Trump abandona su ‘America First’ y se empantana en una agresión militar contra Irán

Durante su campaña, Trump se presentó como un líder que pondría fin a las “guerras interminables” y centraría su atención en los problemas internos de Estados Unidos.

Por Víctor Siles | 22/06/2025

Este 22 de junio, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció a través de su red social Truth Social que las fuerzas estadounidenses habían bombardeado tres instalaciones nucleares iraníes: Fordow, Natanz e Isfahán. Este ataque, realizado en apoyo a la campaña de agresión israelí contra Irán, marca un punto de inflexión en la política exterior de Trump y pone en entredicho su lema de campaña, ‘America First’. Lejos de priorizar los intereses internos de Estados Unidos, como prometió durante su campaña, Trump se ha dejado arrastrar por el intervencionismo, involucrando a su país en una nueva agresión militar contra una nación soberana, con el riesgo de desencadenar una escalada bélica de consecuencias impredecibles y potencialmente catastróficas.

Los ataques estadounidenses, que incluyeron el uso de bombas antibúnker de gran potencia como la GBU-57, capaz de destruir instalaciones subterráneas como Fordow, representan una acción coordinada con Israel, que ya había iniciado una ofensiva contra el programa nuclear iraní el 13 de junio. Según Trump, la operación fue un “éxito total”, con todos los aviones regresando sanos y salvos. Sin embargo, el impacto real de estos bombardeos en el programa nuclear iraní es incierto. Aunque las instalaciones de Natanz y otras han sufrido daños significativos, analistas señalan que Irán podría tener emplazamientos secretos y que los ataques podrían incentivar a Teherán a acelerar su programa nuclear en lugar de detenerlo. Irán, por su parte, ha prometido represalias. El líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí, rechazó la exigencia de Trump de una “rendición incondicional” y advirtió que cualquier intervención estadounidense causaría “daños irreparables”. Teherán ha evitado hasta ahora atacar directamente bases estadounidenses, pero ha preparado misiles para posibles contraataques y ha amenazado con cerrar el estrecho de Ormuz, un punto crítico para el comercio mundial de petróleo. Estas amenazas subrayan el riesgo de una escalada regional que podría involucrar a otros actores, como Rusia y China, y desestabilizar aún más el Medio Oriente.

La contradicción de ‘America First’

Durante su campaña, Trump se presentó como un líder que pondría fin a las “guerras interminables” y centraría su atención en los problemas internos de Estados Unidos. Su doctrina de ‘America First’ prometía una política exterior no intervencionista, evitando involucrar al país en conflictos lejanos que no afectaran directamente sus intereses nacionales. Sin embargo, con los ataques a Irán, Trump ha abandonado este principio, sucumbiendo a las presiones de aliados como Israel y de sectores belicistas dentro de su propio partido.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha sido un actor clave en esta escalada. Desde mayo, Netanyahu ha presionado a Trump para que apoye una acción militar contra Irán, desestimando las negociaciones diplomáticas que Estados Unidos e Irán estaban explorando para limitar el programa nuclear iraní. A pesar de que Trump inicialmente mostró interés en un acuerdo negociado, su decisión de aprobar los bombardeos israelíes y luego ordenar ataques estadounidenses revela una inclinación hacia la confrontación militar, contradiciendo su retórica de evitar guerras extranjeras.

Esta decisión también ha generado divisiones dentro del movimiento MAGA y el Partido Republicano. Figuras influyentes como Steve Bannon y Tucker Carlson han criticado la posibilidad de una intervención en Irán, advirtiendo que podría convertirse en “otra Irak” y desgarrar la base de apoyo de Trump. Una encuesta de The Washington Post mostró que el 45% de los estadounidenses se opone a un ataque militar contra Irán, mientras que solo el 25% lo apoya, lo que evidencia la falta de consenso para esta aventura bélica.

Consecuencias del intervencionismo

El ataque a Irán no solo contradice las promesas de Trump, sino que también refleja un retorno al intervencionismo que caracterizó las políticas de administraciones anteriores, como la invasión de Irak en 2003.

Al involucrarse en un conflicto que no representa una amenaza inminente para la seguridad nacional de Estados Unidos, Trump arriesga recursos humanos y económicos que podrían destinarse a resolver problemas internos.

Además, la agresión contra Irán podría tener consecuencias devastadoras. Una escalada bélica en el Medio Oriente podría disparar los precios del petróleo, afectando la economía global y, por ende, a los consumidores estadounidenses. Asimismo, la intervención estadounidense podría tensar las relaciones con aliados árabes del Golfo, como Arabia Saudita, y complicar los planes de Trump para imponer aranceles generalizados o negociar un alto el fuego en Ucrania.

Antes de los ataques israelíes del 13 de junio, Estados Unidos e Irán estaban en la sexta ronda de negociaciones para restaurar el acuerdo nuclear de 2015 (PAIC), del que Trump se retiró en 2018. Aunque las conversaciones estaban lejos de un acuerdo definitivo, había indicios de un posible compromiso, con Irán dispuesto a limitar su enriquecimiento de uranio a cambio de un alivio de las sanciones económicas. La decisión de Israel de atacar, seguida por la intervención estadounidense, ha saboteado estas negociaciones, cerrando una vía diplomática que podría haber evitado el conflicto actual.

La retórica beligerante de Trump hacia Irán dificulta un retorno a la mesa de negociaciones. Incluso si Irán aceptara concesiones tras los ataques, como sugieren algunos analistas, la desconfianza generada por la intervención estadounidense podría hacer inviable cualquier acuerdo a largo plazo.

Un camino peligroso

Con los ataques a las instalaciones nucleares iraníes, Donald Trump ha traicionado su promesa de priorizar los intereses de Estados Unidos y ha abrazado el intervencionismo que criticó durante su campaña. En lugar de centrarse en los desafíos internos del país, ha optado por involucrar a Estados Unidos en un conflicto extranjero que no solo carece de apoyo mayoritario a nivel interno, sino que también amenaza con desencadenar una guerra regional de proporciones catastróficas. La escalada bélica en el Medio Oriente, impulsada por la decisión de Trump de respaldar a Israel y atacar a Irán, pone en riesgo la estabilidad global y demuestra que el lema ‘America First’ no es más que una consigna vacía frente a las presiones del establishment belicista. El futuro de esta crisis dependerá de si Trump opta por la moderación o continúa por el camino de la confrontación, pero las consecuencias de sus acciones ya están provocando reacciones dentro de su base electoral.

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