejas, se quejaban de la ruptura de confianza que suponía un acto tan brutal, tan irrazonable, ponían el grito en el cielo y llamaban a otros colectivos a responder contundentemente contra lo que ellos definían como una minoría radical, unos sujetos peligrosos o al menos disfuncionales para el movimiento. Muchos de los compañeros que aquel 1 de junio acudieron al Aturuxo das Marias piden hoy lo que muchas de nuestras compañeras llevan décadas pidiendo a gritos, con la única diferencia de que ninguno de ellos tuvo que acudir a una plaza a llorar a sus muertos aquella noche.

También las compañeras sufren la violencia de las personas que dicen quererlas, muchas de ellas golpeadas o violadas por las personas con las que comparten sus vidas o sus proyectos, muchas otras guardan silencio ante los abusos y los tratos denigrantes en nuestros espacios debido al silencio y la complicidad del grupo, os aseguro que no son pocas las compañeras que soportan a babosos y machistas disfrazados bajo el paraguas de una causa que no respetan y que utilizan únicamente para obtener sexo.

Y sí, probablemente algunas de las compañeras que ese 1 de junio os golpearon, os señalaron e incluso os humillaron pese a sospechar que no erais tan culpables como otros, os sigan queriendo a día de hoy.  Sé que puede resultar difícil de entender y que incluso puede carecer completamente de lógica, pero es que precisamente de eso se trata: hace mucho tiempo ya que carece de lógica seguir negando que nuestra relación colectiva se ve todavía fuertemente influenciada y coartada por el patriarcado. Hace mucho tiempo ya, que debemos comenzar a encarar con premura la decostrucción de nuestra masculinidad para dar un apoyo real a la lucha feminista.

Soy consciente de que nosotros, los compañeros del entorno proletariado y activista, no estamos acostumbrados a ponernos del lado del opresor. Nos hemos educado en la contestación y el constante ataque al enemigo y ahora, ante un feminismo radical y empoderado, nos situamos quizás por primera vez en nuestras vidas en el papel del opresor y el atacado. No nos engañemos, para la consecución de una sociedad feminista son muchos los privilegios a los que debemos renunciar como hombres, entre ellos sin duda alguna el de primar nuestra comodidad o incluso nuestras  reacciones al derecho a rebelarse de nuestras compañeras.

Un manifiesto que veía la luz tras reportar en una misma semana hasta 6 abusos sexuales en su propio entorno. Declaración de guerra… ¿Acaso nos sorprende?

Tras lo sucedido en el CSOA O Aturuxo das Marias tenemos dos opciones, o bien cerramos este capítulo en falso y propiciamos que cualquier otra compañera que se atreva a levantar la voz, a rebelarse o incluso a equivocarse note el peso de ese juicio sumarísimo del colectivo que sin embargo tanto parece molestar a algunes cuando les toca de cerca o nos sentamos a la mesa con nuestras compañeras e intentamos conocer cuales son las causas de todo este dolor, todo este rencor, toda esta rabia.

Decía el viejo guerrillero Ernesto Guevara de la Serna que el verdadero revolucionario debía mostrarse capaz de sentir en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Esa era sin duda la cualidad más linda del revolucionario. Hoy le pido a todos mis compañeros que intenten sentir en sus propias carnes el dolor de todas aquellas que han sido violadas, vejadas, agredidas, asesinadas… Solo así podremos seguir caminando juntes, solo así, podremos entender este aturuxo contra la impunidad.

*A Teresa Domínguez por dejarme escuchar y por ayudarme a aprender, sin ella este artículo no hubiese sido posible. A todas las compañeras que que me han ayudado a darme cuanta del peso de mis cadenas como hombre, a las que lo hacen a día de hoy y a las que me golpearon de diversas formas por el camino para hacerme mejor persona de lo que era. A las que acertaron en sus formas y a las que no, a todas ellas gracias, perdón y salud compañeras. La revolución será feminista o no será, el feminsimo será revolucionario o no será.


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