Tal día como hoy, más de 3000 republicanos eran asesinados en la masacre de la carretera Málaga-Almería

La masacre de la carretera Málaga-Almería fue un brutal ataque a civiles por parte del bando sublevado que dejó más de 3000 muertos

Conocida popularmente como «La Desbandá», la masacre de la carretera Málaga-Almería fue un brutal ataque a civiles por parte del bando sublevado ocurrido durante la Guerra Civil Española, el 8 de febrero de 1937, tras la entrada en Málaga de las tropas franquistas. La masacre constituyó el episodio más cruento de la Guerra Civil en Málaga y uno de los peores de todo el conflicto.

Durante la II República, Málaga se había caracterizado por la fuerza del movimiento obrero, en especial de la CNT y del Partido Comunista de España, que en las elecciones de febrero de 1936 había conseguido el primer diputado de su historia por esta provincia: Cayetano Bolívar. Bolivar fue nombrado comisario delegado de Guerra en el sector de Málaga el 28 de noviembre de 1936 tras el estallido de la Guerra Civil.

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Tras el levantamiento militar del 18 de julio de 1936 contra la República, la ciudad de Málaga y gran parte de su provincia quedaron bajo control republicano debido a la acción de las milicias obreras que consiguieron sofocar el golpe. Durante los primeros meses de guerra, Málaga estuvo prácticamente aislada del resto del territorio de la República ya que la única vía terrestre que la enlazaba y que no estaba en poder de los sublevados era la carretera de Almería, la cual era vulnerable al bombardeo marítimo y dificultaba el envío de soldados y provisiones a la provincia.

De hecho, esta carretera se encontraba cortada a principios de 1937 por unas inundaciones acaecidas en Motril. Por ello las autoridades de Málaga actuaron en muchas ocasiones al margen de las decisiones del gobierno republicano. En enero de 1937 los mandos republicanos tienen la certeza de que Málaga es una plaza perdida, y dieron órdenes de evacuar la ciudad.

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La masacre de la carretera Málaga-Almería

Ante los primeros movimientos franquistas hacia Málaga, en la capital cundió el pánico ante la represión, por lo que muchos civiles y milicianos optaron por huir por la carretera de Almería. Se calcula que fueron decenas de miles los que intentaron huir, aunque el camino era extremadamente difícil tanto por los bombardeos como por el hecho de que la carretera se encontraba en pésimas condiciones a la altura de Motril. Los civiles fueron atacados por mar y aire causando la muerte a entre 3000 y 5000 civiles.

Participaron en el bombardeo, además de la fuerza aérea franquista, los buques Canarias, Baleares y Almirante Cervera, así como los tanques y la artillería rebeldes. La escuadrilla aérea España, fiel a la República, trató de defender a los huidos con poco éxito. La mayoría de pueblos en el camino hacia Almería no ayudaron a los fugitivos ante el miedo a las represalias posteriores por parte de los sublevados, que continuaban avanzando.

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Los que se quedaron también fueron asesinados

Los cálculos sobre la cantidad de huidos de Málaga son confusos y difíciles. Se calcula que fueron entre 15 000 y 150 000. La acción del ejército franquista sobre los huidos por la carretera de Almería provocó entre 3000 y 5000 muertos, la mayoría civiles.

Igualmente, la represión sobre aquellos que habían permanecido en la ciudad fue la más brutal desde la Masacre de Badajoz, en agosto de 1936. El historiador Hugh Thomas calcula en unos 8000 el número de fusilados y enterrados en fosas comunes como las del cementerio de San Rafael, de los que ya se ha obtenido el nombre de 6100.

El testimonio de Thomas Cuthbert Worsley

Paul Preston recogía en su libro El holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y después el testimonio del escritor Thomas Cuthbert Worsley, plasmado en su propio libro Behind the Battle, quien hizo de conductor del médico canadiense Norman Bethune y de su ayudante Hazen Size:

La carretera seguía llena de refugiados, y cuanto más avanzábamos peor era su situación. Algunos tenían zapatos de goma, pero la mayoría llevaba los pies vendados con harapos, muchos iban descalzos y casi todos sangraban. Componían una fila de 150 kilómetros de gente desesperada, hambrienta, extenuada, como un río que no daba muestras de disminuir… Decidimos subir a los niños al camión, y al instante nos convertimos en el centro de atención de una muchedumbre enloquecida que gritaba, rogaba y suplicaba ante tan milagrosa aparición. La escena era sobrecogedora: las mujeres vociferaban mientras sostenían en alto a los bebés desnudos, suplicando, gritando y sollozando de gratitud o decepción.

Cuthbert Worsley pasó tres y días y tres noches junto a Bethune y Size haciendo viajes de ida y vuelta para rescatar a todos los que pudieron de los que huían.

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