Una parte de mí siempre ha estado conectada a esas realidades invisibles que no suelen ocupar portadas. Así que cuando supe lo que estaba ocurriendo en Tigray, sentí una responsabilidad profunda.
El intercambio de acusaciones y la creciente animosidad entre los gobiernos de Etiopía y Tigray aumentan el temor a una reanudación de las hostilidades entre el ejército y las Fuerzas de Autodefensa de Tigray (TDF).
A pesar de la gravedad de lo ocurrido, Tigray sigue siendo un conflicto olvidado. Mientras la atención mediática se centra en Ucrania o Gaza, líderes religiosos y humanitarios suplican que la comunidad internacional no abandone a Etiopía.
Tigray necesita sanar. Necesita reformas, diálogo y democracia, no como lemas, sino como práctica cotidiana. La independencia debe ser el resultado de esta transformación, no un atajo.
Las mujeres han sido utilizadas como moneda de cambio, como armas de ataque contra el enemigo, como armas de guerra; un suceso trágico e inhumano que, por desgracia, es común en los conflictos de todo el mundo.
Un encuentro largamente esperado entre las personas desplazadas presentes en los campos de desplazados internos y las familias que permanecen en estado de suspensión desde 2020.