La crisis entre la antigua facción vinculada a Debretsion y el gobierno provisional encabezado por Getachew Reda parece haber llegado al punto de no retorno.
Quedaron, además, otras víctimas invisibles del conflicto de Tigray, las mujeres que fueron utilizadas como arma de guerra, y que se estima pudieron ser 120.000 las que fueron violadas, muchas de ellas mutiladas.
Las Fano, ahora unificadas, han incrementado significativamente su ritmo de ataques contra la Fuerza de Defensa Nacional de Etiopía (ENDF) en toda la región de Amhara.
Casi dos años después del fin de la guerra, un millón de personas siguen hacinando los campamentos de desplazados internos de la región, cuyas condiciones higiénicas, sociales y humanitarias han superado todos los niveles de tolerancia humana.
A principios de mayo el gobierno etíope se embarcó en una fase clave de un proceso de diálogo nacional destinado a curar o sanar las mil heridas que están desestabilizando su propia arquitectura.
La estrategia de Isaias Afwerki ahora parece clara: la anexión de zonas enteras de Tigray, como amortiguador en las fronteras y para debilitar aún más la administración provisional de Tigray.