Trump subestimó la capacidad de resistencia de Irán

El presidente Donald Trump en la Casa Blanca. Foto: Haiyun Jiang | The New York Times

Irán sale fortalecido en el plano narrativo y estratégico, demostrando que puede desafiar a una superpotencia en una guerra asimétrica.

Por Ricardo Guerrero | 8/04/2026

El anuncio de alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, pactado por un período de dos semanas y condicionado a la reapertura del Estrecho de Ormuz, representa una victoria estratégica para Teherán. Lo que comenzó como una agresión militar impulsada por promesas grandilocuentes de cambio de poder ha terminado en una retirada forzada de Washington, que ahora busca una salida digna de una intervención en la que nunca debió involucrarse.

Donald Trump lanzó un discurso agresivo e intervencionista respecto a Irán. Prometió un cambio de poder en el país persa, habló de un avance rápido y hasta insinuó escenarios de desfile triunfal tras una operación similar a la de Venezuela. La realidad ha sido muy distinta. Irán no solo ha resistido los bombardeos conjuntos con Israel, sino que ha demostrado una resiliencia notable y una capacidad de respuesta asimétrica que ha obligado a replantear todos los objetivos iniciales de la administración estadounidense.

Uno de los elementos clave ha sido el uso inteligente que Teherán ha hecho de la energía como arma de política exterior. El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz —vía marítima por la que transita alrededor del 20% del petróleo mundial— generó un impacto inmediato en los mercados globales y en la economía estadounidense. Trump subestimó gravemente las consecuencias de este movimiento. Creía que podía resolverlo con amenazas y una operación quirúrgica rápida, pero Irán ha mantenido el control de la situación y ha puesto sobre la mesa sus propias condiciones, incluyendo un plan de 10 puntos.

Según señala el New York Times, el presidente estadounidense se dejó arrastrar por Benjamin Netanyahu en esta agresión, ignorando advertencias de inteligencia y optando por una decisión basada más en el instinto y en presiones externas que en un análisis frío de costos y beneficios. En su círculo más cercano en la Casa Blanca hubo poca resistencia a esta escalada, con la notable excepción de JD Vance, quien mantuvo una postura abiertamente crítica y expuso los riesgos de involucrarse en otra guerra prolongada en Oriente Medio. Vance, fiel a su línea “America First” y escéptico de las intervenciones extranjeras, advirtió sobre los peligros de un conflicto sin fin claro, aunque finalmente tuvo que alinearse públicamente una vez tomada la decisión.

Trump no valoró adecuadamente el poder disruptivo del cierre de Ormuz ni la capacidad de Irán para sostener una guerra de desgaste. Esperaba un colapso rápido del régimen o, al menos, una rendición humillante. En cambio, Irán ha resistido, ha infligido costos económicos y políticos a sus adversarios y ha logrado que Estados Unidos acepte una pausa en los bombardeos a cambio de la reapertura del estrecho y el inicio de negociaciones en Islamabad.

Ahora, el presidente intenta salir de la mejor manera posible de una guerra de agresión en la que no debería haber entrado nunca. Su credibilidad y su imagen de negociador implacable y “hombre de paz” han quedado visiblemente dañadas. Prometió no repetir los errores de intervenciones pasadas y terminó metido en un conflicto que ha escalado rápidamente, con consecuencias impredecibles para la región y para la economía global.

Irán, por su parte, sale fortalecido en el plano narrativo y estratégico. Ha demostrado que puede desafiar a la superpotencia y a su aliado israelí, usar sus herramientas asimétricas con efectividad y obligar a Washington a negociar bajo presión. Teherán suma, por ahora, una clara victoria estratégica: ha resistido la agresión, ha forzado una desescalada en sus términos y ha preservado su capacidad de disuasión.

Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos en las próximas semanas y si este alto el fuego temporal deriva en un acuerdo más estable o simplemente en una pausa antes de una nueva escalada. Pero la foto actual es inequívoca: Irán ha logrado imponer límites a la ambición estadounidense y ha convertido una operación destinada a doblegarlo en un ejemplo de cómo la resistencia y el uso inteligente del poder pueden revertir las expectativas de un adversario claramente superior militarmente.

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