Txepe Lara: ‘El franquismo maltrató a los presos en las cárceles. Golpeó y torturó a sus ciudadanos’

Entrevistamos al productor cinematográfico José María ‘Txepe’ Lara, luchador antifranquista y militante de ETA político-militar.

Por Jayro Sánchez | 8/10/2025

José María Txepe Lara (Madrid, 1948) es un productor cinematográfico español. Conocido por ser uno de los impulsores del cine vasco en la década de 1980, formó parte de la oposición a la dictadura y fue militante de Euskadi Ta Askatasuna político-militar (ETA-pm). Hablamos con él sobre los últimos fusilamientos del franquismo, los retos que afronta la democracia y el conflicto armado entre el Estado español y el movimiento independentista vasco.

Este 27 de septiembre se ha cumplido el 50 aniversario de la fecha en la que el régimen franquista asesinó a sus últimas víctimas: José Humberto Baena, José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz, Juan Txiki Paredes Manot y Ángel Otaegui. Llegaste a conocer a los cuatro primeros. ¿Cómo lo hiciste?

Estuve encarcelado con los tres compañeros del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP) en Carabanchel desde la primera semana de agosto hasta la segunda de septiembre de 1975.

La sección la ocupábamos alrededor de 50 presos relacionados con esa organización, ETA-pm y el Partido del Trabajo (PTE). Nos veíamos a diario en el patio de la sexta galería. Teníamos muchas ocasiones para hablar y hacer cosas en común.

En cambio, a Txiki solo lo vi una vez en el País Vasco francés. Yo llevaba poco más de un año militando en ETA-pm. Lo detuvieron en Barcelona el mismo día que a mí en Madrid. Es posible que por el «trabajo» del infiltrado Mikel el Lobo Lejarza, que provocó arrestos por toda España y la muerte de cinco personas.

¿Crees que se les ha hecho justicia?

No lo sé. Sus ejecuciones debieron ser muy duras para sus familiares y amigos. Ni siquiera los dejaron despedirse de ellos. Los cinco eran militantes de grupos que se enfrentaban al franquismo. Quizá no asumían, como yo mismo, la posibilidad de que los podían capturar y condenar por lo que fuera.

Me gustaría reivindicar a todos los compañeros que lucharon contra la dictadura, pertenecieran a uno u otro movimiento. Y creo que sería conveniente celebrar su homenaje cada 27 de septiembre por la significancia que para todos nosotros tiene esa fecha.

Desde hace décadas, algunos sectores de la población española defienden el régimen del general Franco como un fenómeno necesario. ¿Cuál es tu opinión sobre él?

El franquismo no garantizó a nadie ninguna libertad democrática en toda su existencia. Maltrató a los presos en las cárceles y golpeó y torturó a los ciudadanos que se manifestaban en su contra.

Lo único que hizo fue ganar una guerra que sus mismos dirigentes provocaron. Y solo lo logró gracias a la ayuda militar de Italia y Alemania. Al término de la misma, impuso una forma de vida muy dura a su población. Construyó campos de trabajo forzado para sus prisioneros políticos, realizó detenciones masivas y fusiló a miles de personas.

Con el tiempo, pareció ir «dulcificándose». Aunque es probable que lo que ocurriera fuera que nos acostumbramos a su violencia. No obstante, siempre hubo gente que se organizó en su contra y que luchó para que la situación mejorara.

La muerte de Franco y los «cambios» que originaron las protestas ciudadanas hicieron que muchos creyéramos que las cosas iban a ser diferentes y que habíamos alcanzado la democracia, pero no conseguimos acabar con la estructura de poder que la dictadura había creado y ocupado.

A veces, las nuevas generaciones exaltan esa época sin tener un conocimiento detallado sobre ella. ¿Se las puede considerar culpables de su ignorancia sobre la crueldad y el totalitarismo de aquella España?

Todos votamos, aprobamos y exaltamos lo que el poder organizado indica y señala a través de sus diversos tentáculos, incluidos los medios de comunicación. La gran mayoría nos creemos sus mentiras y estamos de acuerdo en participar en su juego. Nos han educado para ser obedientes, y nosotros hemos enseñado ese mismo comportamiento a nuestros hijos.

Se dice que la democracia ya había sido restaurada en la década de 1980. No obstante, los redactores de la Constitución de 1978 prefirieron obviar su deber de reparar los crímenes del régimen para, según ellos, no perturbar la paz y el consenso social. De hecho, solo se ha comenzado a legislar para darlos a conocer en el siglo XXI. ¿El Estado es responsable de esa «idealización» de la dictadura?

Parte de los individuos que conformamos la actual sociedad hemos experimentado la represión de aquella época. Los que comprendemos lo que supuso para el país, la viviéramos o no, nos hemos encargado de exigir responsabilidades. Poco a poco, hemos «conseguido» que se decreten leyes para recordar y compensar por el mal que se hizo.

A pesar de ello, es insuficiente. Y los que votan son los que se dejan engañar por el Estado y los responsables de lo que este hace.

¿Qué le queda por hacer en materia de memoria?

Enseñar en las escuelas; poner nombres a calles y centros y esforzarse en explicar su importancia; juzgar al antiguo ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, y a los tres o cuatro torturadores del franquismo que quedan con vida.

Hasta hace no mucho, los líderes políticos de nuestro país intentaban decir que la Transición (1975-1982) fue un proceso democratizador modélico y ejemplarizante para otros Estados en similares circunstancias. Pero los datos los contradicen: hubo casi un millar de asesinatos de carácter político en siete años. Tú has sido testigo de primera mano del «cambio». ¿Cómo lo valoras?

El tiempo hace que nos olvidemos del ayer. Si la sociedad no incide con frecuencia en él, acaba por perder la noción de la realidad. La policía mantiene algunos de sus antiguos métodos, los jueces siguen siendo los mismos y las instituciones toleran e incluso fomentan los sobornos y el amiguismo. Nos meten el miedo en el cuerpo para que cada vez seamos menos los que exigimos justicia por cualquier cosa que la merece.

La gente no quiere saber lo que pasó y pasa en España. Ahora, muchos parecen estar levantándose de su letargo por el genocidio que Israel está cometiendo en Gaza y Cisjordania. Espero que ese despertar los acompañe en su día a día social.

Durante los últimos 1970 y los primeros 1980, militaste en ETA-pm. ¿Por qué decidiste entrar en la organización?

Yo me fui con 18 años a Alemania a trabajar y estudiar. Allí me formé como persona. Cuando ETA mató al almirante Luis Carrero Blanco, me di cuenta de que en España había movilizaciones para acabar con la dictadura.

Cinco meses más tarde, Salvador Puig Antich fue asesinado mediante el garrote vil. Sentí que aquel acto necesitaba una respuesta y, a través de un amigo vasco, entré en el movimiento.

¿Qué cuestiones os separaban de la ETA militar?

En el momento en que yo entré, en marzo de 1974, ETA llevaba años dividida entre los partidarios de la vía político-militar y los de la militarista. En octubre, un par de dirigentes de la última corriente organizaron, sin la autorización del resto de la directiva, el atentado de la calle del Correo. Después de ello, decidieron separarse del grupo mayoritario y crearon ETA militar (ETA-m).

Abandonaste tu militancia en 1982. ¿Qué te llevó a tomar esa decisión?

Entre agosto y septiembre de 1976, la organización se desdobló. Eduardo Moreno, que había desaparecido un par de meses antes, y Erreka Garañalde escribieron la ponencia Otsagabia.

Con ella se formalizó la propuesta de crear la formación política Euskal Iraultzarako Alderdia (EIA, en sus siglas en vasco) para trabajar en la legalidad en cuanto llegara la democracia. Mientras tanto, ETA permanecería en la clandestinidad y seguiría los criterios políticos que el partido decidiera.

En el verano de 1980, EIA decidió que había que atentar contra miembros de la Unión de Centro Democrático (UCD). Se materializó una serie de ataques que fue rechazada por parte de la ciudadanía vasca. Los dos grupos decidieron establecer una tregua temporal para ver qué camino seguir, aunque se planearon una serie de actos para ir con fuerza a las negociaciones.

Algunos de ellos tuvieron éxito y otros fracasaron. Se previó iniciar la tregua en marzo de 1981, cuando ya se había secuestrado a 3 cónsules extranjeros con el objetivo de ejercer presión sobre el Estado español. No obstante, el teniente coronel Antonio Tejero dio su golpe de Estado un mes antes y EIA pidió a los combatientes armados la liberación de los representantes diplomáticos.

¿Fue entonces cuando se plasmó el fin de ETA-pm?

Exacto. En enero de 1982 se reunió una nueva Asamblea para valorar si se rompía o continuaba con el pacto. En septiembre, la organización se disolvió por nuestras diferencias. Los poli-milis defensores de la primera opción acabaron por unirse a ETA-m.

Los segundos preparamos una rueda de prensa en la que se explicó que se abandonaba la lucha armada por cuatro motivos: no había una fuerza militar «vasca» con suficiente poder para obligar al Estado a un cambio político de fondo; España estaba considerada como un «país democrático» en Europa; Felipe González iba a ganar las nuevas elecciones y François Mitterrand lo apoyaría en la lucha contra ETA; y la disolución de la organización se podría utilizar como baza para la liberación de presos y la vuelta de refugiados.

¿Cómo calificarías el desarrollo del conflicto entre el Estado español y los independentistas vascos?

Quien va despacio, llega lejos. Creo que las posiciones del Partido Nacionalista Vasco (PNV) siguen siendo más o menos las mismas. Y las de Bildu son cada vez más realistas y dulcificadas. Semejantes a las que tenía EIA en su momento.

¿Cómo evaluaste la renuncia a la lucha armada de ETA en 2011?

Fue una acción tardía. A mi entender, Herri Batasuna (HB) utilizó a los milis cuando le interesaba. Mantener la lucha armada para conseguir sacar a los presos y que los exiliados volvieran no resultó. Situándose al margen de nuestro propio proceso, podrían haber negociado con los diferentes Gobiernos y habría habido mucho menos sufrimiento. Tres décadas son muchos años.

¿Existe la posibilidad del perdón y la reconciliación entre las víctimas y los ejecutores de aquella guerra?

Ha habido intentos. Aunque, cuando le ha interesado a determinados Ejecutivos, se ha paralizado el movimiento. Desde mi punto de vista, son los dirigentes políticos los que perturban los panoramas.

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