Televisión | Crónica de una muerte prolongada: One Piece

 

La epopeya más célebre y larga del siglo XXI, lleva ya la friolera de 820 episodios, o lo que es lo mismo, con este, llevará en emisión 19 años ininterrumpidos. La práctica mayoría de los nacidos en las décadas de los 80 y los 90 se han criado viendo esta serie, aunque la mayoría haya abandonado su visionado hace ya algunos años.

Imagen de la serie en temporadas actuales

One Piece es un anime (o serie animada japonesa) que narra una historia de piratas; este sería quizás el resumen más bruto que puede hacerse, puesto que de ser sólo una historia de piratas a la vieja usanza, lo más seguro es que no llevase casi dos décadas entusiasmando a jóvenes y ya no tan jóvenes. La historia se centra en un mundo ficticio en medio del mar en el que no existen grandes superficies de tierra, sino que son todo islas. Luffy, el protagonista principal y toda su tripulación están dispuestos a llegar al final del mundo conocido, la isla de Raftel donde Gold D. Roger, el Rey de los Piratas, escondió su tesoro, entendiéndose que quien se hiciera con él heredaría su título, en una asociación similar a la de el Rey Arturo y Excalibur.

Esta no es la única inspiración en relación con el mundo occidental, y es que quizás es el peso cultural europeo-americano lo que consiguió que la serie tuviese fans por todo el mundo, ya que la serie presenta mundos inspirados en civilizaciones, ciudades y personajes reales y ficticios lejos del Lejano Oriente tales como: La Atlántida, Venecia, Medio Oriente, Jim Carrey, Jimmy Hendrix, Don Quijote, Moby Dick, Drácula, Rudolph (el reno de la nariz roja de Papá Noel), Frank (el científico travesti de Rocky Horror Picture Show), Edward Teach (Barbanegra), y un larguísimo etcétera de personajes y lugares inspirados totalmente, en aspecto, en matices, o en más de una referencia a la vez.

Algunos de los personajes inspirados sólo en aspecto (Taringa)

Pero más allá del enfoque occidental, tanto el manga como el anime beben de la propia cultura japonesa desde los inicios, siendo Luffy una inspiración de Goku (el protagonista de Dragon Ball) en carácter, aspecto físico y hasta en el apetito sobrenatural. A lo largo de la serie se hace referencia a conceptos budistas, hinduistas y sintoistas tales como la técnica “Asura” de Zoro, que consiste en luchar como un demonio de tres cuerpos sin que ello suponga una corrupción de ningún tipo, puesto que en Oriente los demonios son entes poderosos, pero no necesariamente malignos y destructivos. La propia comida, el lenguaje de los personajes, los comportamientos o las referencias son fruto de su país de origen, y evidentemente ello se nota tanto en la serie como en los mangas, aunque se junto con Death Note uno de los animes más transversales para el público que no sea experto en el país nipón. Sin embargo y aunque la serie se conserva con fans por todo el mundo, el que lleve tantísimo recorrido ha ido desesperando a la mayoría de su público occidental, no así a los japoneses, quienes cada día ganan más cariño y más ganas a la serie y con el paso del tiempo se la recomiendan a sus hermanos e incluso a sus hijos.

Ese es el gran problema de One Piece, que la intensidad de la serie no ha bajado en 19 años, sino que como si fuese la música de una rave, la historia sólo ha ido hacia arriba, con más coloridos y sin indicios de fin. Así pues muchos espectadores se han visto delante de un plato de algo delicioso que no se podían terminar, y han optado por desistir de él. Y es que en las series de tan largo recorrido el público siempre se divide en dos: los que ven por inercia como una costumbre y tienen puntos álgidos en su disfrute, y los que acaban renunciando a verla por “ser pesada”, “mainstream”, o creerse insorprendibles. Esto mismo ha pasado con series como Los Simpsons, aunque estos han durado más dado que no sólo se emitían por Internet como los animes, sino que también en la televisión a un horario fijo durante 20 años, hasta que los directivos de Antena 3 decidieron cambiar eso para difundir un poquito más de odio sobre la cuestión catalana.

El propio Eiichiro Oda, creador de One Piece, anunciaba en 2012 que el manga llevaría un 65% de la historia ya contada, el anime alcanzó al manga de 2012 allá por verano de 2016, pero las cuentas nos reflejan que la historia avanza un 2,3% cada año, por lo que aún nos quedarían 26 años de no darse un acelerón sin relleno (aunque el peso del relleno, o capítulos que no ofrecen trama relevante, no es muy grande en la serie). Cuando nació, la serie tenía un objetivo: superar en episodios a Dragon Ball, la serie de referencia para su autor, que contaba con 508 episodios (aunque ahora ha vuelto a la carga con Dragon Ball Super y se acerca a los 630).

 

Imagen conmemorativa del empate de audiencia en Japón entre One Piece y Dragon Ball Super (HobbyConsolas)

Como se apuntaba antes, el manga tuvo un fuerte calado en la últimas décadas del siglo XX y la primera del XXI, la nueva corriente juvenil que nació a la estela de Neo Genesis Evangelion, Rurouni Kenshin o la propia Dragon Ball, convirtiéndose en la edad de plata del manga y el anime. Pero aunque cada año se celebran incontables salones de manga y cultura japonesa por todos los rincones del mundo, y siguen existiendo series de gran calidad como Shingeki no Kiojin, el público de hoy no es tan mayoritario como hace unos años y el anime no tiene tanta presencia fuera de Japón. La serie que mejor supo ver esto y consiguió reenganchar a todo su público a cuenta de un final largo pero seguro fue Naruto, la otra celebérrima serie entre seguidores y profanos del anime en la primera década del siglo XXI, terminó en marzo del año pasado tras 15 años de emisión con una temporada de acción continua y por todo lo alto, que si bien resultaba larga, no se hizo eterna ante la promesa del fin cercano y definitivo.

Y es que los espectadores actuales no somos iguales ahora que hace 20 años. La industria audiovisual nos llega a borbotones desde cualquier país, en cualquier formato y cada día los géneros se reinventan o nosotros nos adaptamos a ellos. Así que es difícil prestar la misma atención durante 19 años a un producto que se ha mantenido con una idiosincrasia propia. Ver todos los capítulos de One Piece, es como escuchar todos los discos de AC/DC, algo que entusiasma a un gran número de seguidores, pero que no es normal en el común de los mortales. Y si se da el caso, muy pocos hacen un segundo revisionado de la serie, porque la misma avanza a un ritmo que no lo permite.

Sin embargo a favor y en contra de One Piece hay un doble filo, y ese es el buen rollo que transmite; el mensaje de la serie no ha cambiado durante todos estos años, se basa en la persecución de los sueños, en el valor de la amistad y en el deseo de vivir aventuras por encima de todo. Eso puede suponer que muchos espectadores tras un par de temporadas vean One Piece como un entretenimiento “paulocoehlista” para niños que no tiene nada nuevo que ofrecerles ya que en la serie los buenos siempre acaban ganando y los malos pierden varias veces a ser posible argumentalmente. Incluso los mismos fans pasan muchas veces por ese postulado, pero una vez pasa ese “examen de fe”, suelen volver a ver la serie por donde se habían quedado porque les supone un universo enorme e imaginativo y un descanso y bienestar anímico que rompen absolutamente con la rutina diaria.

Aunque, por otro lado, se le pueden reprochar un par de cosas a One Piece, como la hipersexualización que tienen sus personajes femeninos, que tras cada temporada tienen los pechos más desmesurados. Pero en fin, la hipersexualización de la mujer en la cultura japonesa tendrá que tratarse en otro artículo, porque esa sí que es una historia larga.

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