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Vox tomó el caso como bandera. Fabricó bulos, difundió vídeos falsos, publicó fotos de menores magrebíes acusándolos sin pruebas.
Por Isabel Ginés | 17/07/2025
El 10 de julio de 2025, un hombre de 68 años llamado Domingo fue agredido por varios jóvenes en Torre Pacheco. Un hecho grave, condenable, que merece justicia. Pero la justicia fue lo primero que desapareció. Antes de que la Guardia Civil confirmara la identidad de los agresores, antes de que hubiera pruebas, antes de que se conocieran los hechos, la ultraderecha ya había decidido quiénes eran los culpables: los inmigrantes.
A partir de ese momento, Torre Pacheco se convirtió en el centro de una operación política organizada por la extrema derecha. Vox tomó el caso como bandera. Fabricó bulos, difundió vídeos falsos, publicó fotos de menores magrebíes acusándolos sin pruebas. El presidente del partido en Murcia, José Ángel Antelo, prometió “deportar a todos”, aunque no hubiera condena judicial ni pruebas, porque para ellos la verdad es secundaria. La estrategia es el miedo.
Esa misma noche, y durante los días siguientes, decenas de ultras y grupos neonazis llegaron a Torre Pacheco en coche desde otros puntos del país. Iban organizados. Iban a cazar. Llevaban palos, cuchillos, pasamontañas y una consigna: “esta noche vamos a jugar”. Algunos se grabaron patrullando, agrediendo, insultando. Otros arrancaron el pañuelo a dos adolescentes musulmanas en un supermercado. Un niño fue linchado en plena calle. Luego se supo que era español. Pero ya era tarde. El daño estaba hecho. La mentira ya había prendido.
El alcalde pidió más policía. El gobierno mandó antidisturbios. La Delegación del Gobierno confirmó que se reforzó la presencia de la Guardia Civil y que se interceptaron 20 coches con armas blancas, bates y defensas extensibles. Pero nadie habló de lo esencial: aquí no se trataba de seguridad, se trataba de ideología. Se trataba de fascismo.
Vox, con sus discursos, y ciertos medios, con su cobertura deliberadamente xenófoba, las redes sociales donde la ultraderecha gana terreno, han construido una cultura del odio que hoy ya no necesita esconderse. Ser facha y nazi sale barato. No es la primera vez. No será la última. Hay que ser claros, contundentes y no equidistantes.
Pero hay más: en septiembre de 2024, también en Torre Pacheco, un empresario fue detenido por violar, abusar y acosar a cinco mujeres migrantes en situación irregular. Las chantajeaba con el despido, se aprovechaba de que no hablaban bien el idioma, de que no podían denunciar. Entonces no hubo disturbios. No hubo manifestaciones. No hubo coches con banderas. Porque a los fascistas no les importa la justicia: les importa el poder. Y para eso necesitan un enemigo débil.
Como escribió Hannah Arendt, “el primer paso para el totalitarismo no es la violencia: es la construcción de una realidad paralela donde la verdad ya no importa.” Eso es exactamente lo que estamos viendo. Una guerra cultural donde la racionalidad ha sido sustituida por el resentimiento, y la ley por la venganza.
Y mientras tanto, los discursos de odio se cuelan en los bares, en las aulas, en los grupos de WhatsApp, en las instituciones, en los platós. La cacería no es solo física. Es simbólica. Es mediática. Es política. Torre Pacheco ha sido el campo de pruebas. Mañana puede ser cualquier otro lugar.
Nadie debería mirar hacia otro lado
Lo que está ocurriendo en Torre Pacheco no es un conflicto local. Es una advertencia nacional. Es la prueba de que el fascismo no llega de golpe. Llega poco a poco, disfrazado de preocupación vecinal, de debate migratorio, de “sentido común”. Llega cuando se permite, cuando se tolera, cuando se blanquea. Y ya está aquí.
Las agresiones a inmigrantes son terrorismo. Los linchamientos a menores son terrorismo. Las amenazas con machetes en grupos de Telegram son terrorismo. Y Vox es el altavoz político de ese terrorismo.
Urge ilegalizar a las organizaciones fascistas que promueven el odio. Urge desenmascarar a quienes desde los medios y los partidos les dan cobertura. Urge dejar de llamar “radicales” a los que luchan contra esto. El radicalismo real es linchar a un niño y que medio país lo justifique.
No hay equidistancia posible. No se puede ser neutral ante quienes quieren exterminar al diferente. Como escribió Martha Nussbaum: “Una sociedad que tolera la humillación, termina normalizando el crimen.”
Torre Pacheco ha mostrado el rostro del fascismo en España: impune, organizado y socialmente aceptado. Y si no reaccionamos ya, habremos cruzado un punto de no retorno.
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